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«La escuela debe enseñar a reflexionar, a ser mejores chicos, no a pasar un examen»

El maestro César Bona presenta su libro en Málaga.
El maestro César Bona presenta su libro en Málaga. / Paula Hérvele
  • césar bona, maestro autor de 'Las escuelas que cambian el mundo'

  • Lidera una pequeña revolución educativa que empezó a través de su propia experiencia en colegios de Aragón

César Bona está liderando una pequeña revolución educativa, que empezó a través de su propia experiencia docente en colegios de su Aragón natal. Sus estudiantes hicieron una película de cine mudo o se organizaron en una protectora de animales. Le molesta que se hable de él como el mejor maestro de España, aunque ha sido el único entre los 50 finalistas al mejor profesor del mundo.

Ha recorrido todo el país para encontrar escuelas o institutos donde se hacen cosas diferentes, donde se forma a niños y niñas para que sean agentes de cambios sociales, donde se les enseña a ser reflexivos y mejores personas. Y además, con buenos resultados académicos. ‘Las escuelas que cambian el mundo’ forman parte de la red mundial de escuelas ‘Changemaker’ de la Fundación Ashoka, una red de emprendedores sociales a nivel mundial. Son siete, pero hay muchas más. Son el testimonio de que se pueden hacer las cosas de otra manera. En pocas semanas va por la segunda edición. Lo presentó anoche en La Casa del Libro de Málaga.

Un segundo libro en poco menos de un año, ¿qué le ha motivado?

El primer libro tenía que ver con un viaje interior de mí mismo, como maestro, sobre todo para recordar cosas obvias que no deberíamos perder de vista. Para este segundo he visitado siete escuelas y hago un viaje de meses para aprender de los compañeros. Ha sido una experiencia que me ha hecho crecer como persona y como maestro.

Una segunda edición en pocas semanas, ¿significa que hay interés por la educación?

La educación está en un momento bonito. En televisión, radio o prensa, cada día hay noticias positivas y eso es un buen síntoma. Lo que tenemos que hacer es airear estas experiencias buenas, porque algunas de las que se recogen en el libro llevan 40 años. Estas escuelas son un ejemplo de muchas otras que hacen cosas interesantes. Todos deseamos un cambio en educación, pero necesitamos ejemplos que nos hagan ver que hay otras formas de trabajar y que funcionan, los chicos van felices a la escuela y tienen buenos resultados y salen además teniendo respuesta a todo lo que sucede a su alrededor.

Me parece que un común denominador en las experiencias que relata es la libertad, responsabilidad o confianza en el alumnado de estos centros...

Sí, yo diría que el hilo conductor es el factor humano. Niños y niñas capaces de reflexionar, de cambiar las cosas, de mejorar la sociedad en la que viven. A eso debemos dedicar nuestros esfuerzos, a que sean mejores personas, y no a que aprueben un examen.

¿Qué opinan los padres?

Me ha interesado la labor docente, la labor de los equipos directivos y la experiencia de los niños y niñas, pero también es muy importante la opinión de los padres. Son padres y madres que al principio mostraban sus dudas, pero que hoy día saben que sus hijos son felices en la escuela, que aprenden, que disponen y manejan nuevas herramientas para desenvolverse en la sociedad, son más empáticos, solidarios, respetuosos con el medio ambiente, trabajan en equipo y se preocupan por la sociedad y no solo por ellos mismos. Algunos me decían «¿crees que yo traería a mi hijo aquí si no fuera feliz y no tuviera buenos resultados? Sería el primero en quitarlo».

Afirma que los profesores deben esforzarse en hacer felices a los niños, pero todo aprendizaje supone un esfuerzo, un sacrificio, y este puede parecer reñido con la felicidad.

Mire, cuando era pequeño, me gustaba jugar al fútbol. Y me esforzaba para superarme a mí mismo y ser mejor. Y esto me suponía felicidad. No está reñido el esfuerzo con la felicidad, al contrario, el esfuerzo nos lleva a la felicidad. Todos queremos ser felices, estar contentos en nuestros trabajos. ¿Por qué no los niños en el colegio? Esto no implica que haya exigencia y haya buenos resultados.

No todo es tecnología

Habla en su libro de escuelas innovadoras, desde Infantil a Secundaria y FP, pero veo que lo que hacen es jugar, leer cuentos y montar teatros, cultivar un huerto, trabajo colaborativo o proyectos, pero poco relacionado con la tecnología..

La palabra innovación está un poco manida. Hay cosas que se vienen haciendo desde hace 40 años y, si funcionan, ¿para qué las vamos a cambiar? Tampoco se trata de denostar a la gente que trabaja de una manera más tradicional. Mejorar la escuela no siempre significa dotarla de un montón de artefactos tecnológicos. Si te fijas en un grupo de adolescentes, estarán todos con un móvil en la mano, y justo con la función contraria para lo que fue creado, que era facilitar la comunicación. Eso se tiene que enseñar, para qué sirve la tecnología y en qué nos puede ayudar.

¿Qué envidia del sistema educativo finlandés?

Sobre todo el valor y la importancia que se le da a los maestros y a la educación, en todos sus vertientes, cómo se aprecia a los maestros desde la sociedad.

Usted que está en contra de los deberes, ¿apoyaría una huelga?

Los chicos ya hacen suficiente cada día en clase. Si los cargamos de deberes, ¿con qué ganas van a ir al colegio? Pero enfrentar al colegio con los padres por los deberes es un error.