La desgracia del hombre que vivía a cuerpo de rey

La desgracia del hombre que vivía a cuerpo de rey

El lujoso tren de vida del hombre más rico de Arabia Saudí, el príncipe Alwaleed bin Talal, descarrila al caer en desgracia ante su primo y heredero al trono

MIKEL AYESTARAN

Alwaleed bin Talal no ha tenido tiempo de actualizar su página web (http://www.alwaleed.com.sa), en la que se presenta como «inversor global, líder y hombre de familia» y se autodefine como «la persona y la visión detrás de Kingdom Holding Company (KHC), una de los grupos empresariales más exitosos del mundo, y designado en dos ocasiones por la revista 'Forbes' como uno de los inversores más listos y creativos del mundo». Junto a la imponente lista de negocios en los que participa falta al menos una línea para explicar al lector que desde el domingo está en prisión. El príncipe es la víctima más mediática de la purga que dirige con mano de hierro su primo y heredero a la corona, Mohamed bin Salman (MBS), que acaba de crear un órgano para luchar contra la corrupción en el reino y no le ha temblado la mano a la hora de detener a príncipes, exministros e importantes hombres de negocios.

Ambos primos se disputan el título de aperturistas y modernizadores del reino, pero la línea sucesoria favorece a un MBS que no quiere que nadie la haga sombra. Alwaleed criticó a los «regímenes árabes autocráticos» durante la Primavera Árabe de 2011 en un artículo de opinión publicado por 'The New York Times', poco después anunció su intención de donar toda su fortuna a obras benéficas tras su muerte, al estilo de millonarios occidentales como Bill Gates, y fue pionero en la contratación de mujeres en sus empresas, incluidas pilotos para sus Boeing 747 y Airbus 380 privados, algo rompedor en un país en el que las mujeres empezarán a conducir en junio del próximo año. Apodado por algunos diplomáticos como 'el Donald Trump saudí', en 2015 tuvo un enfrentamiento vía Twitter con el propio Trump y le pidió que se retirara de la carrera por la presidencia por considerarle «una desgracia para EE UU». El magnate estadounidense replicó de inmediato diciendo que «el tonto príncipe Alwaleed quiere controlar la política estadounidense con el dinero de papá. No lo podrá hacer cuando yo resulte electo». Hoy uno está en la cárcel y el otro ocupa el sillón de la Casa Blanca y es el mayor aliado de la casa real saudí.

Esta cara filantrópica y los mensajes políticos comprometidos conviven con la forma de vida del clásico príncipe saudí rodeada de todos los lujos imaginables (como mansiones en mitad del desierto con lagos artificiales para practicar deportes acuáticos) y vicios bizarros. Según un extenso perfil publicado por Business Insider, «todas las fuentes con las que hemos hablado, incluido su portavoz oficial, confirman que, al estilo de un monarca medieval, Alwaleed tiene entre su séquito un grupo de enanos para que bailen y hagan de bufones».

Nacido en Yeda hace 62 años, su rostro es uno de los más conocidos en Occidente gracias a su amplia cartera de inversiones, que le ha servido para situarse en el puesto 45 de la lista de hombres más ricos del mundo que elabora 'Forbes' con 16.700 millones de dólares (unos 14.300 millones de euros). Su nombre saltó a la fama en 2013 cuando se enfrentó a esta misma publicación por considerar que no había incluido ceros suficientes a su fortuna. Alwaleed es propietario del 95% de KHC, es accionista mayoritario de Rotana, una de las mayores compañías de comunicación y entretenimiento de Oriente Próximo, tiene acciones en News Corp -la cadena de medios de Rupert Murdoch- o Citibank, es propietario de hoteles de lujo como el Savoy de Londres y el George V de París y posee la mayor parte de las acciones de las cadenas Fairmont Raffles o Four Seasons. En los últimos años ha diversificado aún más sus negocios con apuestas inversoras importante en Apple o Twitter...

Eterno aspirante al trono, todos sus negocios no han venido acompañados de un aumento de poder en la cúpula de la casa real. Por eso los millones no han podido salvar de la cárcel a este nieto del primer rey del país, al que Mark Lobel, de la cadena BBC, calificó como «alcohólico del trabajo» después de haber podido pasar con él una jornada laboral. «Bin Talal duerme hasta las 11 de la mañana, pero porque trabaja hasta las 6, lleva una dieta equilibrada y sale a caminar cada día», apuntó Lobel, a quien le llamó la atención que «sus empleados de mayor confianza tienen jornadas de solo 6 horas, pero no tienen descanso ni para un café porque el príncipe piensa que así son más efectivos».

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