Ana Julia: «Tras matar a Gabriel vi que tenía un problema. Me fumé un cigarrillo y me puse a pensar»

Ana Julia: «Tras matar a Gabriel vi que tenía un problema. Me fumé un cigarrillo y me puse a pensar»

Ana Julia ante la Guardia Civil: «Enterré el cadáver porque no quería hacer daño a Ángel»

MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Los detalles de la declaración policial de Ana Julia Quezada dibujan una versión cada vez más inverosímil. Los atestados redactados por la Guardia Civil revelan que la asesina adujo que hizo desaparecer el cuerpo del pequeño Gabriel para ahorrarle del dolor a Ángel Cruz, padre del niño y su pareja, de saber que su novia había matado a su hijo.

«Enterré el cadáver porque no quería hacer daño a Ángel. Así él no sabría nunca lo que había pasado», llegó a afirmar en un momento dado su declaración, según los documentos policiales.

«Cuando estaba muerto me di cuenta de que tenía un problema importante. Saqué el paquete de tabaco y me fumé un cigarrillo. Cogí una pala y lo enterré», es otras de las frases textuales pronunciadas por la asesina.

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Según su relato se llevó a la finca de Rodalquilar al niño porque Gabriel no llegó a entrar en casa de sus primos aquel 27 de septiembre. Quezada afirmó que cuando iba en coche, tras salir de la casa de la abuela del pequeño, se encontró al menor «jugando solo en la calle con un palito». Ella –afirmó- que se puso a pintar el exterior de la casa de la finca de Rodalquilar, que ella y Ángel estaban reformando para habitarla tras meses en alquiler. El niño se quedó dentro de la vivienda. «Me asomé y vi que estaba jugando con un hacha». Ana Julia sostuvo antes los guardias que le recriminó que estuviera jugando con la herramienta y le intentó quitar el hacha. «El niño me insultó y me dijo que no era su madre y que no le mandaba».

Durante el forcejeo –confesó- le quitó el hacha. La detenida no se paró a dar detalles en la primera parte de su declaración de cómo fue el golpe con la parte roma del hacha.

Tras enterrarle «me lleve la ropa a la casa de la abuela y la escondí allí». En su confesión, Ana Julia reconoció que dejó la camiseta del pequeño en los juncos de la depuradora «para despistar» y que tiró el resto de su vestimenta días antes en un contenedor de vidrio «frente a un hotel» (en la urbanización Retamar).

La trampa

La asesina en su declaración también se refirió a la trampa que le tendieron los agentes de la UCO para forzarla a mover el cadáver, aunque en ese momento la Guardia Civil todavía albergaba la esperanza de que el niño estuviera vivo y custodiada por una segunda persona. «Me puse nerviosa cuando me pidieron la llave de la finca para inspeccionarla», revelan los documentos del instituto armado.

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