La mentira de las marcas sobre el pan integral

La mentira de las marcas sobre el pan integral

Este alimento debería estar elaborada en un 75% con harina integral, mientras que el porcentaje de esta harina en algunas marcas es mínimo

R. I. GRANADA

El pan que compramos en muchos supermercados con una etiqueta bien grande en la que se lee "integral", no lo es. Al menos en un porcentaje bastante alto. Y no, por muchos cereales que veas en su corteza o aunque su color oscuro te haga pensar que te vas a pegar un festín con lo que debería ser un alimento rico en fibra, la realidad deja bastante que desear, según cuenta La Vanguardia.

Recientemente el pan blanco ha dejado de ser considerado como un alimento imprescindible en nuestra dieta. Un buen número de investigaciones han demostrado que existe una relación directa entre su consumo y el riesgo de padecer obesidad, problemas cardiovasculares o diabetes.

Por esta razón, se recomienda que la ingesta de este alimento, otrora básico, se reduzca considerablemente y, en caso de hacerlo, se opte por las variedades integrales elaboradas con grano entero. Según una revisión de 45 estudios publicada el año pasado en la prestigiosa revista The BMJ, el consumo de productos integrales elaborados con grano entero es beneficioso para nuestra salud y reduce un 17% la posibilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer de colon o diabetes.

El pan integral -el de verdad- se elabora a partir de harinas que no han sido refinadas y que contienen las tres partes del cereal intactas, incluyendo el germen y el salvado, cuyos componentes favorecen nuestra salud intestinal. Sin embargo, tal y como explica la dietista-nutricionista Lucía Martínez en su blog, muchos de los panes que encontramos en los establecimientos etiquetados como integrales o con un alto contenido en fibra se valen de harinas refinadas, aderezadas con salvado de trigo, para etiquetar productos como integrales, según La Vanguardia.

Nada más lejos de la realidad. Según Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, para que un pan pueda ser considerado como integral "debería estar elaborado al menos en un 75% con harina integral". Esto debería estar indicado en la etiqueta del producto y aparecer en los primeros lugares de la misma ya que los ingredientes se enumeran de mayor a menor, en función de la cantidad que contenga el alimento.

Así lo aseguró un estudio publicado el pasado mes de agosto en la revista Applied Economic Perspectic and Policy por investigadores de la Universidad de Delaware (Estados Unidos), que revisó la literatura científica existente en este ámbito y concluyó que en los supermercados hay una ingente cantidad de información sobre los productos que, en lugar de ayudar a los consumidores, confunde, cuenta La Vanguardia. Pero no sólo eso. Según este trabajo, la parte más fea del asunto tiene lugar cuando las etiquetas no sólo ensalzan un efecto positivo inexistente, sino que además ocultan sus posibles implicaciones negativas a los clientes.

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