Capitales que dejaron de serlo

Capitales que dejaron de serlo

Trump da un espaldarazo a Israel para reconocer a Jerusalén el rango internacional de capitalidad. Estos cambios se han sucedido en el mundo. Por ser la ciudad del líder, por equilibrio territorial, por golpes de Estado, por agotamiento de las viejas sedes...

ANTONIO CORBILLÓN

Jerusalén siempre ha sido la línea roja para los mulsulmanes. Y esa 'línea caliente' puede incendiarse tras la decisión de Donald Trump de colocar en la ciudad santa la Embajada de EE UU, ahora en Tel Aviv. Da así el espaldarazo definitivo a los deseos del Gobierno de Israel de obtener un reconocimiento internacional a la condición de Jerusalén como sede legítima de sus instituciones nacionales. En contra de la percepción general, las capitales del mundo son como los mapas de los países, no han dejado de moverse a lo largo de historia. Lo han hecho por revoluciones internas, golpes de Estado o por caprichosos líderes que querían ubicar en su lugar natal el centro del poder. Incluso hay países que nunca se tomaron la molestia de dejar claro en su Constitución cuál de sus ciudades les representa. Si Jerusalén afianza su rango, sólo será un caso más en el cambiante mapamundi de la política, que ha experimentado una amplia movilidad a lo largo del último siglo.

El país pasó a llamarse Myanmar hace dos décadas, aunque para los occidentales sigue siendo Birmania. De forma igual de sorpresiva y sin aviso, los militares decidieron en 2005 llevarse la capital de Rangún a Pyinmana. Un lugar en mitad de la nada en el que hubo que construir edificios e infraestructuras. Un desfile de 12.000 soldados en marzo de 2006 selló su estreno como centro del poder birmano.

Nadie ha discutido nunca la capitalidad de Berlín. Pero tuvo que llegar la II Guerra Mundial y la derrota germana para que el país quedara dividido en dos de forma temporal. La parte Occidental fijó su sede en Bonn y la Oriental siguió en la zona berlinesa controlada por los soviet. Con el desplome del comunismo y el derribo por los propios ciudadanos en 1989 de su símbolo físico en la ciudad, el Muro, la capital para todos los alemanes volvió a Berlín en 1990. Algunos ministerios se quedaron en Bonn para compensar la pérdida de peso de la ciudad.

El gigante de la arquitectura Oscar Niemeyer fue el padre del megaproyecto para llevar la capital federal de Río de Janeiro al interior del continente. Fue una forma de dominar el enorme interior vacío de un país concentrado en sus costas. En realidad, la idea de conquistar las abandonadas tierras del interior preamazónico ya estaba en la mente de los colonizadores portugueses a principios del siglo XVII. La construcción comenzó en 1956 y el 21 de abril de 1960 se convirtió en la capital más moderna del mundo. Patrimonio Cultural de la Unesco desde 1987 (única ciudad del siglo XX reconocida), en la ciudad viven hoy cerca de tres millones de personas.

En los colegios enseñan en Geografía que la capital de Bolivia es La Paz. Sin embargo, el artículo sexto de su Constitución dice literalmente que «Sucre es la capital de Bolivia». Todo viene de la historia. Chuquisaca (ahora Sucre) fue el corazón del independentismo del país andino. La ciudad, clave en la lucha, se convirtió en capital en 1825 y fue rebautizada con el nombre del general Sucre en 1839. Tras la guerra civil norte-sur, la Administración trasladó en 1899 el Ejecutivo y el Legislativo a La Paz, lo que la convirtió 'de facto' en capital. Pero en los libros y en los papeles, el privilegio lo mantiene Sucre.

Es uno de los habituales casos de bicefalia administrativa y tributo a una historia convulsa. Su Constitución establece en su capítulo sobre 'El Estado y la Soberanía' que «la capital de Benín es Porto Novo». Pero es bastante irreal, ya que la sede de la Asamblea Nacional y la presidencia de la República están en Cotonou, ciudad a 30 kilómetros y centro económico y financiero del pequeño país africano. La explicación tal vez esté en la propia Carta Magna, que afirma en su preámbulo: «La conferencia de las fuerzas vivas de la Nación, celebrada en Cotonou del 19 al 28 de febrero de 1990, ha permitido la reconciliación nacional y el advenimiento de la era de la Renovación Democrática».

No es habitual que la Constitución de un país deje sin cerrar su capitalidad oficial. Pero es el caso de Chile. Nadie discute la capitalidad de Santiago desde que el libertador Bernardo O'Higgins estipuló en 1818 que el Palacio de la Real Audiencia de Santiago sería la sede de su presidencia. En 1845 llegó el traslado del centro de gobierno a la Casa de la Moneda, donde sigue hoy. Al llegar al poder, el dictador Augusto Pinochet disolvió el Congreso Nacional en 1973. La restauración de la democracia, tutelada por el propio militar golpista, le permitió una de sus últimas decisiones: sancionar la ley que decidió establecer en 1987 la sede del Congreso Nacional en Valparaíso, a 120 kilómetros de Santiago. No es que el país tenga dos capitales pero, dada la rivalidad, el nuevo peso político de la ciudad portuaria mantiene un cierto debate sobre esa bipolaridad oficial.

Francia situó la capital en Abidján en 1933 ante la pujanza de este puerto sobre el Golfo de Guinea. Pero la descolonización llevó al poder al libertador del país, Houphouët-Boigny, que ordenó un masivo proyecto de inversiones en su pueblo, Yamoussoukro, en el interior del país. Luego de ingentes inversiones, desde la sede presidencial al Parlamento, además de una reproducción a escala del Vaticano en mitad de la selva, Houphouët-Boigny aprobó el 21 de marzo de 1983 la ley por la que se transfería la sede oficial de Abidján a Yamoussoukro. Los sucesores del mandatario han mantenido el actual estatus, lo que no evita que una parte importante de la estructura oficial del poder se mantenga en Abidján, con mucho, la mayor urbe del Golfo de Guinea.

No hay dudas de que Tbilisi es la capital de Georgia, tal y como ha ocurrido en los últimos mil años. Hasta que el presidente Mikheil Saakashvili firmó en 2011 una reforma constitucional por la que se llevó el Parlamento a Kutaisi, a 221 kilómetros al oeste de Tbilisi. La excusa era descentralizar la Administración y estar más cerca de las regiones separatistas (Abjasia y Osetia del Sur). Pero otros vieron un intento de marginar al Legislativo y acumular más poder.

El avance sin control de Kuala Lumpur llevó al Gobierno a buscar una sede alternativa en la década de los ochenta. La idea se materializó en 1995 con la apertura de Putrajaya, situada a 36 kilómetros, y a donde se fue trasladando de forma paulatina todo el aparato burocrático y de poder. Más de 8.000 millones de dólares después (7.000 millones de euros), desde 2005 ese traslado se considera finalizado.

Es uno de los países más jóvenes de Europa, nacido en 2006 de la disgregación de la antigua Yugoslavia. Y el único que reconoce de forma expresa dos capitales oficiales, como recoge el artículo cinco de su Constitución. Podgorica, la antigua Titogrado con el Telón de Acero, es la ciudad más poblada y figura como centro vital del país balcánico. Pero Cetinje, sede monárquica e histórica, mantiene su estatus de Antigua Capital Real, al ser la principal cabeza religiosa y cultural que marca la esencia montenegrina.

El rey de los 'tulipanes' sólo será reconocido si jura su cargo en Ámsterdam (artículo 32 de la Constitución). Pero, aunque no hay dudas ni rivalidades entre sus dos capitales, La Haya se lleva casi todo: Ejecutivo, Parlamento, Corte Suprema y la mayoría de las embajadas extranjeras. La historia recuerda que la fidelidad de Ámsterdam al imperio español durante la Guerra de los 80 años (siglos XVI y XVII) determinó que La Haya se quedara con las sedes oficiales desde 1588.

Sri Lanka dejó de ser oficialmente Ceilán en 1972. Seis años después, el cambio afectó a su capital, Colombo, que empezó a compartir protagonismo con Kotte (forma reducida de nombrar Sri Jayawardenapura Kotte). Es un caso similar al de Malasia y su concentración de poder en Kuala Lumpur. En la isla decidieron trasladar todo el aparato estatal a Kotte, un proceso que nunca acaba del todo. En cualquier caso, la distancia entre una y otra apenas es de diez kilómetros, por lo que el país no ha notado los cambios. Kotte sólo parece un barrio artificioso de Colombo.

El pequeño Estado interior en el sur de África tiene como capital, impuesta por los colonizadores británicos, la ciudad de Mbabane, que es sede administrativa. Pero, una vez independiente, el país ha mantenido su capital tradicional en Lobamba, el lugar donde siempre ha residido su familia real y sede también del Parlamento. Pero ni una ni otra le disputan el poderío económico a Manzini, el primer centro de poder que crearon los ingleses.

Es el único país del planeta que ha repartido su representatividad en tres enclaves: Pretoria, sede del poder ejecutivo; Bloemfontein, donde se residencia el judicial; y Ciudad del Cabo, centro del legislativo. Un reparto justificado por la siempre convulsa historia del país, aunque no tenga su origen en la democratización y fin del 'apartheid' (segregación racial). Todo viene de un siglo atrás (1910), cuando se crea la Unión Sudafricana para unir a las antiguas colonias británicas y holandesas. El nuevo Estado, que después fue la República de Sudáfrica, se organizó en torno a tres capitales. Que podrían ser cuatro si se incluye Johannesburgo, sede de los organismos judiciales que enterraron el vergonzoso racismo oficial.

Mustafa Kemal Atatürk, padre de la moderna Turquía, quiso llevarse la sede oficial e histórica de Estambul a Ankara tras la guerra de liberación de 1923. La decisión se tomó dos semanas antes de proclamar la actual república. Entonces era una pequeña ciudad de la zona asiática de Anatolia de apenas 15.000 habitantes. Hoy supera los cinco millones. Al parecer, Atatürk buscaba reducir la vulnerabilidad que suponía concentrar todo en Estambul.

En 1974, el Gobierno de Tanzania decidió descargar a Dar es-Salam de su monopolio de poder y reubicar su sede oficial en Dodoma, tercera ciudad del país africano. Todo se hizo tan lento que el Parlamento no llegó hasta 1996. Fue el único elemento de poder que se trasladó. Todo el entramado gubernamental, incluido el palacio presidencial, continúa en Dar es-Salam, que mantiene 'de facto' la preponderancia administrativa frente a la capital oficial.

Este año se han cumplido dos décadas desde que el presidente Nazarbáyev trasladara la capital de Almatý a Astaná. Tiene su lógica en el idioma kazajo, ya que Astaná significa literalmente Ciudad Capital (anteriormente fue Tselinograd y después de Akmola). Es una república y un Gobierno al que no le dan miedo los cambios. Desde hace años está abierto el debate para sustituir el nombre del país por el de Kazar Eli. A Astaná le han sentado bien estas dos décadas de capitalidad. Es una ciudad que se ha convertido en la ventana de modernidad de la exrepública soviética. Frente al apagón de su rival y principal ciudad del país, Almatý, luce algunos de los edificios más emblemáticos de la región asiática.

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