Paparazzi, ¡un respeto!

Paparazzi, ¡un respeto!

Invadir la intimidad de los famosos tiene un precio. A la revista 'Closer' le han multado con cien mil euros por las imágenes de Kate Middleton en toples. «Les ha salido rentable», dice el fotógrafo Diego Arrabal, que pilló a Lady Di desnuda en 1994

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Aquella fatídica noche del 31 de agosto de 1997, los primeros en llegar al lugar del siniestro fueron los paparazzi. Debajo del Puente del Alma de París, sus flashes iluminaban la agonía de Diana Spencer y de su pareja, el magnate egipcio Dodi Al Fayet. Aunque esas fotografías no llegaron a publicarse, tres de ellos fueron juzgados por perturbar al conductor del Mercedes negro en el que viajaba la princesa y por violación de la privacidad y la intimidad. Fueron absueltos por los tribunales pero, a partir de entonces, el nivel de acoso que el colectivo de estos sabuesos de la imagen ejercían sobre los famosos comenzó a ser muy cuestionado y un poco limitado. Veinte años después de la muerte de Diana, sus hijos y su nuera Kate Middleton, que ella no llegó a conocer, siguen siendo objeto de los fotógrafos indiscretos.

¿Podría decirse que la muerte de Lady Di fue el acontecimiento que propició un cambio en la relación de los paparazzi con los famosos? ¿Hay menos acoso y más respeto a la intimidad de las celebrities? «Para nada», responde Pilar Vidal, directora de la revista 'Corazón Tve'. «Desde mi punto de vista nada ha cambiado. A día de hoy, los paparazzi me siguen ofreciendo fotos que invaden la intimidad de los famosos y que, justamente por eso, yo no puedo comprar. Porque su publicación es inviable, pues los famosos nos pondrían una súper demanda. Es decir, el límite lo estamos poniendo los medios, pero los fotógrafos sieguen haciendo lo de siempre. Siguen disfrazándose, haciendo persecuciones, colándose en los restaurantes o en los hoteles. Y los famosos siguen estallando contra ellos», explica.

Carmen Sánchez Pérez, directora adjunta de la revista '¡Hola!', opina lo contrario. «Pienso que las cosas han cambiado después de la muerte de Diana. Hasta ese momento los paparazzi eran unos cazadores que prácticamente no tenían límites. Además, en estos años también ha habido un avance jurídico: se reforzó la protección de la intimidad y del honor. El estatuto del menor, por ejemplo, estableció que en las revistas había que pixelar el rostro de los niños. Y luego los famosos comenzaron a denunciar a los paparazzi por acoso y algunos les dieron la razón. También es verdad que Diana era objeto de una persecución excesiva. Pero, mira, veinte años después, creo que si ella pusiera una denuncia por acoso a los paparazzi, seguramente ganaría».

Precisamente esta misma semana un tribunal francés ha condenado a la revista 'Closer' a pagar 100.000 euros a los duques de Cambridge por haber publicado unas fotos de Kate Middleton en toples. Las imágenes fueron captadas en 2012, cuando los duques estaban de vacaciones y tomaban el sol en una piscina privada del sur de Francia. La revista publicó cinco páginas de fotografías, lo que motivó el inusual movimiento legal de la familia real británica. Durante el juicio, los abogados de 'Closer' argumentaron que las imágenes eran de interés público y transmitían una «imagen positiva» de la realeza. Las fotos fueron posteriormente difundidas por otras publicaciones europeas, como 'Chi', en Italia, o 'Daily Star', de Irlanda. El tribunal también ha ordenado a la revista que entregue los archivos con las imágenes a la pareja real, que inicialmente había solicitado 1,5 millones de euros de indemnización.

En España, la directora de 'Corazón Tve' opina que es mejor no arriesgarse a publicar fotografías de ese tipo. «Si uno sabe de antemano que es probable recibir una demanda, es mejor no hacerlo. Ni siquiera si consideramos que aumentarían nuestras ventas. La multa puede ser muy elevada y es probable, incluso, que provoque el cierre de la publicación», dice Pilar Vidal, que subraya que 'Corazón Tve' es una de las revistas que más en contacto está con el gabinete jurídico de la empresa «para que nos proporcionen su punto de vista legal y, de esta manera, nos eviten cometer errores. Las normas del derecho a la intimidad, el honor y la imagen son cada vez más estrictas y hay que tener cuidado». En la revista '¡Hola!', dice Carmen Sánchez, «es algo que nosotros ni siquiera nos planteamos. Somos muy respetuosos con los personajes que aparecen en nuestra revista y, además, nuestros lectores también lo son y sabemos que esperan lo mismo de nosotros. 'Hola' no alimenta el morbo, no es nuestro estilo. Solemos comprar fotoreportajes completos y si en ellos nos encontramos alguna foto muy indiscreta, la hacemos a un lado y publicamos las demás», detalla la hija del mítico director de 'Hola', Eduardo Sánchez Junco, y nieta de su fundador Antonio Sánchez.

Famosos 'versus' paparazzi

Hace mucho que, en general, el periodismo del corazón se desmarcó de la prensa amena, divertida, blanca y ligera para dar cabida a a la mercantilización de los sentimientos, la intimidad y el pasado menos lustroso de varios famosos. Esto ha propiciado cierta tensión entre personajes públicos y periodistas. No sólo del mundo del espectáculo. En el verano de 2004, por ejemplo, José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que mandar un burofax expresando su profundo malestar a la dirección de la revista 'Diez Minutos', que publicó un reportaje de sus primeras vacaciones familiares como presidente en el que eran identificables los rostros de sus dos hijas, entonces menores de edad, lo que vulneró su derecho a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de los menores.

«En este enfrentamiento, los periodistas se escudan en el artículo 20 de la Constitución, el derecho a informar, pero en muchos casos se han saltado los derechos inherentes a la persona expuestos en los artículos 14 y 18 de la Carta Magna. Por otra parte, quienes protagonizan portadas y programas manejan su ética y moral según les conviene. Se amparan en sus derechos cuando les viene bien y los omiten a cambio de un beneficio económico. O demandan y, aprovechando la lentitud de la justicia, van desahogándose y mostrándose como víctimas en un plató de televisión, «previo pago», especifica Laura Soto Vidal, investigadora de Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

En 2008, el Tribunal Supremo condenó a la revista 'Sorpresa' a indemnizar la actriz y presentadora Ana Obregón con 30.000 euros «por los daños y perjuicios ocasionador por un fotoreportaje en el que Obregón aparecía manteniendo relaciones sexuales en el interior de un coche con el actor Micky Molina, publicado en diciembre de 2001, pues ese tipo de actos no corresponde al interés público». En cambio, en Estados Unidos, Arnold Scwarzenegger perdió el juicio por acoso de unos fotógrafos que lo retrataron cuando fue a recoger a sus hijos al colegio. Luego, al ser gobernador de California, el actor promulgó una ley en la que se condena a los paparazzi a pagar a quien denuncie sus persecuciones el triple de lo que cobran por sus fotografías. Actrices como Lindsay Lohan o Scarlett Johansson realizaron una denuncia de este tipo pero ninguna prosperó.

Después de la muerte de Diana la intromisión en la intimidad no se ha erradicado por completo. Incluso sus hijos, Guillermo y Enrique, han sido sorprendidos por los flashes indiscretos al salir de una fiesta. Hace unos años era común ver fotos de la cantante Britney Spears y de la socialité Paris Hilton durante sus juergas. O a personajes como Kate Moss esnifando cocaína. El entonces marido de Estefanía de Mónaco, Daniel Ducruet, fue fotografiado y grabado mientras mantenía relaciones sexuales con una bailarina belga en la terraza de un lujoso chalet de la Costa Azul. La canciller alemana Angela Merkel fue retratada en traje de baño en una playa de Italia y el sensacionalista 'The Sun' la puso en una de sus portadas bajo el titular 'Soy grande en el Bundestag', haciendo alusión al tamaño de su trasero y comparándolo con el del parlamento alemán.

Los 'revientaexclusivas'

Antes la imagen de los famosos la gestionaban los medios de información, pero ahora son ellos los que administran su 'marca personal' utilizando herramientas tecnológicas como Instagram, Twitter o Facebook y, de esta manera, 'revientan' las exclusivas de los paparazzi.

Hace unos años, cuando Belén Esteban se fue de vacaciones a Punta Cana (República Dominicana) se dio cuenta de que había teleobjetivos rondándola en la playa. Entonces le pidió a una amiga que le hiciera unas fotos con el móvil y enseguida las difundió a través de sus redes sociales virtuales. Anne Hathaway hizo lo mismo en el verano de 2015, cuando descubrió a los paparazzi que la acechaban desde cierta distancia en la playa con la intención de fotografiar su avanzado embarazo. Se hizo una foto y la colgó en Instagram para arruinarles su trabajo. O siguen optando por denunciarlos, como hizo el pasado mes de agosto el cante Miguel Bosé, que le contó a la Policía Nacional que unos desconocidos le exigían 60.000 dólares a cambio de no publicar unos fotos en donde aparecían él y sus hijos durante su visita a Disneylandia.

Iker Casillas y Sara Carbonero, Sergio Ramos y Pilar Rubio, David Bustamente y Paula Echevarría (cuando estaban juntos o ahora separados), Mario Casas, David Bisbal, Alejandro Sanz y muchas otras celebrities son muy activos en Instagram. Además, hoy los móviles inteligentes tienen una cámara integrada y cualquier fan puede captar imágenes de quien admira si se lo topa en algún lugar público y luego colgarlas en sus redes sociales. Así que este factor también ha contribuido a que ahora los enjambres de fotógrafos sean más reducidos en ciudades como Marbella, Ibiza, París, Madrid o Barcelona, y que ya estén sólo a la caza de un beso, el primer paseo de una pareja, un vientre abultado, una relación secreta. Es decir: algo más concreto y no tan cotidiano.

Desde la expectación que generó su compromiso y su boda ('La boda del siglo'), Diana se convirtió en el centro de todas las miradas y millones de personas en todo el mundo esperaban más capítulos de su cuento de hadas. Perseguida como si fuera una estrella de rock, abrió la brecha de la «era de las celebrities» y fue objeto de persecuciones masivas de la prensa y del fanatismo de la gente. Mujer natural, de gestos sencillos, cercana a la gente antes de ser 'la princesa del pueblo', la exprofesora de guardería se convirtió más tarde en 'la reina de corazones'. Por eso no pudo escapar de los flashes y, con ello, se desató la 'Dianamanía'.

En 1994, el fotógrafo español Diego Arrabal la captó con los pechos al aire en Málaga. Y, aunque esa instantánea no llegó a publicarse (después de adquirirla, la revista '¡Hola!' prefirió no hacerlo), el fotoreportaje de aquellas vacaciones en la costa española se vendió por más de un millón de euros. En un momento determinado, Arrabal pudo ubicarse muy cerca de la princesa que, en albornoz, hablaba por teléfono en la terraza de su habitación de hotel. «Yo tenía un objetivo muy grande y, como estábamos tan cerca, no pude fotografiarla y tuve que esperar a que me trajeran otro».

- ¿Y si hubiese tenido el objetivo adecuado, ¿habría hecho la foto de diana desnuda?

- Supongo que sí. No sé si luego publicarían la foto, pero yo como paparazzi tengo que inmortalizar todo lo que veo. Además, para los fotógrafos, Diana era la diosa Midas. Hubo quien se hizo millonario vendiendo fotos de ella. Era la princesa de la prensa.

En el documental realizado por la BBC para conmemorar el 20 aniversario del fallecimiento de la figura más popular de la familia real británica, el príncipe Enrique se refirió al papel que jugaron los paparazzi en la muerte de su madre, cuando él tenía 12 años edad. «Una de las cosas más difíciles de entender es el hecho de que las personas que la persiguieron en el túnel fueron las mismas que estaban fotografiándola cuando se estaba muriendo atrapada en el coche. A Guillermo y a mí nos lo han dicho personas que saben que así sucedió. Ella tenía una lesión muy fuerte en la cabeza pero seguía viva en el asiento y, al mismo tiempo, las personas que causaron el accidente, en vez de ayudar, estaban haciendo fotografías».

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