La nueva forma de despedir a los muertos que está de moda en España

Luis Lafuente pasea por el pinar donde algún día descansará junto a su mujer, Joaquina./M. LAFUENTE
Luis Lafuente pasea por el pinar donde algún día descansará junto a su mujer, Joaquina. / M. LAFUENTE

Un documental busca historias para reflejar la nueva revolución funeraria: enterrar las cenizas al abrigo de los habitantes del bosque

ANTONIO CORBILLÓN

El nobel de Literatura portugués, José Saramago, solía contar que cuando su abuelo supo que iba a morir gastó sus últimas fuerzas en abrazar y despedirse, uno a uno, de todos los árboles de su huerto. Luis Lafuente quiere hacer algo más que despedirse de sus pinos. Quiere fundirse con ellos para siempre. Este nonagenario manchego decidió un día buscar el árbol bajo el que le enterrarán a él y a su mujer, Joaquina, enferma de alzheimer. Será bajo la arboleda que él mismo fue plantando hace 30 años en las afueras de Madrid.

«Cuando me lo contó un día que estaba un poco depresivo en la residencia pensé: 'esto lo tengo que grabar'», explica su hija, la directora de documentales Marisa Lafuente. El resultado es 'El Tesoro', un cortometraje que se ha convertido en el primer capítulo de un proyecto aún más ambicioso: 'Ahora soy Árbol'. Junto a su colega y también productor Néstor del Castillo, se proponen buscar por el mundo varias historias que reflejen la creciente costumbre en muchas sociedades de buscar la morada final a la sombra de un árbol.

«En Alemania es una pequeña revolución porque la ciudadanía se siente muy cerca de sus bosques», explica Del Castillo. De hecho, allí están buscando el segundo capítulo de 'Ahora soy Árbol'. No es difícil en un país que tiene regulados estos enterramientos desde hace quince años y suma docenas de bosques funerarios, todos cuidados por empresas profesionales de jardinería. Marisa y Néstor han elegido la floresta encantada de Reinhardswald (centro de Alemania), el mismo escenario en el que los hermanos Grimm idearon los cuentos de 'Hansel y Gretel', 'Caperucita' o 'Blancanieves'.

¿Seguiremos quemando los bosques si los humanizamos?

Como un árbol sano, el proyecto ha ido madurando y creciendo desde hace tres años. «Nos dimos cuenta de que cada vez era más grande y que tenía una fuerza audiovisual muy metafórica. Hay una realidad creciente de gente que busca su paz más allá de lo puramente religioso», argumenta Lafuente. «Y esa realidad es mundial. No nos diferenciamos tanto de un africano o un oriental. La muerte o la ecología son aspectos que nos unen a todos», completa Néstor del Castillo, director de De Cabo a Rabo Producciones.

Cuanto más investigan, más complicidades encuentran. Entre ellas el apoyo que les ha ofrecido el naturalista de guardia permanente en España: Joaquín Araújo. En su finca extremeña están enterrados sus padres y su sobrina de 4 años. Araújo, que va camino de los 25.000 ejemplares plantados, uno por cada día de su vida, también buscará algún día refugio 'post mortem' bajo uno de ellos. Hay más experiencias, muchas de ellas desconocidas, que se les han ido cruzando en su investigación. Como la de un ciudadano suizo que compró un naranjal en la Comunidad Valenciana y ofrece discretos entierros de cenizas a quien esté interesado. Una invisibilidad también forzada por la ley. «Estos entierros no son legales en España. En teoría, no se puede, ni se debe», reconoce Néstor del Castillo.

La Asociación Española de Servicios Funerarios admite que lleva años luchando por una ley nacional de servicios funerarios para regular estas prácticas. La ordenación legal corresponde a cada municipio y región. A iniciativa de Francisco I, la Iglesia católica prohíbe desde hace un año esparcir o conservar en casa las cenizas de un difunto.

La semilla del proyecto 'Ahora soy Árbol' ha crecido tanto, que sus creadores buscan la complicidad para su financiación en las redes sociales, a través de la plataforma Verkami. «Cuanto más nos documentamos, en más lugares del mundo encontramos historias que podríamos contar», afirma esperanzando Néstor. Ambos insisten en no buscar «ni proselitismo, ni debates religiosos; sólo entrar en los porqués de cada cual». Aunque no esconden la dimensión ecológica del asunto. ¿Seguiremos quemando los bosques igual si asignamos a cada árbol el nombre de un ser humano?

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