El ángel del 'Titanic'

El ángel del 'Titanic'

Tres torpedos hundieron hace un siglo el 'Carpathia',el buque que seis años antes rescató a los 706 supervivientes del icónico naufragio

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Varios cientos de libros, dos docenas de películas, otros tantos musicales de Broadway, una sinfonía, obras de teatro, series de radio, poemas, pinturas, cómics, videojuegos... La del 'Titanic' no ha sido la peor catástrofe naval, pero sí la más explotada. 106 años después de que un iceberg hiriera de muerte al mayor y más lujoso trasatlántico y lo mandara en su bautismo al fondo del mar, la fascinación que irradia su fugaz y apocalíptica historia continúa a flote. Buena parte de que eso ocurra no es, sin embargo, mérito suyo. Ni siquiera de Céline Dion. Lo es del 'Carpathia', un buque con un tonelaje tres veces inferior que, en la noche de autos, cambió de rumbo para acudir a toda máquina a la llamada de auxilio del coloso 'insumergible', sorteó un océano congelado, rescató a 706 supervivientes y los llevó de vuelta a tierra, sanos y salvos, en medio de una tempestad infernal. La gloria de su gesta, que recorrería entonces cada rincón del planeta, le sabría a poco. Seis años después, hace ahora un siglo, tres torpedos lanzados desde un submarino alemán lo hundieron a 300 kilómetros de las costas de Cornualles, en Gran Bretaña. Y con él, su epopeya.

«Pese a que el barco y su capitán se hicieron extraordinariamente famosos y, durante algún tiempo, miles de personas desfilaron por el puerto de Nueva York para ver con sus propios ojos el 'Carpathia', la enormidad del desastre acabaría por eclipsar la grandiosidad del rescate. Por desgracia, hoy pocos conocen la misión que ejecutó esa otra embarcación menor, que es lo que imprimió grandeza, heroicidad y romanticismo a una historia que, de otra manera, solo sería una tremenda tragedia marítima», valora a este periódico la australiana Jay Ludowyke, doctora en Artes Creativas y autora del libro 'Carpathia', que está a punto de ver la luz, de la mano de la editorial Hachett, con motivo del centenario de su desaparición.

Detrás de la proeza, un hombre vigoroso, de ojos azules, con el pulso y los principios de acero: Arthur Rostron, oficial de la compañía naviera británica Cunard Line y capitán experimentado. Desde 1896 había servido en buques de vapor, incluidos los grandes trasatlánticos 'Umbria' y 'Etruria'. El 18 de enero de 1912, apenas tres meses antes de que el 'Titanic' hiciera aguas con 1.317 pasajeros a bordo, le pusieron a los mandos del 'Carpathia', un trasatlántico sin comodidades diseñado para transportar inmigrantes del este de Europa y ciudadanos de clase media. El jueves 11 de abril emprendió otro de sus viajes rutinarios desde Nueva York con destino a Gibraltar, Génova, Nápolés, Triestre y Rijeka, en Croacia. Esta vez, con un pasaje de 775 personas. Los siguientes días de travesía serían apacibles. Pero su destino estaba a punto de cambiar bruscamente.

A las 00.30 horas del lunes día 15 de abril el capitán Rostron estaba a punto de echarse a dormir cuando el puente de mando le informó de que el 'Titanic' había impactado contra un iceberg y estaba lanzando señales de socorro. «Pregunté dos veces si estaban seguros de que se trataba del 'Titanic'. Me dijeron que sí y ordené de inmediato el cambio de rumbo en dirección a donde se encontraban. Estaban a 58 millas marinas de nuestra posición (107, 5 kilómetros). Les informamos de que llegaríamos hasta ellos en unas tres horas y media. A continuación, pedí al jefe de máquinas la máxima velocidad y ordené que se prepararan los botes salvavidas y se sacaran los equipos de repuesto», contaría después ante el Senado de los Estados Unidos en una emocionante comparecencia.

«Desactivaron todos los servicios no esenciales y cerraron las válvulas de seguridad para aprovechar todo el vapor para los motores. El 'Carpathia' nunca había navegado más rápido. Era una manibra valiente y peligrosa. Podían haber corrido la misma suerte que el 'Titanic'», destaca Ludowyke.

A las 2.40 horas, el puente de mando detectó un tímido resplandor sobre la negrura del cielo. Era una bengala. «Di por hecho que procedía del 'Titanic'. Pensé con alivio que seguía a flote. Pero aún estábamos muy lejos». Poco después, por la proa se asomaba, amenazante, una sombra irregular y blanquecina. Entraban en zona de icebergs. «Viramos para evitarlo, pero había muchos más. A las 2.45 horas ordené parar los motores. Estaban por todos lados. Sabiendo que el 'Titanic' había golpeado el hielo, teníamos que tomar precauciones. Cambiamos de rumbo en varias ocasiones para esquivarlos», expuso el capitán.

Amanece en la Zona Cero

A las 4.00 horas, de nuevo mandaba parar las máquinas. Habían llegado a la posición del 'Titanic'. Diez minutos después divisaban un bote. Maniobraron hasta acercarse. «Estaba a su cargo un oficial. En el momento en que los subimos a todos a bordo, empezó a amanecer. Pude ver a los botes restantes por todas partes en un área de siete kilómetros. Flotando junto a ellos, veinte icebergs de entre 50 y 60 metros de altura y otros muchos más pequeños». Ni rastro del zar de los mares.

El operativo de rescate se prolongaría durante cuatro horas y media. «Se llevó a cabo de forma tranquila y ordenada. Subieron uno por uno, sin empujones, sin hablar, en medio de un silencio sepulcral», detalló el marino ante la Cámara Alta del Congreso estadounidense. A las 8.30 horas, 706 pasajeros del malogrado 'Titanic' se arropaban en la cubierta del 'Carpathia'. Otros tres de ellos, sin vida, serían preparados para recibir sepultura en el gélido Atlántico. Antes de emprender el viaje de vuelta a casa, el vapor peinaba por última vez la Zona Cero. Apenas quedaban unos restos del naufragio y un cadáver con salvavidas meciéndose sobre las olas.

La misión no estaba aún terminada. Quedaban por delante tres días de una travesía feroz hasta alcanzar Nueva York. «El regreso estuvo plagado de tormentas y bancos de niebla, lo que interrumpió su comunicación con tierra, dejando al mundo en suspenso en torno a lo que había ocurrido», revela la escritora. Contra viento y marea, Rostron lograba atracar el 'Carpathia' en el muello número 54 del puerto de Nueva York a las 21.25 horas del jueves 18 de julio. Les aguardaba una multitud de familiares de los pasajeros del 'Titanic' y de curiosos. Al día siguiente, el valeroso capitán Rostron relataba lo ocurrido ante un Senado sobrecogido. «Fue providencial que captáramos la señal del 'Titanic'. En cuanto a mí, yo solo hice lo que debía», diría ante sus señorías.

En reconocimiento de su valentía, el capitán Rostron fue nombrado caballero por el rey Jorge V de Inglaterra y recibió tanto la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos como la Cruz de Honor Americana. El 29 de mayo de 1912, Margaret 'Molly' Brown, una pasajera del 'Titanic', le entregó un trofeo de plata en nombre de los sobrevivientes.

El 'Carpathia', por su parte, correría peor suerte. El 18 de julio de 1918, en los últimos coletazos de la Primera Guerra Mundial, un submarino alemán lo torpedeó hasta hundirlo al sudoeste de Inglaterra. De sus 220 pasajeros, todos sobrevivieron menos cinco. Una expedición británica localizó su pecio en 2000, a 170 metros de profundidad, tras una arriesgada inmersión.

Fotos

Vídeos