50 años del musical del sexo libre

50 años del musical del sexo libre

Nacido en los años más duros de la Guerra de Vietnam, se mantiene como emblema pacifista

JOSEBA VÁZQUEZ

Con el amanecer de la era de Acuario «la paz guiará a los planetas y el amor conducirá a las estrellas». Los cantantes, actores, dramaturgos y letristas estadounidenses James Rado y Gerome Ragni expusieron su declaración de intenciones ya en el tema de apertura de su libreto, la primera de las 27 melodías –algunas muy populares aún hoy– musicadas por el compositor canadiense Galt MacDermot y englobadas bajo el título de ‘Hair’ (‘Pelo’). Aquello iba, entre más cosas, de proclama antibelicista en los años en que Estados Unidos intensificó al extremo su intervención en la Guerra de Vietnam. Rado y Ragni comenzaron a trabajar en los textos y escenografía de la obra en 1964. «Éramos grandes amigos, teníamos una relación apasionada que dirigimos a la creación de esta pieza. Entonces había tanta emoción en las calles, en los parques y en las áreas ‘hippie’ que pensamos que sería maravilloso transmitir esa emoción al escenario», ha explicado Rado. Lo hicieron. Y con enorme éxito ininterrumpido durante casi cinco años.

‘Hair’, con su casi olvidado subtítulo de ‘El amor tribal americano’, se estrenó el 17 de octubre de 1967 en el Public Theater neoyorquino, una sala de poco más de 200 asientos perteneciente al denominado off-Broadway, esos escenarios alejados del prestigio y presupuestos que iluminan a su hermano mayor, el circuito de Broadway. Pero el impacto de este musical rock, rompedor, transgresor y pionero que ahora cumple medio siglo de vida, fue tal que seis meses más tarde ya se había hecho un hueco estelar en la gran avenida de los espectáculos teatrales más prestigiosos. La obra debutó el 29 de abril de 1968 en el selecto Biltmore Theater, donde permaneció sin descanso hasta el 1 de julio de 1972, después de cumplimentar 1.750 representaciones, récord de ese escenario. En el reparto participaron los propios Rado y Ragni y también Diane Keaton, en un pequeño papel.

Desnudos integrales

Acusado en su día de desprecio a la bandera de EE UU, el musical ataca frontalmente los convencionalismos de la sociedad americana del momento, censura el consumismo y el belicismo y defiende la plena libertad, sobre todo la sexual. Amor tribal. Con los ecos de la Guerra de Vietnam de fondo, ‘Hair’ cuenta la historia de una ‘tribu’ de jóvenes inconformistas que queman las cartas de los reclutas llamados a filas, desafían los comportamientos racistas, afean las constumbres burguesas, exploran al máximo su identidad sexual y experimentan con la droga por excelencia de la época, el LSD. Principios de la contracultura ‘hippie’ y una colorista explosión de psicodelia. Numerosos impactos reunidos, especialmente porque en algunas escenas los actores y actrices exhibían desnudos integrales, lo que hizo que su representación fuera censurada los primeros años en algunos países. Desde luego, en España.

«Ese pelo largo es un símbolo de declaración de independencia individual y de ruptura con la sociedad para todos los jóvenes idealistas de entonces», resume la musicóloga Marta García Sarabia, autora del libro ‘Jesucristo Superstar. Ópera rock. La pasión de Camilo Sesto’, editado hace un año. El conocimiento sobre este segundo título permite a la experta realzar la trascendencia de ‘Hair’ en el universo de los musicales. «Innovó por completo. Se ha convertido en un auténtico clásico, en una obra de culto que inspiró otros muchos musicales rock a nivel mundial. ‘Jesucristo superstar’, que es una ópera icónica, bebe de su influencia estructural y musical. ‘Hair’ es totalmente pionera en todos los sentidos». Marta García va más allá: «Introduce una clara proclama antibelicista. Sus canciones son himnos que calaron en los gustos de la juventud y la convierten en una obra no solo atípica, sino también atemporal». No hay mucha discusión sobre esto si se observa la frecuencia con que temas como ‘Aquarius’, ‘Good morning starshine’, el mismo ‘Hair’ o ‘Let the sunshine in’, la canción final, siguen escuchándose en emisoras de radio o pubs.

El salto al cine

Es muy similar la opinión de Iñigo Santamaría Ruiz de Azua, gran conocedor del género que este mismo año ha publicado ‘Desde al sur del Pacífico hasta más allá de la Luna’, un recopilatorio de 1.600 páginas en tres volúmenes que documenta todas las producciones musicales estrenadas en España desde 1955 hasta 2012. «Además de incorporar al teatro un estilo musical muy próximo al que sonaba entonces en la radio, mostraba rebeldía en cuanto a la historia que contaba, las letras e incluso en la forma en que las contaba, con una estructura muy particular». Santamaría data la llegada de ‘Hair’ a España en junio de 1970, en la discoteca Picadilly de Madrid. «Que Daniel Bohr, un joven director de carrera meteórica, se arriesgara a ofrecer una adaptación en la clandestinidad en plena dictadura de Franco, que había prohibido su representación aquí, supuso un soplo de libertad; incrementó su carácter rompedor». Bohr empleó una pequeña artimaña para burlar la censura: un espectáculo que se presentara como producto de ‘variedades’ o ‘revista’ no precisaba fiscalización de la autoridad. «La tituló ‘Picadilly’s review’ y coló». Pero solo momentáneamente. «Por desgracia, la censura acabó enterándose y clausuró el local», ilustra Santamaría.

El musical pudo verse cinco años más tarde en Barcelona y Madrid, en inglés y bajo el título de ‘Rock clásico de los 60’, y ya en 1977 se estrenó la primera versión en castellano y con su nombre original. En España ha habido otras tres producciones posteriores, en 1989, en 1996 y la última en 2010, esta dirigida por Daniel Anglès.

‘Hair’ no precisaba altavoces para ser conocida, pero es una evidencia que la adaptación cinematográfica dirigida por Milos Forman y estrenada en 1979 le dio mayor relevancia mundial. El filme no aporta, por lógica, la interacción constante con el público que se vivía en el teatro, pero sí le dota de un dramatismo épico mayor, especialmente en ese colofón que grita ‘Deja que entre la luz del sol’. ¿Un mensaje idealista? Claro, aunque dice el psicólogo y científico canadiense Steven Pinker lo siguiente: «Nunca vamos a tener un mundo perfecto, pero no es romántico o ingenuo trabajar por uno mejor».

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