Los neandertales listos de España

Antonio Rosas explora la cueva de El Sidrón. En el recuadro, setas y piñones, comida de los neandertales del sur./JOAN COSTA DÍAZ
Antonio Rosas explora la cueva de El Sidrón. En el recuadro, setas y piñones, comida de los neandertales del sur. / JOAN COSTA DÍAZ

El hombre de Sidrón conocía las propiedades de algunas plantas medicinales. Los vestigios hallados en el yacimiento asturiano lo convierten en uno de los más valiosos del mundo

ANTONIO PANIAGUA

Los neandertales no eran tan rudimentarios como nos han hecho creer. A comienzos de los años veinte del siglo pasado convenía presentar al pobre neandertal como antítesis del hombre blanco, quintaesencia de una mentalidad privilegiada. Y así se exhibió al 'Homo neanderthalensis' como el reverso de nuestra civilización, un antepasado bruto, distinto y, encima, poco aseado. Es cierto que el homínido no es el prototipo del refinamiento cultural. Pero los paleontólogos cada vez tienen más claro que no era tan tosco como aparece en el imaginario colectivo. «Nuestras investigaciones contribuyen a desvanecer la imagen de los neandertales como representantes de lo primitivo y lo inferior. Aun siendo una especie humana diferente a nosotros, los sapiens, tienen unas características muy evolucionadas y parecidas a la nuestras». Quien así habla es Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, paleoantropólogo del CSIC y director del estudio de los fósiles neandertales de El Sidrón (Piloña), en Asturias. Como prueba de que el hombre de Sidrón no era tan burdo, Rosas invoca un hecho: a su manera, se medicaba. «Conocía el valor terapéutico de algunas plantas», sostiene.

En la cueva de El Sidrón se encontraron trece individuos, no del todo completos, pero sí excelentemente representados, que vivieron en Asturias hace 49.000 años. Vestigios de siete adultos, tres adolescentes, dos jóvenes y un niño componían el osario hallado en 1994. Lo que convierte este yacimiento en un lugar excepcional es la enorme cantidad de piezas óseas encontradas, unas 2.600, que extrañamente no aparecen entremezcladas con restos de animales.

La Sima de los Huesos de Atapuerca es valiosísima, sí, pero adolece de una laguna: carece de fósiles de neandertales. Las piezas desenterradas en el yacimiento burgalés son anteriores a esta especie. «El Sidrón proporciona la mejor colección de neandertales de la Península Ibérica jamás encontrada y, sin lugar a dudas, es una de las mejores del mundo», defiende Rosas, en cuyo ánimo no está minusvalorar la singularidad de Atapuerca. No en balde, aquí vivió el 'Homo antecessor', el homínido más antiguo de Europa y último antepasado común del neandertal y del sapiens.

Y ¿por qué el neandertal asturiano no era tan primario como se suponía? Sin necesidad de hacer el MIR, el hombre de Sidrón sabía algo de botica. El análisis de su material genético, que permanecía escondido en el sarro, revela que nuestro pariente lejano se alimentaba de una dieta fundamentalmente herbívora, entre la que había musgo, piñones y setas. Lo importante es que en la placa dental del homínido se hallaron residuos de ADN del hongo 'Penicillium', un antibiótico natural. La hipótesis de que el neandertal tomaba algún mejunje está abonada por el hecho de que en uno de los neandertales estudiados anidaba un patógeno causante de problemas gastrointestinales, diarreas incluidas.

Por añadidura, también surgieron huellas de álamo, un árbol cuya corteza, raíces y hojas contienen ácido salicílico, el principio activo de la aspirina. El paciente de las cavernas sufría lo suyo. Si no le rechinaban las muelas era porque debía de ser un santo. «Padeció un absceso bucal y unas infecciones muy fuertes, lo que probablemente se tradujo en un doloroso proceso de inflamación. Lo que tomase aliviaba sus males», ilustra el experto.

Salud dental y mondadientes

Un estudio publicado hace unos meses en la revista 'Nature' permite intuir que la salud bucodental de los neandertales era mejor que la nuestra. A la luz de análisis de los microbios acumulados en el sarro, se advierte que aquellos albergaban menos bacterias potencialmente patogénicas en la dentadura que los sapiens. Quizá tenga algo que ver con que los neandertales ya usaban mondadientes, algo que mantiene Juan Luis Arsuaga, tras el estudio de un ejemplar que habitaba una cueva en Pinilla del Valle (Madrid).

Aunque proclive a la dieta vegetariana, el hombre de Sidrón no le hacía ascos a la carne humana. Rosas y sus colegas han podido certificar los banquetes que se pegaban los neandertales del sur de Europa a costa de sus semejantes, a los que descuartizaban con pericia. No sólo eso. En algunos huesos hay señales de percusión, un signo inequívoco de que los rompían y extraían la jugosa médula.

Aunque hoy estaría mal visto, en los tiempos de 'los trece de Sidrón' ya imperaba la división sexual del trabajo. A grandes rasgos, los hombres prehistóricos eran cazadores y las mujeres, recolectoras. Sin embargo, quedaba por demostrar esta especialización entre los neandertales. Al examinar los dientes, los paleontólogos se han dado cuenta de que en la cara anterior de los incisivos hay marcas que revelan que utilizaban la boca para manipular objetos, agarrar pieles, fibras vegetales o carne. Así, la dentadura hacía las veces de una tercera mano. Con ella podían asir tendones y trozos de carne, mientras que con la mano derecha, porque eran diestros, cortaban y limpiaban lo que fuera. «Hemos visto que las estrías en la cara externa de los incisivos no son iguales en hombres que en mujeres. Las de ellas son más largas que las que se aprecian en los varones, lo cual demuestra una diferenciación de las actividades». Una pequeña muestra con restos del hombre de Sidrón se puede ver en Infiesto (Asturias). El resto de los huesos permanece en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid). Al hallarse en proceso de investigación, no están expuestos a la vista del público.

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