Los autores de la chirigota más polémica se defienden: «No hemos hecho nada malo»

Los autores de la chirigota más polémica se defienden: «No hemos hecho nada malo»

El Carnaval de Cádiz se ampara en la libertad de expresión para moverse sobre una fina línea roja, a medio camino entre el humor y lo que algunos consideran escarnio. «Los límites solo los puede poner un juez», dice la Asociación de Autores

SUSANA ZAMORA

No se arrepiente de nada y no piensa cambiar ni una sola coma de la polémica copla que estos días ha levantado tanta polvareda en el país. «No hemos hecho nada malo», se defiende Álvaro García, autor de la letra y uno de los miembros de la chirigota 'La familia Verdugo', de Chiclana de la Frontera. Estaba cantado que Carles Puigdemont y el independentismo catalán protagonizarían este año buena parte de los repertorios de las chirigotas, comparsas, coros y cuartetos del Carnaval de Cádiz. Así ha sido. Solo hubo que esperar un día para que en el Concurso Oficial de Agrupaciones de Carnaval (COAC) -que empezó el pasado día 9 y que celebrará su gran final el 9 de febrero-, la chispa saltase, prendiese la mecha de las redes sociales y avivara los sentimientos encontrados que durante meses han permanecido encendidos en España por la declaración de independencia en Cataluña. «No sabemos si cortarle la cabeza o mandarlo a pelar», dice el controvertido popurrí de la discordia, que desde esa comunidad autónoma muchos han querido ver como un delito de odio.

Sobre las tablas del Teatro Falla, la chirigota representa sobre un cepo al expresidente de la Generalitat, cuya decapitación depende de la votación popular: «¿Le perdonamos la vida a Puigdemont? ¿Sí o no?» El público sentencia con rotundidad: «Nooooooo».

Desde el PDCAT, la formación que Puigdemont sigue dirigiendo desde su exilio en Bruselas, explican a este periódico que entienden perfectamente el contexto de la chirigota y su punto «satírico» e «irreverente», «pero en temas que despiertan tanta sensibilidad en la sociedad catalana, jugar con el sufrimiento de una persona y su familia que están pasando por unas circunstancias personales tan complicadas nos parece frívolo y de mal gusto; se lo podían haber ahorrado». Si el afectado es o no conocedor de la parodia gaditana, eso se lo reservan. «En Cádiz han hecho sátira de otros políticos, pero aquí hablamos de decapitar a alguien en un momento muy delicado. Si hubiese sido al revés, si se hubiese hecho aquí con un político español, tendríamos sobre la mesa una querella por un delito de incitación al odio y los medios de comunicación dirían que los independentistas somos malévolos y perversos», sentencian.

Las comparsas se defienden

Mientras tanto, en Cádiz no dan crédito a tanto alboroto. Creen que las reacciones han sido desproporcionadas. «Lo de Puigdemont es lo menos que se despacha; aquí se han dicho auténticas burradas y nunca ha pasado nada. Hemos metido en la cárcel a Rajoy y a todos sus ministros, hemos criticado la ostentación de la Iglesia, hemos cantado a ETA cuando aún ponía bombas y hemos hecho sátira hasta del mismísimo Rey y toda su familia y nadie se ha rasgado nunca las vestiduras», reiteran quienes conocen bien esta fiesta centenaria, que hunde sus raíces en el siglo XVI. «Entre 1937 y 1977 estuvo prohibida por la dictadura, pero la gente se seguía reuniendo en las trastiendas de los bares para poder cantar a escondidas», ilustra Ana Barceló, investigadora del Carnaval de Cádiz.

Los gaditanos mantienen que esta celebración, previa a la Cuaresma para dar rienda suelta a las pasiones más mundanas, es ante todo un espacio para la libertad de expresión, transgresor, subversivo, contestatario y de denuncia del poder establecido, siempre desde la sátira y el sentido del humor, pero en el que no hay nunca ánimo de ofender. «Aquí se huye de todo lo que huela a censura, porque recuerda a una dictadura ya pasada en la que expresarse con libertad estaba perseguido», reflexiona un periodista de la tierra que prefiere mantener su anonimato.

Entonces, bajo esas premisas, ¿todo vale en carnaval? ¿Cuáles son sus límites? «No hay. Sólo los puede determinar un juez», sentencia Miguel Villanueva, presidente de la Asociación de Autores del Carnaval de Cádiz, quien duda que algún juzgado vaya a admitir a trámite una denuncia por la chirigota de 'La familia verdugo'. «Y si así fuera, se van a encontrar con una respuesta contundente por parte de esta asociación y sus servicios jurídicos», advierte Villanueva. Por el momento, no hay constancia de ninguna, tal y como ha confirmado el propio fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Cádiz, Ángel Núñez, quien ha preferido mantenerse al margen y no pronunciarse sobre el asunto.

Por su parte, el abogado Fernando Estrella cree que, de interponerse, no prosperaría; «sería hasta ridículo plantearla». «Cuando entran en conflicto el derecho al honor y la libertad de expresión, suele primar ésta, y en este caso, más aún, teniendo en cuenta que se trata de un personaje público al que se le ha criticado por su labor como político y no por algo realizado en su ámbito privado». Tampoco ve claro que haya un delito de odio, recogido en el artículo 510 del Código Penal, «dado que es una representación de carnaval, una parodia, donde no hay intención seria de ofender».

El autor de la letra cree que este revuelo va a marcar un punto de inflexión. «Aquí no hay censura previa de ningún tipo, somos las propias agrupaciones quienes nos ponemos nuestros propios límites. En mi caso, nunca me ha gustado usar tacos o palabras malsonantes, pero reconozco que toda esta polémica le hace a uno pensar», confiesa García.

En esa línea se muestra Ana López, quien, junto a las otras tres integrantes de la compañía de teatro 'Las niñas de Cádiz', será la encargada de dar el pregón el próximo 10 de febrero. Sostiene que si se ponen líneas rojas «nos cargamos el carnaval» y que hay cosas que con el tiempo y la propia evolución de la sociedad «caen por su propio peso».

Se refiere al cambio de tratamiento que a lo largo de los años ha recibido la homosexualidad o la discapacidad, y asegura que actualmente «no todo vale», en clara referencia a la violencia machista. Precisamente, el movimiento Carnaval Feminista pone en evidencia, a través de las redes sociales, el machismo explícito o subliminal en las letras de los grupos. «El Carnaval de Cádiz ha crecido y su humor también debe seguir creciendo. Hay que revisar los estereotipos parodiados porque ya existe un público más sensible socialmente y con muchas ganas de pasarlo bien sin discriminar ni ser discriminado», expresan desde su cuenta de Twitter. La presencia de la mujer en las agrupaciones del Carnaval de Cádiz sigue siendo aún minoritaria. De hecho, solo están presentes en algunas, como 'Las irrepetibles', muy aplaudidas en el Falla por su pasodoble de apoyo a la víctima de la Manada.

Otro personaje que tampoco ha escapado a la crítica ácida del carnaval ha sido Andrea Janeiro. «La niña de Jesulín y de Belén Esteban tiene toda la cara como una papa nueva. Ya no está pixelada y la niña es horrenda. Si yo fuera su padre la dejo borrosa hasta los treinta», arranca este cuplé, que utiliza de fondo el tema 'Te necesito toa' con el que su padre probó suerte en la música.

Aviso de Andrea Janeiro

Acusados de ridiculizar y ensañarse con la joven, los componentes de la chirigota 'Una corrida en tu cara' no dan crédito a tanta crítica. Desde las redes sociales los han tachado de «sinvergüenzas», «barriobajeros» y han reprobado una actuación que, más que graciosa, consideran un escarnio público: «Me parece increíble que personas adultas no vean el problema de acosar y humillar a una cría». Ellos se defienden -«No ha sido para tanto»- y aseguran estar desconcertados con el requerimiento enviado por burofax el pasado lunes por los abogados de Andrea Janeiro instándoles a la realización de varias acciones si quieren evitar la denuncia. Les piden una retractación pública de la letra en la que bromean con su aspecto físico y que no vuelvan a cantarla. «Es uno de los personajes del año y no creo que se hubiera liado tanto de no haber sido por las redes sociales. Antes, lo que ocurría en el Falla se quedaba en el Falla. Nosotros nos hemos limitado a actuar en un teatro y en el marco de un carnaval; de lo que se difunde por otros canales no podemos ser responsables». Lo dice Cristóbal Porras, representante legal de esta agrupación sevillana, que ya el pasado año tuvo encima el foco mediático al ir disfrazados del Rey emérito y hacer una parodia de la Familia Real. Ahora, la papeleta está en manos de sus abogados, que mañana domingo, una vez sepan esta noche si se clasifican para cuartos de final, decidirán cómo actuar. «Si no pasamos, creo que nuestros abogados lo tendrán más fácil para llegar a un acuerdo, ya que una parte de las exigencias de Andrea Janeiro estarán resueltas. En el caso de que continuemos en el concurso, tendríamos que valorar si nos conviene más retractarnos públicamente y zanjar así el asunto. Lo que no vamos a hacer en ningún caso es abandonar», recalca Porras.

Desde un punto de vista legal, «meterse con el aspecto físico de una persona, que no es una personalidad pública y que además ha pedido expresamente que quiere mantener su anonimato, es más delicado que parodiar a un representante público y su defensa genera más dudas», apunta Leandro Núñez, abogado especializado en reputación online y socio del despacho Audens. En su opinión, judicializar ciertas asuntos a veces es más contraproducente que dejarlos pasar, dado que la repercusión mediática puede dispararse. Es lo que se conoce como el 'Efecto Straisand'», aclara.

En el delito de injurias (recogido en el artículo 208 del Código Penal), la jurisprudencia española requiere que el autor tenga «conciencia del carácter injurioso de la acción o expresión y, pese a ello, tenga voluntad de realizarla». Sin embargo, algunos abogados consultados intentarían demostrar que dadas las circunstancias que rodean al hecho (en este caso el carnaval) el autor nunca tuvo tal intención injuriosa ('animus iniurandi'), sino que fue la de bromear y criticar, apelando al 'animus iocandi'.

Donde sí han tenido que tomar ya cartas en el asunto ha sido en Málaga, donde la Fundación del Carnaval decidió el viernes 19 sancionar con dos años sin actuar al cuarteto 'Los siervos de Alba' por insultar a su directora, Alba Carrillo, previo beneplácito suyo. Lejos de indignarse por el bochornoso espectáculo dado en el malagueño Teatro Cervantes, la protagonista defendió a los autores: «Yo me río de mí misma, así que nadie tiene que decir por mí si es denigrante o no», expresó en una red social para zanjar la polémica.

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