"Busco trabajo": los famosos diseñadores que ahora están en el paro

"Busco trabajo": los famosos diseñadores que ahora están en el paro

Lo han sido todo en las últimas décadas. Han levantado casas legendarias, pero ahora están sin trabajo. Nunca la moda tuvo de brazos cruzados a tantos genios, que esperan ofertas para encauzar su vida profesional

LUIS GÓMEZ

La industria del lujo asiste a un hecho insólito y demuestra que no se casa con nadie, por muchas medallas que algunos diseñadores quieran colgarse. Mantiene en estos momentos en la cola del paro a geniales diseñadores que piden un empleo. Nunca tantos modistos y de tan alto nivel se habían encontrado en una situación parecida. Acostumbrados a vestir a celebrities y pisar alfombras rojas, pasan las horas muertas esperando a que suene el teléfono y ver si les caen ofertas de algún taller de costura. La lista asusta por el impacto mediático de los damnificados. Ahora mismo permanecen de brazos cruzados Riccardo Tisci, Stefano Pilati, Alber Elbaz, Peter Copping, Hedi Slimane, Peter Dundas...

La lista es interminable. Son de todo, menos unos cualquiera. Llevan décadas revolucionando la moda. Han hecho fama y ganado millones de euros a espuertas. Ellos y las empresas que les contrataron. Tienen tratamiento de estrellas y trabajaban con cachés de muchos ceros, a la altura de los mejores entrenadores de fútbol. Ha sido una relación de mutua complicidad. Mientras los modistos se sentían los reyes del mambo manejando todos los hilos del negocio, las empresas disparaban los beneficios. Muchos, sin embargo, han pasado de repente al ostracismo. Hasta que su buena estrella comenzó a declinar, por diferentes circunstancias, hicieron un trabajo tan sobresaliente que firmas legendarias como Lanvin, Balmain, Givenchy, Oscar de la Renta o Balenciaga, por poner solo algunos de los ejemplos más relevantes, andaban de capa caída, tomaron aire y volvieron a vivir una nueva edad de oro.

La última en caer ha sido Phoebe Philo, que ha salido de forma misteriosa de Céline. Su caso y el de la exdirectora creativa de Gucci, Frida Giannini, recuerdan al de sus homólogos masculinos, que salieron por la puerta de atrás. La directora creativa de Céline es posiblemente uno de los casos más paradigmáticos. El legado de la inglesa alcanza a todo tipo de marcas, tanto de lujo como de moda rápida. No se descarta que algún día pilote los destinos de Burberry e incluso de Chanel, deslizan algunos de sus colaboradores más cercanos. No obstante, voces autorizadas como Cathy Horyn de la revista 'The Cut', han pronosticado su definitivo adiós del mundo de la moda.Sin alcanzar su notoriedad, 2017 finiquitó también el paso de Jonathan Saunders por Diane von Furstenberg y el de Nicola Formichetti por Diesel. A estas alturas, la moda es lo más parecido a una guadaña que corta todo tipo de cabezas. Hedi Slimane, que reinventó Saint Laurent y Balenciaga y creó una nueva silueta masculina con trajes ultraceñidos, enfocó la vida hacia su otra gran pasión: la fotografía. Triunfa como en los mejores tiempos en las pasarelas. Resulta curioso también que un John Galliano, al que Dior nunca perdonó los insultos antisemitas proferidos a una pareja de parisinos cuando se encontraba completamente borracho, se haya redimido al frente de Maison Margiela.

Pero la pregunta que se hacen propios y extraños es qué está pasando para que el idilio 'marca-diseñador' se esfume a las primeras de cambio. Para que matrimonios antaño tan longevos se divorcien en cuanto surgen los primeros problemas. «A nadie le importa una mierda ser elegante hoy en día», se justifica Pilati, al que Saint Laurent y Zegna dieron puerta. Se habla de la incapacidad de muchos diseñadores para mantener el ritmo de creatividad y producción necesario para presentar tantas colecciones anuales. Tampoco se pasa por alto la demanda de resultados inmediatos, que deja un fino margen para la experimentación en casas con tanto poso histórico. Elbaz, que permaneció 14 años en Lanvin, fue a la calle en cuanto los beneficios menguaron. Su relación con la accionista mayoritaria, Shaw-Lan Wang, de quien se dice que compró Lanvin solo por impresionar a una amiga a la que le gustaba la firma, fue su tumba. Su sustituta, Boucha Jarrar, fue un visto y no visto. Aguantó solo 16 meses al no calar su propuesta entre los clientes.

Otra veces el peso de la tradición y de no saber qué hacer con ella aborta las mejores intenciones. Es lo que le pasó a Massimo Giorgetti cuando le entregaron el regalo envenenado de reflotar Emilio Pucci. Una punzante crítica de una editora de 'The New York Times' titulada 'Inexplicable' enterró todas sus ilusiones. La revista 'Women's Wear Daily' echó más leña al fuego al considerar que si bien Giorgetti apostó por lo alegre, llamativo y brillante, «se pasó mucho» y en ocasiones sus propuestas traspasaron los límites de la locura, inconcebibles para el cliente tradicional de Pucci. ¿Resultado? Duró cuatro temporadas.

Pero ni él éxito económico y de crítica garantiza una buena convivencia y la continuidad de las mejores agujas. No todo depende de los beneficios. Massimiliano Giornetti hizo las maletas, pese a que Salvatore Ferragamo marchaba como un tiro. Sus jefes no le toleraron que anduviese tonteando con la posibilidad de apadrinar un proyecto nuevo. A Dundas, el modisto más elegante y divertido de la escena actual, y también el más derrochador, los cierres de tiendas y cambios corporativos le costaron el puesto en Roberto Cavalli. Él, que lo ha sido todo, busca también empleo.

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