Los polémicos papeles que no quieren que veamos

Un soldado custodia a prisioneros argentinos durante la guerra de las Malvinas. /M. CLEAVER
Un soldado custodia a prisioneros argentinos durante la guerra de las Malvinas. / M. CLEAVER

El Archivo Nacional británico denuncia que el Gobierno se queda con material polémico

ANTONIO CORBILLÓN

"Explore mil años de historia", invita la web de los Archivos Nacionales británicos. Situado en los Reales Jardines de Kew en Richmond upon Thames (sudoeste de Londres), presume de tener la mayor colección de documentos del mundo. Un repaso que arranca con el original del 'Domesday Book', el primer registro de la propiedad británico que fue creado por Guillermo I en 1086. Es el mismo contenedor de materiales que desveló hace unos días que en la revuelta china de la plaza de Tiananmen murieron más de 10.000 personas y no unos pocos cientos, como aseguró el Gobierno comunista. Los Archivos Nacionales apenas tienen catorce años de vida, después de que el Gobierno británico decidiera en 2003 fusionar los registros de tres de sus cuatro territorios (Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte). Escocia prefirió mantener su propio sistema de clasificación oficial.

Pero los ingleses descubren estos días que su pulcra burocracia hace agua por demasiados costados. Miles de de papeles que coinciden con episodios conflictivos del último siglo de vida del Reino Unido han desaparecido de esos Archivos Nacionales. Los expertos de este servicio, en el que trabajan cerca de 700 personas, calculan que casi mil archivos, con docenas de carpetas en cada uno, se han «extraviado mientras están prestados al departamento gubernamental», según reconocieron al diario 'The Guardian' voces anónimas del Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores).

Entre el material desaparecido hay carpetas enteras sobre la guerra de las Malvinas, que enfrentó a ingleses y argentinos en estas islas del Atlántico entre abril y junio de 1982. El combate contra los independentistas de Irlanda del Norte o la gestión colonial de Palestina, condenada tras la salida de los británicos a un conflicto sin final a la vista entre israelíes y árabes, son otros de los episodios de la historia oficial que podrían haber desaparecido.

Estas 'distracciones' parecen muy selectivas, ya que se han centrado en aspectos como las actividades del Partido Comunista de Gran Bretaña durante la Guerra Fría o la toma de control del Gobierno de su Majestad Jorge V (1910-1936) de los fondos de la Administración rusa en bancos de las islas tras la Revolución de 1917. En la lista también aparecen historias aparentemente menores, como la de Georgi Markov, el periodista disidente búlgaro que fue asesinado en 1978 en el puente de Waterloo, en pleno centro de Londres, de un disparo en una pierna con un artefacto que le inoculó una bola de ricino (una toxina mortal). Tras reconocer que se los habían llevado, desde el Foreign Office admitieron que «no se podían encontrar por ningún lado».

Estos documentos, que deberían estar a disposición de los historiadores, acaban en manos de funcionarios gubernamentales. Cualquier departamento del Estado puede hacerse con papeles oficiales mucho después de que hayan sido desclasificados y puestos a disposición de los investigadores, expertos en archivos y ciudadanos en general.

Una pregunta al amparo de la actual Ley de Información (equivalente a nuestra Ley de Transparencia) mostró que cerca de 24.000 archivos fueron 'prestados' a esos departamentos ministeriales. Los responsables de Archivos Nacionales reconocen que, a pesar de su insistencia en una devolución rápida, los prestatarios no tienen ninguna obligación de hacerlo. «Los Archivos envían regularmente listas a los departamentos del Gobierno de los papeles que tienen en préstamo. Si nos notifican que falta un archivo, preguntamos qué acciones se han realizado y qué medidas se están tomando para encontrarlo», dijo una voz anónima a 'The Guardian'. La cerrazón de las autoridades inglesas les lleva a negarse a confirmar si mantienen esos documentos o si han realizado copias de seguridad.

Esta forma de operar había despertado gran desconfianza en la prolífica escuela de historiadores anglosajones. Unas sospechas que aumentaron cuando el mismo Foreign Office reconoció en 2013 que habían estado acumulando, de forma ilegal, miles de documentos de archivos históricos en un completo de alta seguridad en Buckinghamshire (norte de Londres).

Todos estos escándalos del uso a discreción de material histórico saltó a la luz durante las investigaciones judiciales por las denuncias de un grupo de ancianos de Kenia que fueron detenidos y torturados durante las revueltas de 1950, fecha en la que pervivía el gobierno colonial británico. Entre sus excusas para no abrir los archivos, el Ministerio de Defensa ha llegado a negarse a ceder carpetas que revelan la venta de armas a Arabia Saudí o las técnicas de interrogatorio de sus espías con el argumento de que estaban en un edificio expuesto al amianto. Con el tiempo, quedó claro que era otra patraña más.

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