El libro que cuenta la verdad sobre Meghan, la pareja de Enrique de Inglaterra

Un romance real. El príncipe Enrique de Inglaterra y Meghan Markle posan tras anunciar su compromiso, en noviembre. :: efe/
Un romance real. El príncipe Enrique de Inglaterra y Meghan Markle posan tras anunciar su compromiso, en noviembre. :: efe

Andrew Morton, el periodista que recibió la confesión de Lady Di, estaba en Pasadena cuando «una vecina guapita» se lió con Enrique de Inglaterra

ÍÑIGO GURRUCHAGA

Andrew Morton es un hombre con suerte. Aún no se explica por qué la difunta Diana le escogió precisamente a él para confesar su verdad ante el gran público, desafiar a Carlos y al 'establishment' de la monarquía británica, y de paso hacerle millonario. Ahora frecuenta Pasadena con su segunda mujer, que es americana y vivió allí, y Meghan Markle, vecina de aquella ciudad de California, se casa con Enrique.

Dicen que Morton es el periodista más rico de Reino Unido y quizás sea también uno de los más altos, 1,93. Aunque estudió Historia y quería ser corresponsal político, donde se gana muy poco, en el 'Daily Star' alguien debió comprender que la estatura es un gran don cuando eres corresponsal de la realeza y pasas media vida entre turbas de gente que también quiere ver a la reina, que es bajita.

Decía Morton que podías escribir cada día sobre cómo iba Diana vestida y hacer caja. Pero en 1991 la princesa se sentía asfixiada por la infidelidad de su marido y la opresión de la corte y buscaba una manera de anunciarlo al mundo. Morton tenía dos atributos evidentes. Diana habría detectado en sus actos públicos la presencia de un tío tan grande. Y trabajaba además para el 'Star'. Quién puede sospechar que alguien en su sano juicio hable con el 'Daily Star'.

Medir 1,93 es algo muy práctico si hay que cubrir la agenda de una reina bajita

La tercera y última pieza en el misterio que Morton dice tramposamente que no logra descifrar la enseñaba él en la misma entrevista. Un día de 1986 siguió a Diana en la visita a un hospital, en la que estuvo acompañada por un amigo cirujano, James Colthurst. Morton tomó después un té con él, pero éste se negó a hablar de la princesa. En esas circunstancias los periodistas dejan su tarjeta, si no se les ha olvidado en casa.

Colthurst le llamó más tarde y comenzó a ponerlo a prueba en nombre de Diana, que buscaba un cómplice con pluma. A través de su amigo, le pasaba noticias y le pedía consejo. El más extraordinario era qué debía hacer para cambiar de peluquero. Tras resolver ese y otros graves entuertos, Morton fue el hombre de confianza elegido para recibir, en cintas magnetofónicas que le daba el cirujano, la confesión de la princesa de Gales, el borrador de lo que sería 'Diana, su verdadera historia'.

Sin aquel libro de 1991, la humanidad se hubiese librado de las sucesivas biografías escritas por nuestro protagonista: Monica Lewinsky, los Beckham, Angelina Jollie, Tom Cruise y vuelta al maná, Guillermo y Catalina. Pero el prolífico autor estaba en Pasadena cuando la tele anunció que el romance entre Enrique y Meghan terminará en boda. La mano de la Historia de nuevo posada en el hombro de Morton.

Comparaciones odiosas

El libro, 'Meghan, una princesa de Hollywood', se publica esta semana en Reino Unido, cuarenta días antes de la boda. Abundan en sus páginas los momentos extraordinarios. En una representación teatral del colegio de primaria al que le enviaron sus padres, tuvo que aprender también el diálogo de otra niña-actriz que se puso mala, sin que nadie advirtiese que en el gallinero estaba, mal peinada y gafotas, la futura Scarlet Johansson.

La historia familiar ya es conocida. Director de iluminación con piel blanca, separado y con dos hijos, que pasa todas sus horas trabajando, se enamora de maquilladora mucho más joven con piel negra. Tienen niña al cabo de un año. La mujer se harta de quedarse en casa al cargo de todo y se va. Meghan, la hija, avanza desde entonces escindida, como todo habitante del planeta, entre la tentación de ser intelectual o estrella sexy, de ser muy cariñosa o una trepa.

Morton enumera episodios de ambas facetas. Como los ejemplares son empalagosos o ridículos -la niña ya debatía sobre el racismo y otros asuntos del mundo a los 10 años-, lo que interesa es el morbo. Supermala, cuando al fin le iba bien en una serie de televisión, ya no tenía tanto tiempo para quedar con sus amiguitas de Pasadena. A su exmarido le devolvió por correo certificado el anillo matrimonial, lo que desvela una nefasta disposición a despilfarrar en sellos.

El libro utiliza para Meghan el adjetivo birracial -la palabra española 'mestizo' se incorporó al inglés, pero es más frecuente el uso de 'raza mezclada'- y sugiere en su conclusión que emulará el carisma y el humanitarismo de Diana. Con Catalina a punto de dar a luz a su tercer hijo, las comparaciones son odiosas por falsas. El rango de Enrique y Meghan en el sexo de la sucesión se va alejando irreversiblemente del que ocupó Diana.

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