El jamón ibérico, en riesgo por una 'plaga asesina'

Cerdos de pata negra descansan bajo las encinas de Extremadura mientras disfrutan de la montanera, el engorde en libertad./CORINA ARRANZ
Cerdos de pata negra descansan bajo las encinas de Extremadura mientras disfrutan de la montanera, el engorde en libertad. / CORINA ARRANZ

«Hay fincas en las que se te cae el alma a los pies», dice una ganadera

ANTONIO CORBILLÓN

Es tiempo de montanera en las dehesas españolas. Desde noviembre y hasta enero, 700.000 cerdos ibéricos pastan en libertad para completar la textura del que será el mejor jamón del mundo. Los animales llegan a recorrer hasta 14 kilómetros diarios hociqueando en los suelos de los encinares para llenarse de bellotas. Hay sellos míticos, como Cinco Jotas, que reclaman para sus gorrinos pura raza ibérica entre 2 y 6 hectáreas por cabeza. Cada kilo de engorde necesitará unos 12 de bellotas y otros 5 de pasto. «Son los 'bomberos' de la dehesa. Los que la limpian de restos», resume la presidenta de la Asociación Española de Criadores del Cerdo Ibérico (Aeceriber), Lucía Maesso.

Siempre se ha puesto a las dehesas extremeñas como modelo de gestión sostenible. Un escenario de convivencia entre agricultores y ganaderos extensivos. La mejor forma de prevención de la plaga de incendios, en los que Extremadura está en los niveles más bajos. Nadie quema el monte del que vive. La cabaña porcina no necesita mangueras ni trajes ignífugos para completar en los meses de invierno el cuidado de su ecosistema.

Pero la propia Lucía Maesso advierte que «la dehesa no es sólo producción de montanera de bellotas». Heredera de una tradición de cinco generaciones, a su finca de 600 hectáreas de Fuente del Arco (Badajoz) también ha llegado la plaga de la seca. «No es para llevarse las manos a la cabeza pero hay al menos 100 hectáreas afectadas». Sus encinas y alcornoques enferman y mueren sin remedio víctimas del 'Phytophtora cinnamomi', un patógeno que ataca las raíces, ahoga al árbol e inutiliza hasta el subsuelo donde entierra sus raíces.

La seca se conoce desde los años 40 pero no se le hizo mucho caso hasta finales de los 80 cuando empezó a colonizar las dehesas. «Crece a un ritmo moderado pero constante. No hay remedio y es letal», resume el ingeniero del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX), Enrique Cardillo. El 'ejército' de patógenos superó en 2010 los 5.000 focos sólo en Extremadura. Y sus males han dado el salto a otras áreas como Huelva, Salamanca y Castilla-La Mancha. También en Portugal, el mayor productor del mundo de corcho.

«Los ganaderos estamos un poco perdidos», reconoce Maesso. Los gestores de los encinales también. «El problema es la fractura de la biodiversidad. Se ha roto la cadena natural del cuidado de estos ecosistemas», lamenta el presidente del Foro del Encinal y del sindicato Asaja en Huelva, José Luis García Palacios. Su colega de la Asociación Forestal de Salamanca (Asfosa), Jesús Castaño, completa el diagnóstico y cree que «tiene que ver con la mala gestión forestal y la falta de regeneración ambiental». También lamenta que no haya medidas preventivas como acotar las zonas afectadas para que el ganado no entre y acabe extendiendo la plaga.

Muchos de esos 700.000 cerdos que estos días se atiborran a bellotas en la montanera, actuarán de involuntarios 'incendiarios' al ayudar a propagar el patógeno. Lo confirman otros expertos como la integrante del Área de Fitopatología del CICYTEX, Carmen Rodríguez: «Este patógeno se multiplica en el suelo cuando hay agua libre, causando daño en las raíces. Se puede dispersar por el agua y por las partículas o terrones de tierra que quedan adheridos a las ruedas de los vehículos, maquinaria, pezuñas de animales e incluso el calzado». Pero la aplicación de estas medidas «implica modificaciones de la forma habitual de gestión de las dehesas», insiste Rodríguez. Y no todos los profesionales del campo parecen concienciados.

Lucía Maesso lleva una década de presidenta de los ganaderos y admite que «hay zonas que se te cae el alma a los pies. Fincas en las que quedan tres encinas en una hectárea. Ves fotos de hace 70 años y no lo reconoces. Sé que en unos años nos enfrentaremos a situaciones muy complicadas».

Una encina genera no más de 25 kilos de bellota, que es el menú de un cochino en tres días (devora hasta 8 kilos diarios). Por mucha 'pierna' que hagan los mejores amigos de la despensa humana, podría llegar un día en el que no haya suficiente montanera para todos. Desde el año 2000 se trabaja en estimaciones del avance de este 'enemigo' y en mapas de riesgo. Pero los expertos insisten en que «es difícil hacer predicciones ya que depende de numerosos factores que no es posible controlar», advierte Carmen Rodríguez.

El mapa de puntos negros que ha elaborado la Junta de Extremadura sitúa la mayor densidad de focos en la cuenca del río Alagón, el valle del Tiétar, el sur de la sierra de San Pedro, la cuenca del río Aljucén y la margen derecha del Guadiana en las Vegas Altas.

Los estudios del CICYTEX calculan que la enfermedad afecta ya a 29.060 hectáreas (2% del total), aunque otros estudios duplican esta cifra. Este año, la sequía está ayudando a magnificar el problema ya que, aunque el agua encharcada expande el problema, la ausencia de lluvias reseca los árboles y facilita el trabajo del patógeno. Un intruso que además es difícil de aislar del suelo o las raíces de los árboles por lo que en muchas explotaciones pasa desapercibido.

Ganaderos y gestores de las dehesas acusan a las administraciones de poner poco interés. Pero hay varios equipos de expertos de universidades y empresas ambientalistas que buscan desde hace años soluciones de forma coordinada. Mientras, piden «no dramatizar». En las dehesas aún no muestran especial temor porque hay alimento abundante para sus animales. «Es una plaga muy lenta y por eso no hay una conciencia clara del peligro. Y, si un año hay menos bellota, se mete más pienso y punto», admite Jesús Castaño.

Para inmunizar contra el miedo, también la Mesa de las Dehesas realiza campañas de sensibilización. Pero el presidente del Foro del Encinal dibuja un negro panorama para las sierras de Huelva, herederas del jabugo. «Lo de Extremadura y Portugal es tremendo, pero Huelva es el ojo del huracán», clama García Palacios. Asegura que en esta provincia la 'Phytophtora cinnamomi' contamina cada año 630 hectáreas. Allí ya se han perdido más de 10.000 y la cifra de árboles arrasados es de medio millón.

La seca figura ya en los registros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una de las cien especies invasoras más peligrosas del mundo, capaz de colonizar a más de mil especies. Tiene una lamentable similitud a la 'Xylella fastidiosa', también conocida como 'ébola del olivo' y que, tras devorar millones de árboles en el sur de Italia, afecta ya a amplias zonas de almendros y otros ejemplares leñosos de Baleares. Hace unos meses dio el salto a la península en Alicante.

Los frentes abiertos por ambos patógenos parecen un abrazo mortal desde el Este y el Oeste peninsular a las zonas más pujantes de la agricultura. La venganza de una naturaleza herida que el cambio del clima parece acelerar aún más.

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