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A la caza de la 'avispa asesina'

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Vista de un panal. / Ó. CHAMORRO

  • APICULTURA

  • A los insecticidas, el cambio climático, los virus, hongos y la industrialización de la agricultura que amenazan a las abejas se une ahora la invasión de la avispa asiática o 'vespa velutina'

Hace más de medio siglo, Albert Einstein alertaba ya sobre la importancia de cuidar a las abejas y aseveraba que, «si desaparecieran de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida». Jesús Manzano, director y vicepresidente de la Fundación Amigos de las Abejas , no comparte la tajante visión apocalíptica del físico más famoso de la Historia, pero sí alerta de que, de desaparecer los polinizadores - abejas , mariposas e incluso un tipo de murciélago que habita en el Caribe-, el hombre estaría casi condenado. No en vano, estos insectos son los responsables de que a nuestra mesa lleguen hasta dos tercios de los vegetales que comemos.

«Son, junto a los hongos y el zooplancton, la base de la cadena trófica que alimenta a toda la pirámide, pero la mayor parte de la población humana se alimenta a base de plantas que no necesitan polinización, como el arroz o los cereales. Si se acabaran los cereales sí que el ser humano moriría», matiza Manzano, que insiste en que «no es correcto decir que las abejas están en extinción, pero sí que se observa un preocupante declive».

La alerta sobre la supervivencia de la abeja común se desató hace más de dos décadas con la constatación del despoblamiento progresivo de las colmenas.

Las causas de este fenómeno, global, no están claras veinte años después. A los insecticidas, el cambio climático, los virus, hongos, parásitos, así como la industrialización de la agricultura, se une ahora la amenaza del avispón asiático, la 'vespa velutina'.

Esta especie invasora entró por Burdeos en un contenedor de material de construcción procedente de China, se extendió por el sur de Francia, pasó los Pirineos y ya está en Cataluña, Navarra, País Vasco, Asturias, Galicia y el norte de Portugal, alerta Manzano.

Aprender a defenderse

«El avispón adulto come fruta madura, pero a sus larvas las cría con abejas y larvas de abeja. Para ello manda a un explorador y, cuando encuentra una colmena, avisa de su localización y entre todos acaban con ella». Según explica, el avispón asiático y la abeja común viven en armonía en Asia, donde la abeja sabe cómo enfrentar a su enemigo.

«Cuando entra un avispón en la colmena, las abejas comienzan a vibrar para generar calor hasta superar los 45º que soporta el invasor. Si consiguen matar al explorador para que no traiga a las demás, habrá sobrevivido la colonia». Sin embargo, las abejas europeas aún no saben cómo lidiar con el nuevo enemigo, que avanza poco a poco por la península. La alerta es tal que ha llegado hasta el Parlamento Europeo de la mano del eurodiputado del PSOE José Blanco, quien ha preguntado a la Comisión Europea sobre sus planes para frenar la invasión de la 'Velutina' y su impacto sobre la supervivencia de la abeja común, que en algunas zonas de Galicia ha afectado hasta al 80% de la población apícola.

La Vespa Crabro o vespa germánica, común en Europa, es algo más grande -unos 45 mm-, con numerosas franjas amarillas y cuerpo marrón, mientras que la invasora, la avispa asiática o 'vespa velutina', es negra en el tórax y en la cabeza y tiene solamente un anillo amarillo, color que se repite en las patas. Según destacó Manzano, es importante distinguirlas puesto que el avispón germánico defiende el territorio frente al invasor asiático, que fue detectado por primera vez en Francia en 2004 y en España en 2010.

Otra manera de diferenciarlas es por su nido. La avispa asiática construye una colmena de hasta 80 centímetros y es totalmente esférica, frente a la europea que construye nidos más pequeños y achatados. Si vemos un nido sospechoso, el procedimiento es avisar a la Guardia Civil para que apliquen el protocolo correspondiente.

Equilibrio del ecosistema

Las amenazas son numerosas y los recursos en la lucha mínimos, con tímidas respuestas como la decisión de la Comisión Europea de ordenar la prohibición -temporal- de tres insecticidas muy comunes en los cultivos y que los científicos relacionan con la muerte masiva de las abejas . «Los pesticidas afectan a las abejas haciendo además que pierdan la orientación y no sepan volver a su nido, lo que se llama el Síndrome de Despoblamiento de las Colmenas», señala Manzano, que recuerda la vital importancia del equilibrio del ecosistema.

«Si no hubiera polinizadores no habría arrozales, porque desaparecerían las plantas que sostienen las plagas. Es lo que ocurrió con la agricultura industrial cuando hicimos monocultivos, perdimos las fronteras vegetales que funcionan como elementos biológicos de contención de plagas, lo que nos obligó a abonar los campos y a meter pesticidas que acaban en nuestro hígado, en nuestros riñones y en el cerebro».

Entre otras cosas, este emprendedor social, experto en tecnologías de la información y activista de Greenpeace desde hace más de dos décadas, coordina una ecocolmena localizada en Guadalajara donde aplican la apicultura responsable, con colaboradores que contribuyen apadrinando colmenas, y desde donde facilitan el contacto del consumidor con la vida de las abejas y los problemas que las rodean.

A la caza de la 'avispa asesina'

/ O. CHAMORRO

«No estamos enfocamos a la producción, pero producimos miel para compensar al consumidor que contribuye con donaciones». Cada colmena tiene el nombre con el que la bautizan los padrinos, como la última incorporación de la distribuidora DeAPlaneta para celebrar el estreno de 'La Abeja Maya, la película', que llega a los cines el 5 de septiembre.

«No seguimos los métodos de trabajo que favorecen la producción de miel y que tienen exclusivamente un interés económico». Como el método Barrett, que consiste en retirar la miel de las colmenas y asfixiarlas para eliminar a todas las abejas. De esta manera se ahorran el tratamiento sanitario necesario para luchar contra la avarroa, así como la alimentación en invierno de las abejas y, cuando llega la primavera, compran paquetes de reinas fecundadas con las que crear una nueva colmena.

«Aquí respetamos a las abejas , no por espíritu filantrópico sino por responsabilidad», describe Manzano, que insiste en que si no hubiera polinizadores el hombre estaría bastante condenado «pero no de una forma tan directa como dijo Einstein».