Los abusos sexuales salpican a los premios Nobel

Dimitido. Peter Englund, secretario permanente de la Academia Sueca entre 2009 y 2015, anuncia a los periodistas el ganador del Nobel de Literatura de 2012. /TT NEWS AGENCY
Dimitido. Peter Englund, secretario permanente de la Academia Sueca entre 2009 y 2015, anuncia a los periodistas el ganador del Nobel de Literatura de 2012. / TT NEWS AGENCY

Un escándalo sexual aliñado con filtraciones de galardonados precipita cuatro dimisiones, la última en la Academia Sueca. La institución que otorga el prestigioso premio de Literatura es un polvorín

ICIAR OCHOA DE OLANO

Los Premios Nobel nacieron de una necesidad redentora. A finales del siglo XIX, el holmiense Alfred Bernhad Nobel se había hecho inmensamente rico al «encontrar formas de matar más eficaces que nunca». Cuando el inventor de la nitroglicerina, la dinamita y otros potentes explosivos comprobó que sus patentes le habían valido en la prensa el sobrenombre de «mercader de la muerte», pensó en fundar unos galardones de calado que reconocieran aportaciones notables a la humanidad para darles su nombre y así lavar su imagen. 117 años después de que se pusiera en marcha aquella colada póstuma, la Academia Sueca, la institución que cada año otorga el Nobel de Literatura, urge una operación similar para evitar que su prestigio acabe saltando por los aires. La mecha corre hacia la carga. Un escándalo sexual salpimentado con filtraciones de galardonados ha precipitado la dimisión de cuatro académicos -el último, el de la secretaria permanente, Sara Danius, se hizo público en la tarde de ayer- y convertido el organismo en un polvorín.

El origen del enfrentamiento interno que ha sumido a la entidad que preside el rey Carlos Gustavo de Suecia en la mayor crisis de sus 230 años de historia -fue fundada por su tocayo Gustavo III para impulsar el uso de la lengua sueca- se remonta al pasado mes de noviembre. En plena eclosión del movimiento #Me Too contra el acoso sexual a mujeres destapado en Hollywood, Estocolmo descubría una mañana a su propio Harvey Weinstein. En vísperas de la entrega del Nobel de Literatura al británico Kazuo Ishiguro, el periódico 'Dagens Nyheter' sacaba a la luz los testimonios de dieciocho mujeres -entre ellas, otras académicas y esposas e hijas de académicos- acusando de abusos y violaciones a Jean-Claude Arnault, marido de la escritora Katarina Frostenson, integrante de la respetada institución desde 1992. El susodicho es un dramaturgo y fotógrafo francés, bastante conocido en la capital escandinava, entre otras cosas por su cargo de director de Forum, un centro cultural sustentado económicamente por la Academia Sueca.

El bombazo informativo que daba cuenta de las supuestas agresiones, cometidas entre 1996 y 2017 en instalaciones que la institución posee en Estocolmo y París, no sacudió a todos los sectores por igual. De la misma manera que ocurría en la meca del cine con Weinstein, los rumores sobre la depravada conducta sexual de Arnault eran conocidos entre la élite cultural sueca. Tal y como sugirieron las presuntas víctimas de Arnault, otros miembros de la institución podrían haber sabido de su infame actividad y haberla permitido. La insinuación la reforzaría Peter Englund, secretario permanente de la Academia Sueca entre 2009 y 2015 y uno de los cuatro miembros que acaban de presentar su dimisión, quien reconocería entonces en las redes sociales sentirse aliviado porque el caso «finalmente haya salido a la luz».

Carlos Gustavo de Suecia Responsable de la institución «Es crucial que los involucrados contribuyan a resolver el conflicto»

El artículo periodístico que abrió de par en par las cloacas del Nobel de Literatura tenía recovecos. A las acusaciones de acoso y violaciones, el director artístico sumó la de filtrador de las identidades de los ganadores de ese premio durante largos años, propiciando el enriquecimiento de algunos jugadores en las apuestas multimillonarias que se organizan al calor del galardón. El esposo de la académica Frostenson habría quebrantado las normas centenarias del galardón hasta siete veces desde 1996 para 'ventilar' de forma anticipada los nombres de otros tantos vencedores. Incluido el de Bob Dylan, quien lo recibió en 2016. «Ya nada me sorprende sobre ese cabrón. Supongo que lo supo por su mujer», se terminaría por desahogar el ya cesante secretario permanente de la Academia Sueca. Por supuesto, el tal Arnault lo negaría todo.

«Falta absoluta de dignidad»

Entreabierta la caja de los truenos, en diciembre, la Academia Sueca procedió a negarle la entrada a la ceremonia del Nobel, a cortar todos los lazos con él y a interrumpir el suministro financiero que proporcionaba al centro cultural que promovió junto a su esposa académica. Entretanto, la Fiscalía abría una investigación criminal que en marzo le llevó a descartar los casos de abusos sexuales denunciados entre 2013 y 2015, si bien mantiene abierto el procedimiento que afecta a los demás.

En los últimos días, la tensión interna por el conflicto ha experimentado una escalada con la dimisión de cuatro de los dieciocho miembros que conforman la selecta institución. Desafiando los estatutos de la entidad, que otorga a sus puestos rango de vitalicios -es decir, deben ostentarlos hasta su muerte, por lo que técnicamente no se pueden dejar-, Klas Ostergren, Kjell Espmark y el crítico Peter Englund procedieron a devolver sus actas de académicos. Ayer se les sumó Sara Danius, sustituta de Englund a cargo de la secretaría permanente. Su decisión es la respuesta al voto contrario de la Academia a expulsar a Katarina Frostenson por las actuaciones de su esposo. Los dimisionarios consideran esa postura una «absoluta falta de integridad». Eso sí, únicamente Englund ha aludido de forma explícita al escándalo sexual en su comparecencia ante los medios para explicar su marcha.

Este último capítulo del 'culebrón Nobel' ha dejado en vilo al país de Abba, Ikea y la divina Greta Garbo. Incluido su soberano y máximo responsable de un organismo encallada en el fango. Tanto es así que hasta en dos ocasiones durante la última semana se ha visto obligado a pronunciarse sobre el turbio asunto. La primera, para censurar la decisión de los académicos cesantes (entonces eran tres) por considerarla «profundamente desafortunada, ya que puede ocasionar daños graves a las importantes actividades» de la entidad. La segunda, para llamar «a todos los involucrados en el conflicto a que lo resuelvan». «Es crucial que se den cuenta de su responsabilidad con la Academia», enfatizó el monarca. Con poco éxito, a tenor de la nueva dimisión producida ayer.

Mes decisivo para el premio

Por si faltaran ingredientes que sazonen el tremendo brete en el que se encuentra la institución, a todo ello se suma su inexorable calendario para la selección del próximo Nobel de Literatura. El galardón se falla cada año en octubre, pero uno de sus momentos decisivos acontece en abril, cuando la Academia Sueca reduce a una veintena la lista de aspirantes a coronarse con la disputada medalla de oro.

En estas semanas, precisamente, culmina un proceso de selección que se abre en septiembre. Entonces, el llamado Comité Nobel, formado por cuatro académicos, remite setecientas cartas a personas e instituciones invitándoles a proponer aspirantes. Ese cuarteto se ocupa de reducir el ejército de candidatos a quince o veinte y, durante este mes, los presenta al pleno de la Academia, formada por 18 miembros, la mitad de ellos, mujeres. En mayo quedan cinco finalistas y, entre junio y septiembre, todos los miembros leen y debaten la obra de los elegidos. Un mes después, se anuncia su fallo al mundo. Este año, la fuerte marejada que vive la entidad amenaza seriamente con interrumpir, o al menos alterar, el protocolo.

Apremiada por la grave crisis que atraviesa, la Academia Sueca se reúne esta tarde. Tras revelarse que una investigación externa, encargada por la entidad, recomendó denunciar el club cultural de Arnault por irregularidades en la financiación recibida desde la institución, los medios locales prevén que la reunión se zanje con la salida de alguna figura de calado. El Nobel está que echa chispas.

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