Las sesiones colectivas de abrazos y arrumacos llegan a España

La admiración que despierta en sus giras ha convertido a la presidenta de Embracing the World en una autoridad mundial.

La líder espiritual india Amma visita Valencia para sesiones de más de doce horas dando abrazos. Dicen que es la suma de Teresa de Calcuta y Gandhi

ANTONIO CORBILLÓN

Quienes se acercan a Amma aseguran que en todos los corazones hay algo. Y que ella logra abrirlos. Treinta y siete millones de abrazos y 30 años de giras mundiales después no han quitado magia a ese don de la líder espiritual india. «Vemos gente que sale llorando, transformada, desorientada, que se pregunta '¿qué me ha pasado?'», resume María Ángeles González, miembro del centenar largo de voluntarios que han organizado la visita que estos días realiza a Valencia.

Son sesiones inacabables. Ayer finalizó a medianoche. La agenda de hoy calcula que estará dando abrazos hasta las tres y media de la madrugada. El último día de estancia en el pabellón Fuente de San Luis de Valencia, no dejará de recibir peregrinos de su arrumaco hasta el amanecer del jueves. «Amma nunca descansa. Ella nunca se cansa», dicen sus fieles. Y ella lo demuestra con sus maratonianas jornadas.

Detrás de esa inacabable capacidad para mostrar empatía con todos y cada uno está Sri Mata Amritanandamayi Devi, una mujer nacida en Kerala (India) hace 64 años y que se ha convertido en la suma del amor filial de Teresa de Calcuta y la atracción de Mahatma Gandhi. Un Vicente Ferrer multiplicado y eficaz. Y que ha sabido crear una maquinaria de acción social tan moderna que es la 'gurú 2.0 del siglo XXI'. Con Amma (madre en su idioma malayalam) se puede rezar en internet. Sus seguidores son legiones tanto en Twitter como en Facebook. Su web recoge y glosa sus giras, tours mundiales sin nada que envidiar a los de los Rolling Stones.

«Su forma de meditar es la acción. Es el amor en movimiento -razona González-. Meditar sólo y sin más es algo del pasado. Hay que cubrir de amor y paz, pero desde las necesidades». Y el brazo legal de esa labor es la ONG Embracing the World (Abrazando el Mundo), con proyectos sociales en más de cuarenta países. De ella ha dicho el Premio Nobel de la Paz 2006 Muhammad Yunus, también indio, que «ha hecho más que muchos gobiernos por sus ciudadanos».

Dentro de su inmaculado sari de un blanco nuclear hay una mujer que nació en Kerala, en el suroeste de la India. Amritapuri, su lugar de origen, está ahora en los mapas por ser la sede del principal de los cincuenta templos de su movimiento por el mundo. Allí, 3.000 seminaristas se encierran tres meses e intentan cada año aprender las claves del 'universo Amman' y poder formar parte del séquito de 150 personas que integran su 'troupe'. Unos cien suelen ser españoles.

Todos deseosos de captar la empatía sin límites religiosos o raciales de su líder hacia cualquier ser humano. «Transmite siempre amor porque es un ser que te abraza sin interés alguno», resume Lola Gómez, de Amma Madrid, uno de los 25 colectivos del movimiento repartidos por toda España. Ella también estará hoy en Valencia para acercarse a Amma. Sin tener una vinculación especial con nuestro país, la organización posee una masía en Piera (Barcelona) donde alza su único templo oficial en la península.

Al igual que otros muchos santones, Amma empezó desde la miseria y el dolor. Hija de una humilde familia de pescadores, se entregó a la meditación desde niña, lo que despertó el desconcierto de unos padres que no buscaban para una hija un destino más allá que librarse de una boca que alimentar. Hizo de 'Cenicienta' en un hogar de siete hermanos sin perder de vista la pobreza y el sufrimiento de los demás.

En todas las desgracias

Decidió no aceptar la rutina hinduista de que es el karma (destino) el que marca la vida terrenal. Apostó por la obligación (dharma) de aliviar el dolor. «Una necesidad es un derecho», es uno de sus lemas. Mientras sorteaba las brechas entre las comunidades religiosas, empezó a traducir su esfuerzo en hecho reales.

Así, abrazar a la gente es la imagen visible de una enorme labor humanitaria que no se limita a la India. Hay 40 comedores sociales dando rancho a 150.000 habitantes del país más rico: Estados Unidos. Cuando el terromoto barrió la costa de Fukushima, Amma envió fondos a Japón. Y su presencia se hace notar en cualquier desgracia, desde el tsunami del océano Índico en 2004, al temblor de Haití o el último tifón en Filipinas. Por su país se despliegan universidades y hospitales de primer nivel. Y por eso en España los cientos de seguidores captados en grupos de yoga han hecho las maletas para acudir al abrazo colectivo de su maestra.

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