Los colosales edificios que vamos a ver en toda España en poco tiempo

Los colosales edificios que vamos a ver en toda España en poco tiempo

Grandes capitales del mundo compiten por tener los rascacielos de madera más altos. La moda también llega a España. «Los constructores se están reinventando»

ANTONIO CORBILLÓN

Cuando el ser humano abandonó las cuevas y decidió construirse su propia morada, la madera fue su primer recurso. Y así se mantuvo hasta finales del siglo XIX, a pesar de pagar su tributo al fuego. Desde la Roma de Nerón (año 64 d. C.) a Tokio (1657), Londres (1666)... y después San Francisco o Chicago, no ha habido gran ciudad que no sucumbiera a las llamas. Hace tres años, el fuego también devoró 3.000 viviendas y 15 vidas en 12 barrios de Valparaíso (Chile).

Un pasado para aprender que no impedirá que el siglo XXI sea el del regreso a la madera como cobijo. Dará el relevo a la imagen de los rascacielos de hormigón y acero que convirtieron Nueva York en el icono de la modernidad hace cien años. También a las actuales estructuras futuristas de acero y cristal de las urbes asiáticas. Pensadas para generar el menor consumo posible. Pero no lo bastante. Hoy, las necesidades climáticas y el ahorro energético alumbran una nueva carrera: estructuras de madera que desafían la ley de la verticalidad.

Vancouver (Canadá) presume de haber inaugurado hace unos meses el inmueble de estructura en madera más alto del mundo, una residencia estudiantil de 18 plantas y 53 metros de altura. Se levantó en tiempo récord, apenas 66 días. Pero, con los proyectos que van saliendo a la luz, le durará poco. Ámsterdam ha comenzado este otoño a construir el Hault, un rascacielos de 21 plantas y 75 metros. La torre Trätoppen de Estocolmo tendrá 40 plantas y alcanzará los 133 metros. Michael Green, conocido como 'el flautista de los rascacielos de madera' (autor del proyecto de Vancouver) ha propuesto a París el edificio Baobab, 35 alturas que coronaría un complejo de seis bloques. Pero Londres redobla la apuesta y proyecta un gigante de 80 pisos y 300 metros de altura, donde se ubicarán mil apartamentos con vistas al Támesis. Su promotor, el Departamento de Arquitectura de la Universidad de Cambridge, anuncia un 'gemelo' en Chicago.

Ningún clima o geografía está descartado. Desde Viena (edificio Hoho, 60 metros de altura) a Melbourne (torre Forté, 32 metros) o Burdeos (Hyperion, 18 plantas), la arquitectura natural llama a las puertas de un mundo cada vez más concentrado en grandes urbes que reclaman 'pulmones' naturales para achicar la contaminación que se genera. Los expertos calculan que el trabajo de absorción de CO2 (dióxido de carbono) de las maderas contenidas en la gran mole de la torre de Vancouver equivaldrán a la retirada de 500 coches de la circulación cada año.

«La madera es como el cerdo. Se aprovecha todo», resume de forma gráfica el director ejecutivo de la Sociedad Española de la Madera (Maderia), José María Rincón. Desde organizaciones como la suya se coordina todo el proceso de gestión de este material noble. De las plantaciones de bosques sostenibles, a la investigación para la fabricación y el montaje de estructuras, o la mejora constante de la eficiencia. Toda una cadena de ventajas que no parecen tener fin. «En realidad no estamos inventando nada. No todas las especies son aptas, pero la mayoría de las autóctonas son válidas para fabricar estructuras laminadas muy optimizadas (contrachapados). Con menor peso que el cemento, se comportan mejor en posibles torsiones o siniestros. Y son el mejor aislante», resume Rincón.

La siguiente pregunta surge desde la ignorancia. ¿También en caso de incendio? Desde su estudio Arquitectura Trass, Ramón Llobera se ha especializado en proyectos sostenibles. De su equipo es el proyecto de seis plantas que situó a Lérida en 2013 a la cabeza en España en esa carrera hacia el cielo de las edificaciones naturales y sostenibles.

«Todos los materiales se queman, pero a velocidades distintas», explica este arquitecto. «Las gruesas capas de láminas de estas estructuras hacen mucha más lenta y previsible cualquier combustión en caso de siniestro. Si pregunta a los bomberos dónde quieren trabajar le dirán siempre que en un inmueble de madera. Sabes exactamente cuándo va a colapsar. Con el hormigón es imprevisible».

Como viene siendo habitual en toda modernidad, España llega tarde. Pero también se empiezan a hacer los primeros 'pinitos' en construcción vertical en madera. Dominada por el monocultivo del hormigón, la Península ha enladrillado su territorio durante décadas. Tardaremos muchos años en acabar de pagar las diferentes y acumulativas facturas de tanto despilfarro. El peaje del coste medioambiental de tanto suelo colmatado de asfaltos y cementos nunca acabará de liquidarse.

Hace 16 años, cuando una gran parte del sector constructor patrio se entregó a la 'orgía del boom', el empresario Pere Linares se marchó a Finlandia y se quedó fascinado con sus proyectos con materiales naturales. Decidió copiar el método. Ahora dirige House Habitat, empresa pionera en la construcción sostenible. Además de proyectos a la carta, en su cartera ya se han atrevido con varios inmuebles como el edificio de cinco alturas de madera que inauguraron en el barrio barcelonés de Gracia. Recién llegados de una gran feria del sector en París, su socio, Jaime Llamas, reconoce que «cuando cruzas la frontera te das cuenta de la enorme ventaja que nos llevan por ahí fuera».

En España todavía cuesta aceptar estas expectativas. «Lanzas el proyecto a los promotores pero muchos no dan el paso por miedo a no venderlo», lamenta el arquitecto Llobera, que percibe el temor y la desconfianza general a que «no sean inmuebles para toda la vida, cuando está confirmado que su duración y ventajas son aún mejores».

Porque no se trata de cualquier madera. El nuevo rival del cemento son paneles de madera laminada (CTL), compuestos por hasta siete capas de fibras pegadas y apiladas en diferentes angulaciones para aumentar su resistencia y retardar cualquier efecto destructor.

Ya no se colocan primeras piedras, sino primeras maderas. Detrás viene un proceso tan medido que acabará imponiendo sus costes. «Encofrado, apuntalamiento, plazos de secado... te ahorras todo eso y logras subir plantas enteras con tornillería en un día. Es como montar un mecano», resume Ramón Llobera. «Eso es porque no trabajamos con el 'más o menos' tradicional. Hacemos todo al milímetro», completa desde House Habitat Jaime Llamas.

Para rematar sus bondades, todos los expertos consultados insisten en que este material noble hace algo más que ayudar al medio ambiente. «Está demostrado que la polaridad de la madera influye en una conducta más amable entre los humanos que la habitan», insiste José María Rincón desde Maderia.

Pero hay un argumento legal que apuntalará aún más a la madera. La normativa europea que exigirá a partir de 2020 edificios de autosuficiencia energética. «Falta cultura de la madera aquí, pero se están haciendo bien las cosas. Y los constructores tradicionales se están reinventando hacia la madera», pronostican en House Habitat.

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