«Buñuel se me ofreció como extra y le dije que no»

Con una de sus muchas fotos de recuerdo./FERNANDO GÓMEZ
Con una de sus muchas fotos de recuerdo. / FERNANDO GÓMEZ

Trabaja a diario y goza de los placeres cotidianos que son la sal de la vida. «Tengo muy buenos amigos actores, lo paso bien con ellos», dice el director de 'El maestro de esgrima'

CÉSAR COCA

Yo quería ser actor, pero el Señor no me llamó por ese camino, como por tantos otros». Pedro Olea se sienta en el sofá de su casa de Bilbao. Está a punto de caer la noche en un hermoso día de invierno y a través de los ventanales se ve el teatro Arriaga y la luz de las farolas reflejada en la ría. En la radio suenan las Sonatas y Partitas de Bach y una Rita Hayworth bellísima asiste a la conversación. En un cuarto próximo, se apilan en mesas los libros que ya no le caben en los anaqueles. En uno de los montones abundan los volúmenes de Sándor Márai. «Me gustaría hacer 'El último encuentro' en teatro», asegura este director que, próximo a unos 80 años por los que nadie que no hubiese visto su DNI apostaría, mantiene una actividad constante, que le lleva a trabajar cada día en guiones y planificación de rodajes. Tampoco olvida los pequeños placeres que son la sal de la vida, como el aperitivo que, si no anda filmando, sale a tomar cada día con los amigos por el barrio de Prosperidad -cuando está en Madrid- o el Casco Viejo -si esa temporada se encuentra en Bilbao-, la siesta o la función de cine o teatro que casi ninguna noche perdona.

No lejos del lugar donde se produce la entrevista estaba el restaurante de su familia, un local de justa fama gastronómica en un tiempo en que la cocina tenía menos fantasía y más contundencia.

- Mi vida durante la infancia transcurrió en el Casco Viejo de Bilbao. Comíamos cada día en el restaurante Retolaza, que durante un tiempo nos cerraron por motivos ideológicos, ya que mi tío había sido 'gudari'. Iba al colegio de los Maristas en una época en la que los frailes querían que a su fundador, Marcelino de Champagnat, lo beatificaran. Incluso escribieron un himno que los alumnos teníamos que cantar. Aún lo recuerdo.

«En los rodajes siempre se ha querido ligar, pero no son abusos. Aunque imagino que los habrá» «Rafael Azcona me decía: 'Si cortas una escena y la película se entiende, mejor que no la incluyas'»

Y lo canta con buena voz antes de rememorar sus primeras experiencias con el cine, el gran y casi único entretenimiento de los chavales de aquella postguerra que parecía no concluir nunca. «Íbamos al Olimpia, un cine en la Gran Vía que tenía la pantalla en medio de la sala y las películas se podían ver por los dos lados. Allí vi las de Fu Manchú y los hermanos Marx, y fue un flechazo». Apuntaban los filmes vistos, sobre todo aquellos que habían suscitado la mayor fascinación. «Para mí, los de María Montez. Ese cine medio oriental me gustaba mucho».

- ¿De qué estrellas de la pantalla se enamoró el adolescente Pedro Olea?

- Tardé en enamorarme porque a mí lo que de verdad me gustaba era el cine en sí mismo. Ni siquiera tenía la menor idea de que detrás de todo eso había un director. Coleccionaba cromos y tarjetas de las películas, que luego he seguido comprando en el Rastro, pagándolos a veces a precio de oro. ¿Actrices? Las grandes de aquellos años, las más populares, eran Ava Gardner y Rita Hayworth. Luego las conocí e incluso traté de que trabajaran en películas mías.

- ¿Cómo lo hizo?

- A Ava Gardner la conocí una noche en Madrid... Estaba un poco bebida. Traté de contar con ella para 'La Corea'. Al día siguiente me llamó para decirme que era muy majo pero el guion le parecía muy sórdido.

- A juzgar por el resultado, lo de Rita Hayworth no debió de ir mucho mejor.

- Aproveché que la trajo José María Íñigo para su programa en TVE. Pero para entonces ya era imposible porque tenía alzhéimer. Al final, hice la película con Queta Claver, y no funcionó. Y hubo otra vez en que fui yo quien dijo 'no' al ofrecimiento de un grande para participar en una de mis películas.

- ¿Quién fue?

- Luis Buñuel. Yo estaba rodando 'Juan y Junior en un mundo diferente' cuando se presentó en el plató. Él acababa de terminar 'La Vía Láctea' y se me ofreció como extra. Le dije que no, que mejor en otra.

- Un director que quería hacer de actor. Es lo que también quiso ser usted de joven.

- Pero lo dejé. Era una cuestión de timidez. No me relajaba y no podía meterme en el papel, así que me di por inútil total para la interpretación. Eso sí, soy un actor frustrado. Y creo que por eso me enrollo bien con los actores.

Primeros pasos

Pedro Olea estudió Económicas en Bilbao pero para entonces ya había sido contagiado por el virus de la pasión por el cine. Era apenas un adolescente cuando intentó que Hitchcock le firmara una foto durante su estancia en San Sebastián. Así que las aulas de la Facultad y las materias que allí se impartían no le parecía demasiado atractivas. «Un día, con algunas asignaturas de cuarto aprobadas, y varias de segundo y tercero aún pendientes, me bebí una botella de whisky y me atreví a decirle a mis padres que quería dedicarme al cine. Para suavizar la situación, les hice una propuesta: que terminaría la carrera en Madrid mientras empezaba los estudios de Cine».

- ¿Y lo aceptaron?

- Sí... Luego allí me olvidé enseguida de Económicas y me volqué en el cine. Tenía de profesores a García Berlanga, Picazo, Saura... de quien conservo aún los apuntes. Lo que se llevaba entonces era el cine social, pero yo no quería hacer eso. Al acabar en la Escuela me ofrecieron un contrato para una película y pedí como protagonista a Marisol, pero nos enteramos de que los derechos sobre aquel guion los tenía Losey. También me hablaron para hacer 'El fabricante de monstruos' con Borís Karloff, pero tampoco se hizo.

- ¿Tuvo muchos problemas con la censura? Por razones de edad le tocaron ya los últimos años.

- Me destrozaron la primera película: 'Días de viejo color'. Con todo, guardo recuerdos muy buenos de aquel rodaje. Y hubo momentos muy divertidos. La protagonista era Cristina Galbó, que entonces tenía 17 años. Había una escena de alcoba: ella llevaba puesto un bikini de tela muy gruesa y además estaba cubierta con una sábana que le habíamos pegado con esparadrapos... Cuando yo trataba de bajarle un poco la sábana, su madre, que estaba en el rodaje, me daba palmetazos en la mano para que no lo hiciera.

- Pronto empezó a ir a festivales internacionales, una de sus películas fue preseleccionada para los Oscar... ¿Qué le decían sus padres, que habían visto con escepticismo su futuro en el cine?

- Siempre me habían apoyado pero llegó un momento en que dejaron de pagarme la pensión y los vicios (se ríe). Para entonces, trabajaba en TVE y hacía largometrajes, así que ellos, encantados. No somos ricos, pero somos muchos en la familia y pusieron fondos para crear una productora. Eso fue a raíz de un problema con el autor de la novela de la que surgió 'El bosque del lobo'.

- ¿Cuál fue el problema?

- Estábamos rodando y un día apareció por allí el autor de 'El bosque de Ancines', una novela basada en hechos reales de la que partía el guion de la película. Nos dijo (Carlos Martínez-Barbeito, el autor de la novela) que Bardem también quería hacerla en cine y que nos la iba a quitar si no le pagábamos más. Así fue como la familia entró a producir mis películas y a partir de ese momento empecé a jugar en la primera división.

- La película no gustó en ciertos ambientes oficiales.

- A Carrero Blanco no le gustó nada en absoluto y creo que si pudo estrenarse en salas fue porque la premiaron en Valladolid. Luego hice 'La casa sin fronteras' porque quería ser Saura. La vieron todos como una película contra el Opus, y en realidad era una historia como kafkiana.

Proyectos

Ya es de noche cuando suena la 'Chacona' de Bach. Una aplicación de móvil permite identificar que se trata de la versión de Cecylia Arzewski. «Es maravillosa... Mientras trabajo siempre escucho música clásica». Los acordes del violín en esa dramática pieza, para muchos la más hermosa que se ha escrito jamás para el instrumento y que según la leyenda Bach compuso tras conocer la muerte de su primera esposa, subrayan el relato que el cineasta hace de su paso por TVE. Más en concreto de 'El caso de las envenenadas de Valencia', un episodio para la serie 'La huella de un crimen'. «Es uno de mis trabajos favoritos. Lo hicimos en tres semanas, filmando en 16 mm., sin apenas medios. Conseguíamos todo a cambio de publicidad. Y tuvo una interpretación maravillosa de Terele Pávez».

- ¿En qué ha cambiado el cine desde los años sesenta-setenta?

- En la relación humana, poco. El rodaje es algo mágico, a mí es lo que más me gusta. Ahora son más horas de rodaje, sobre todo en TV. De todos modos, puedo permitirme decir 'no' a lo que no me gusta. No me apetece hacer cualquier cosa. Creo que en este momento la censura está más en las teles, en el sentido de que sin el apoyo de una tele fuerte no ruedas.

- Al hilo de eso, su filme más premiado fue 'El maestro de esgrima' y Pérez-Reverte suele decir que es la mejor película hecha a partir de una novela suya. Hicieron otros proyectos juntos pero no salieron...

- Sí, hice un guion sobre una novela suya que no llegó a terminar, pero no salió. Es que no se me ocurren películas baratas (ríe abiertamente).

- Pero sí filmes con intérpretes muy famosos que nada tienen que ver con el cine. ¿Cómo fue rodar con Isabel Pantoja 'El día que nací yo'?

- Son gente con oficios relacionados con el teatro, y eso siempre ayuda. Un cantante tiene que ser también actor. Isabel Pantoja es de las personas con las que mejor me he entendido en un rodaje. Creo incluso que es mejor actriz que cantante.

- Sin salir del cine, ¿conoce casos de abusos como los que se difunden casi cada día respecto del estadounidense? ¿Ha habido un Harvey Weinstein español?

- Siempre se ha pretendido ligar en los rodajes, pero no son abusos. Ahora bien, imagino que los habrá habido en el cine, en la televisión y en todos los sectores, hasta en las fuerzas armadas.

- También se ha dedicado al teatro. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

- He trabajado con unos cuantos grandes del teatro. Concha (Velasco) me insistió varias veces y al final hicimos 'Inés desabrochada', que es una versión actualizada de Don Juan. Me gustó la historia. Con 'El pisito' casi ni me enteré. Lo paso muy bien con los actores y la ventaja del teatro es que ensayas mucho, frente a lo que pasa en el cine, donde ensayas poco.

- Usted es de esos directores que mantiene la relación con los actores finalizados los rodajes.

- Sí, tengo muy buenos amigos entre ellos. Quedo con frecuencia con Concha, Ana Belén, Víctor Manuel, José Sacristán, Ángel Pardo y unos cuantos más.

- En su filmografía se da algo poco frecuente: cuando ha revisado alguna de sus película ha sido para quitarle minutos. Lo habitual es lo contrario.

- Tengo no sé cuántas versiones de 'Apocalypse Now', 'Blade Runner' y otras, y las mejores son siempre las más cortas. Las grandes películas de la historia son de hora y media o poco más. No digo que siempre pase, pero los productores suelen tener razón cuando recortan los filmes. En ese sentido, aunque no fuera productor, yo aprendí mucho de Rafael Azcona.

- ¿Qué le decía?

- Solíamos juntarnos a trabajar en una cafetería. Con él hablabas de la vida, de la actualidad, de todo... y luego él hacía el guion. Su filosofía era esta: si cortas una escena y la película se sigue entendiendo, es mejor que no la incluyas. Durante años, también nos reuníamos Pilar Miró, Imanol Uribe, algún otro y yo y nos hacíamos sugerencias mutuas de montaje y cortes. Todavía Uribe y yo seguimos pasándonos las películas y nos hacemos recomendaciones de dónde cortar. Cuando estás muy metido en un proyecto no tienes perspectiva.

- ¿Ve la vida como si esta ocurriera delante de una cámara?

- Leyendo una novela sí me imagino cómo quedaría en el cine. Pero no me sucede en la vida real: es muy fascinante como para verla así.

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