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Abren una terminal VIP desde la que puede espiarse las 'penurias' del resto de viajeros

Recreación del acceso a la pista, el control privado de seguridad y un espacioso salón.
Recreación del acceso a la pista, el control privado de seguridad y un espacioso salón.
  • El aeropuerto de Los Ángeles abre una exclusiva sala

A las 'celebrities' de Hollywood y a los bolsillos rebosantes de California, Las Vegas y zonas adyacentes ha venido Dios a verlos. O más exactamente, la dirección del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, que no flota en las alturas pero es una enorme lanzadera hacia ellas. La instalación acaba de inaugurar 'The Private Suite', una sala de espera de superlujo que, junto a un amplio listado de comodidades, ofrece a sus usuarios plena garantía de privacidad. «Los miembros de la suite privada no se ocupan de su equipaje, ni se preocupan de los 'paparazzi'», dice al respecto la propia web de la exclusiva sala. ¡Adiós moscones! ¡Fuera pegajosos admiradores y sudorosos cazadores de 'selfies'! Uno de los servicios de la nueva terminal incluye acceso al aeródromo por una zona restringida, aparcamiento privado y posterior desplazamiento al pie del avión, en la misma pista, en un sedán de la serie 7 de BMW con chófer. Nunca te rozarás con el resto de viajeros.

No es esta una propuesta menor teniendo en cuenta que el LAX, como se le conoce, es uno de los aeropuertos con mayor tráfico del mundo: acoge algo más de 80 millones de pasajeros al año. Por Barajas, en Madrid, pasan en torno a 50 millones. «Usted no esperará en las hacinadas filas, ni caminará por las largas explanadas llenas de gente, ni tendrá que esperar en las puertas de embarque», prosigue la página en Internet de la suite, que ha realizado un cálculo al respecto: «Lo normal es que un viajero dé unos 2.200 pasos aquí; nuestros usuarios, sólo 70». Ahora bien, encontrarse debidamente separados de la chusma no significa que los adinerados clientes no puedan contemplar, espiar y hasta reírse, si lo creen conveniente, de las penurias, esperas y estrés que puedan padecer el resto de viajeros en los vestíbulos, colas y pasillos comunes. Tendrán ocasión de hacerlo por medio de un iPad que encontrarán en sus distinguidas burbujas. ¿Resultará divertido y relajante diseccionar en directo las incomodidades de los pobres diablos que no tienen para escapar de la vulgaridad? Esta es la 'cortesía' más censurada de cuantas se encuentran en la suntuosa obra. «Un vistazo a lo que te estás perdiendo ahora en la terminal principal», es la indisimulada chanza con que se ofrece dicha prestación, la versión angloamericana y ultraclasista del 'Ándeme yo caliente y ríase la gente' de Luis de Góngora.

Otros servicios resultan menos ofensivos: las trece suites, con capacidad para tres o cuatro personas, están dotadas de amplios sofás, camas con edredón, cuarto de baño, jabones, perfumes, despensa, servicio de alimentación, despliegue de chocolates, gominolas y otros dulces, vino del californiano Valle de Napa, champán, refrescos, gran pantalla de plasma, teléfono, wifi, juguetes para los niños, alfombras de oración para los musulmanes...

Desde 2.500 euros

Un equipo de ocho personas atiende cada una de estas salas, preparadas para tres o cuatro viajeros, según los casos. El precio de las segundas es de 2.500 euros para los vuelos domésticos en Estados Unidos y de 2.760 para los internacionales. Son las tarifas especiales para los clientes que optan por pagar una cuota anual de 6.900 euros. Lo han hecho ya 1.200 personas. Estos pueden beneficiarse también de masaje, manicura y maquillaje gratuitos si lo solicitan. Quienes no cuentan con el abono de año deben desembolsar 3.200 euros (viajes internos) y 3.700 (al extranjero) por suites para tres pasajeros. La inversión realizada en esta instalación es de 20 millones de euros, por lo que sólo con las tarifas de año se ha cubierto ya algo más del 40% de la misma.

Gavin de Becker, dueño de una empresa de seguridad y director de esta pequeña terminal inspirada en la 'Windsor Suite' del aeropuerto londinense de Heathrow, rechaza que las nuevas salas supongan una oda a la desigualdad. «No ha costado nada a los contribuyentes y generará 31 millones de dólares en nueve años», ha asegurado a 'The Guardian'. Aún más, el prohibitivo precio «es un impuesto voluntario a los ricos», declara. Estamos, pues, ante un hombre de principios, un justiciero amable, un Robin Hood desarmado que opera con el consentimiento de sus exclusivas y agradecidas 'víctimas'.

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