Prohíben la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años

El chef Jamie Oliver, en una imagen de su campaña contra las bebidas energéticas./
El chef Jamie Oliver, en una imagen de su campaña contra las bebidas energéticas.

Tres cadenas de supermercados de Reino Unido dejarán de vender a menores de 16 años bebidas energéticas. Sostienen que su consumo excesivo es nocivo para la salud

Prometen aventuras y puestas de sol en lo alto de una montaña, ofrecen esfuerzo, resistencia, deporte y una salud envidiable al alcance de unos cuantos sorbos. Son el trago feliz de la vida, el que permite superar sin apuros los exámenes finales y afrontar los días y las noches con un optimismo fuera de lo común. Una sola lata de bebida energética es la antesala a un mundo donde el cansancio no existe y la dura realidad es mucho más fácil de soportar.

No todos perciben este paraíso de la misma manera. Médicos y dietistas no dejan de advertir de que lo que en verdad reciben quienes beben estas pócimas milagrosas no son bocados de felicidad sino chutes de azúcar, cafeína, teína, ginseng, taurina, efedrina, guaraná y otras sustancias estimulantes que, consumidas en exceso, pueden provocar serios problemas para la salud. Y si los consumidores son adolescentes o niños, estas bebidas les pueden llevar directamente al futuro. «Es como si su cuerpo envejeciera, son refrescos muy azucarados de baja calidad nutritiva que traen consigo problemas cardiovasculares y de obesidad, colesterol, diabetes de tipo dos, que es típica de adultos pero cada vez se da más en niños, caries y un mayor riesgo de contraer algunos tipos de cáncer», afirma la dietista nutricional Cristina Pérez Garay.

Numerosos estudios realizados en los últimos años han advertido sobre los efectos perniciosos de las bebidas energéticas en una juventud cada vez más aficionada a este tipo de sustancias. En 2013 la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicó un estudio en el que reveló que la mitad del consumo total de estas bebidas lo lleva a cabo la población de entre 12 y 25 años y que dos de cada diez niños de entre 3 y 10 años consumen este tipo de refrescos. Es de suponer que desde entonces estas cifras han aumentado.

«El corazón late más rápido y más fuerte. No eres consciente de los signos del cansancio»

Café y azúcar a destajo

Eso es al menos lo que se piensa en Reino Unido, donde tres de las cadenas de supermercados más importantes del país -Asda, Aldi y Sainsbury's- han decidido prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años. La iniciativa es la respuesta de estas empresas a una campaña lanzada por el popular chef británico Jamie Oliver, quien ha abanderado un movimiento para restringir este tipo de productos a niños y adolescentes. Según el cocinero, «el 12% de los menores de 11 años beben latas de refrescos energéticos de medio litro que equivalen a dos cafés expresos y doce cucharadas de azúcar». Oliver sostiene que el abuso de estas bebidas está relacionado «con el bajo rendimiento en la escuela» y que «un consumo regular de bebidas azucaradas y con cafeína puede causar obesidad o enfermedades en encías o caries dentales».

Sus argumentos están apoyados por un reciente estudio de la universidad canadiense de Waterloo, que ha realizado una encuesta entre 2.000 jóvenes de 12 a 24 años consumidores de bebidas energéticas. Más de la mitad de ellos reconoce que tras ingerirlas han experimentado efectos negativos como palpitaciones, dificultades para dormir, vómitos, diarrea o náuseas y dolor en el pecho.

Todo esto no quiere decir que un consumo moderado de este tipo de bebidas sea una fuente de catástrofes para la salud. Depende de la cantidad y también del motivo. No es lo mismo tomar un refresco energético para aplacar la sed que para mitigar los efectos de una juerga regada con abundante alcohol. «Si al día siguiente de una noche de copas en la que no has dormido tomas estas bebidas en mayor cantidad de lo aconsejable tienes muchos factores para sufrir problemas», asegura el doctor Julián Pérez-Villacastín, miembro de la Sociedad Española de Cardiología.

Estos refrescos están asociados a dos mundos contrapuestos: el de la noche y el del deporte. «Sus efectos son muy parecidos a los de la cafeína. Hace que el corazón lata más rápido y más fuerte y produce la sensación de que no eres consciente de los signos del cansancio», explica Pérez-Villacastín. Por eso, añade, «si disfrazas la fatiga y sigues forzando la maquinaria, el organismo protesta».

Aunque se ha llegado a asociar el consumo excesivo de bebidas energéticas con la muerte súbita que sorprende a algunos jóvenes deportistas, Pérez -Villacastín sostiene que habría que estudiar «caso por caso». De lo que sí está seguro es de que «el consumidor debe saber que eso que le hace resistir más no es bueno». «La gente piensa que, como el ejercicio es saludable, cuanto más se haga es mejor para la salud, y eso no es verdad. Lo mismo ocurre con las bebidas energéticas, si te dicen que son saludables abusas de ellas», concluye.

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