Adoptar naranjos y olivos en España está de moda. ¿Qué beneficios logras?

Adoptar naranjos y olivos en España está de moda. ¿Qué beneficios logras?

Los 'protectores' reciben en casa el rendimiento del árbol y siguen su día a día por internet. Cultivos abandonados se están salvando gracias a esta fórmula

SUSANA ZAMORA

En una esquina de la parcela, con el número 401, esperaba 'Príncipe feliz'. Después de meses de misivas con fotografías suyas, por fin iba a conocerlo. Pero aquel olivo centenario, que Carmen apadrinó para su hijo, no era el que había imaginado. Superviviente de plagas y sequías, y recuperado del abandono y el olvido, lució frondoso durante meses. Recuerda que de la tierra salían cuatro troncos, «como los miembros de nuestra familia», pero cuando fueron a conocerlo ya solo quedaban tres. Durante la enfermedad del árbol hubo que talar uno de los tallos, lo que coincidió en el tiempo con la enfermedad y posterior fallecimiento del hijo de Carmen. ¿Premonición? «Casualidad o no, todas las personas que apadrinan uno de nuestros olivos tienen una motivación personal y acaban creando un vínculo afectivo», asegura Alberto Alfonso, cofundador de la Asociación para la recuperación de olivos yermos de Oliete.

El éxodo rural que en los últimos años ha devastado este pequeño pueblo turolense (ha pasado de 2.500 vecinos a solo 350), ha dejado 100.000 olivos abandonados. Todos entre 100 y 500 años, que Alberto Alfonso trata de recuperar desde 2014 con su proyecto apadrinaunolivo.org. A cambio de 50 euros al año, cada padrino tiene un olivo con su nombre, recibe dos litros de aceite, hace un seguimiento de su árbol a través de una app y puede visitarlo. Hoy ya son más de 2.000, mayoritariamente españoles, y varias instituciones las que han posibilitado la recuperación de 5.200 olivos y la construcción de una almazara. «Están comprometidos con una iniciativa social, solidaria y sostenible, porque ponemos en valor los recursos naturales del pueblo, damos trabajo a personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social y atraemos visitantes para evitar que el pueblo desaparezca», asegura Alberto.

Los apadrinamientos de plantaciones (de olivos, de naranjos, de viñas...) están de moda. El último fue impulsado este pasado enero por la Fundación Lumière, en colaboración con los ministerios de Agricultura y de Cultura. Se llama Olivos Solidarios y busca padrinos para 300.000 olivos centenarios antes de 2021. La idea es obtener ingresos para las ONG colaboradoras al tiempo que acercan a pequeños núcleos rurales un programa formativo en valores a través del cine. «Ya tenemos 600 donantes particulares y, en breve, el Getafe C. F. apadrinará un olivar entero», anuncia Antonio Mayoralas, presidente de la fundación.

Ventajas fiscales

En ambos proyectos, por su función social, los padrinos cuentan con ventajas fiscales y pueden desgravarse un 75% en el IRPF y un 35% en el impuesto de sociedades para entidades.

En estos últimos años de crisis, el apadrinamiento o la adopción se ha convertido para algunos particulares y emprendedores en una fórmula «eficaz» de rentabilizar cultivos abandonados, así como para fidelizar a unos consumidores, a los que hacen partícipes de todo el proceso de producción y que acaban convertidos en auténticos fans del negocio. «Son nuestros mejores embajadores», recalca Gonzalo Úrculo, quien junto a su hermano Gabriel, se embarcó en 2010 (con 24 años, ahora tiene 32) en un proyecto que ha superado con creces todas sus expectativas. Su abuelo hacía una década que había fallecido y la finca de naranjos a la que dedicó su vida permanecía en estado de semiabandono. «O hacíamos algo o el terreno se vendía», recuerda Gonzalo. Aquellas 25 hectáreas con 10.000 naranjos (la mitad hubo que arrancarlos) en Bétera (Valencia) fueron el punto de partida de naranjasdelcarmen.com, una empresa dedicada al cultivo y venta de la cosecha directamente al consumidor final por internet. Esa era la idea, pero la finca perdía dinero y había que seguir vendiendo a cooperativas para seguir viviendo. Necesitaba una inversión para plantar nuevos naranjos y en esa encrucijada apostaron por algo que en estos dos últimos años ha supuesto una «revolución». Así nació Crowdfarming, una marca que suministra productos ecológicos bajo demanda en varios países europeos. «Hemos materializado todo aquello que representa una cadena de suministros perfecta, en la que el consumidor pide al productor solo lo que necesita».

Cuando empezaron apenas lograron captar a 200 padrinos. Hoy son 10.847 y tienen una lista de espera de 5.000 solicitudes. «Ya no podemos crecer más. Crowdfarming se ha comido a Naranjas del Carmen, por eso colaboramos ahora con otros productores que siguen nuestra misma metodología», explica Gonzalo. Asegura que en España es poco «exótico» apadrinar un naranjo, pero para un alemán, austriaco, suizo o francés «es lo más». «Hemos tenido que crear un software para gestionar las visitas, porque se nos presentaban sin avisar, siguiendo la dirección hasta su naranjo a través de la app que le proporcionábamos solo para hacerse un 'selfie' con él». Gonzalo recalca que el consumidor quiere saber del proceso, de todo lo que ocurre con su árbol hasta que el fruto llega a su casa. Algunos no se lo piensan: «Uno de nuestros padrinos alemanes cogió un avión por la mañana temprano y se presentó en la finca solo para ver lo que le enviábamos en fotos y participar de la primera poda». Para este joven emprendedor valenciano el cambio de mentalidad del consumidor en estos últimos años ha sido «bestial». «Mi abuelo trabajó muy duro para que ni mi abuela ni mi padre acabaran trabajando en el campo y ahora, parece que los agricultores estamos de moda».

La agricultura también llamó a la puerta de Isabel Alvargonzález, quien de la noche a la mañana saltó de un gabinete de prensa en Madrid a una parcela de naranjos heredada de su familia en Antas (Almería). «Ya se sabe, el ojo del amo engorda al ganado. O me hacía cargo yo o se perdía», afirma. Había que rentabilizar aquella finca de 20 hectáreas (tres de ellas con 2.500 naranjos) y buscó una fórmula que la distinguiera: llegar al consumidor final, pero creando un vínculo con él. Así nació adoptaunnaranjo.com, un negocio pionero en Almería en 2009 que hoy tiene 300 padrinos, solo nacionales. No admite más. «Si tengo que contratar más personal, ya no me salen las cuentas», confiesa Isabel, que reconoce que las visitas son previa solicitud. Tuvo que reducirlas porque los padrinos eran «imprevisibles». «Se implican tanto que están dispuestos a adoptar sin recibir la cosecha a cambio, como una familia mexicana, a la que no renové su apadrinamiento anual porque me dio pudor», declara.

Ponga una trufa en su vida

A Isabel, como a Gonzalo, esta fórmula le ha permitido mantener un patrimonio familiar. Para otros, como Alejandro, se ha convertido en un modelo de negocio. Él trabaja en una empresa de marketing digital en Valencia, pero su verdadera pasión es la truficultura, a la que espera dedicarse en exclusividad en pocos años. La afición que de niño compartía con sus padres y hermanos en su pueblo turolense de San Agustín quiere convertirla en una forma de vida, que sirva para generar empleo y revitalizar medioambientalmente un pueblo con solo 100 habitantes. Ha comprado varias parcelas y desde hace seis años no ha dejado de sembrar plantones de encinas carrascas, que al tener incorporado el hongo de la trufa en sus raíces, las producirá en edad adulta. «Ya tengo mil, aunque para verle color habrá que esperar aún cinco años», afirma Alejandro que hace tres meses lanzó una campaña de apadrinamiento. «Es un cultivo muy exclusivo que solo es viable en algunas zonas del mundo, por eso, el interés de muchas personas en vivir esta experiencia», puntualiza Alejandro. Para experiencias las que ya disfrutan los 300 padrinos que desde 2011 adoptaron una cepa en la bodega Devinssi, en Gratallops (Tarragona). La filosofía de la empresa, que forma parte de la Denominación de Origen Priorat, es estrechar lazos con los clientes y marcar distancias con el resto del centenar de bodegas de una zona vitivinícola de apenas mil hectáreas. Más de la mitad de la producción se exporta, aunque los padrinos son mayoritariamente nacionales. «El vínculo que se crea es tan grande que, en una ocasión, una madrina nos pidió esparcir las cenizas de su marido por la finca. No nos pudimos negar» recuerda Jordi Ustrell, responsable de Enoturismo de Devinssi.

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