El insólito caso de la persona que no quiere ser hombre ni mujer

Christie Elan-Cane, ayer en las cercanías de la Corte Real de Justicia de Londres. / DOMINIC LIPINSKI-ZUMA PRESS

Un juez exige al Gobierno británico que revise su sistema de expedición de documentos después de que una mujer transgénero reclame el pasaporte X

ANTONIO CORBILLÓN

Cada vez que abrimos una cuenta en Facebook, compramos un billete de avión o pedimos presupuesto para el seguro del coche, tenemos que rellenar una casilla. Sexo: masculino o femenino. En algunos casos, por ejemplo en este último del seguro de conducción, incluso puede influir en el precio.

Christie Elan-Cane nació 'oficialmente' como mujer. Pero está harta de tener que definirse con un género que no siente suyo. Ella se declara ser humano «sin género». Veinticinco años de lucha que ayer superaron un nuevo obstáculo ante la Corte Real de Justicia de Londres. Elan-Cane reclama su derecho al pasaporte X, el que deberían llevar las personas transexuales o intergénero.

«Permiso concedido para llevar el caso a una audiencia sustantiva», escribió ayer en su Twitter al salir de los juzgados. Traducido al lenguaje de la calle significa que el Gobierno británico tendrá que revisar su política de asignación de los roles sexuales, hombre o mujer, a todos sus ciudadanos. «Es sólo una etapa pero vamos por el camino correcto», explicó una/un exultante Christie.

El beneplácito judicial podría añadir en un periodo no muy largo al Reino Unido a los diez países que ya permiten expedir un pasaporte X. Canadá ha sido la última incorporación el pasado mes. Se suma a una lista que incluye a Australia, Alemania, Dinamarca, Nueva Zelanda, Malta, Pakistán, India, Irlanda y Nepal. La suma de todos ellos significa que más de 1.500 millones de terrícolas tienen derecho a reclamar un género neutral.

Hasta no hace mucho ni siquiera figuraban en las casillas de clasificación de los colectivos de las minorías sexuales. Ahora han añadido una inicial a estas organizaciones. La 'i' latina que defiende los derechos de los intersexuales, seres humanos nacidos con características biológicas de ambos sexos, personas transgénero o los casos de disforia de género (desacuerdo entre la identidad y el sexo biológico).

Ante los jueces de la Corte Real, Elan-Cane reclamó que la identidad legítima «es un derecho humano fundamental» y denunció que las personas «que no son de un género somos tratadas a menudo como si no tuviéramos derechos». Recordó que, para obtener un pasaporte británico, hay que definirse obligatoriamente como hombre o mujer. «El Gobierno británico está discriminando a sus propios ciudadanos ya que permite que los titulares de pasaportes extranjeros X sí puedan entrar en el país», les advirtió.

La repercusión de su caso como defensa de derechos fundamentales, por minoritario que pueda ser su colectivo, atrajo el apoyo de 50 diputados del Parlamento de Westminster que han firmado por el cambio legal. Y también del prestigioso bufete de letrados Clifford Chance. Una de sus socias, Narid Singh, arengó a los togados para que entendieran que el rol de género «es una parte fundamental de la identidad íntima y personal». Y que se había convertido en «una opción inaceptable entre renunciar a un pasaporte o hacer una falsa declaración para tener un documento que falsifica la identidad de una persona».

El Servicio de Identidad y Pasaportes anglosajón se ha negado hasta ahora a abrir esta opción por considerar que limitaría otras leyes y tendría un gran coste para adaptar los servicios informáticos y de seguridad. «Es una delicada política social. Los Estados miembros (del Consejo de Europa) tienen un margen de discreción en los avances en estos derechos», explicó ayer la abogada del Ministerio del Interior, Sarah Hannett.

No le falta razón. Cuatro países de Europa han dado ya ese paso. Y España podría ser el siguiente. Este año se cumple una década de la aprobación de la ley que permite en nuestro país la adaptación registral y de identidad tras una operación de cambio de sexo. Y ahora, el Congreso de los Diputados dispone de un borrador para dar un paso más y legalizar la «autodeterminación de las personas». Así llama a este proceso Mané Fernández, transexual y portavoz del colectivo en la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Un texto que «habla de toda la realidad 'trans' y que va mucho más allá de lo que se acepta ahora porque hay muchas personas que nunca se van a hacer un tratamiento, pero eso no significa que acepten su condición», continúa Fernández. Las organizaciones de defensa de las minorías sexuales insisten en que hace falta mucha educación para «romper el binarismo hombre-mujer, un modelo caduco que nos está haciendo mucho daño», lamenta el portavoz.

Incluso se queda pequeño el 'paraguas' del término 'trans' (transexual, transgénero...) y optan por llamarlo «sexo no definido». Una indefinición difícil de aceptar para las generaciones más mayores frente a «un creciente aumento de este comportamiento entre los más jóvenes», apunta Fernández.

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