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La estandarte de la comunidad transgénero siente miedo

La estandarte de la comunidad transgénero siente miedo
  • Trabaja para Gucci, L’Oréal e IMG, la agencia de modelos más importante del mundo:«Mi visibilidad me expone al odio y la violencia»

N o se puede decir que se lo estén poniendo en bandeja, pero cada vez más profesionales encuentran zonas de confort en una industria que hasta hace poco sólo ponía zancadillas a colectivos señalados por su condición sexual. Por mucho que le pese cargar con el sambenito de abanderada de los grupos transexuales, la estadounidense Hari Nef ha puesto el negocio fashion patas arriba. Si hasta no hace mucho nadie quería contratarla y se consolaba con que algún día llegara una persona que creyera en ella, la nueva imagen de Gucci está que lo tira. Además de ser embajadora de una de las firmas más en forma del momento, acaba de fichar por la agencia de modelos que lleva las carreras de ‘tops’ como Kate Moss y Gigi Hadid, la mayor estrella actual junto a las hermanas Kardashian. Y aún hay más: L’Oréal también le ha extendido un jugoso cheque. Nef vende su imagen y la industria le paga como merece. Es «la primera en todo», aunque intenta enterrar la etiqueta con la que le han bautizado algunos de los editores más renombrados.

Pese a los méritos cosechados, a esta licenciada en interpretación en la universidad de Columbia se la sigue conociendo mucho más por su orientación sexual que por su contribución a las pasarelas y la televisión. Es uno de los rostros más cotizados de la serie ‘Transparent’, donde, como era de prever, los productores le asignaron el papel de un antepasado transexual de la familia protagonista. Hari bate todo tipo de marcas, pero está harta de que le recuerden a todas horas que es la primera modelo transgénero empleada en IMG y también la primera portavoz trans de la multinacional cosmética.

«Comunidad brutalizada»

Si fuera por ella, disfrutaría viendo pasar la vida desde una discreta segunda fila. No entiende la «obsesión» por publicitar sus asuntos más íntimos. «Cuando formas parte de una comunidad ignorada, brutalizada y denigrada durante tanto tiempo, no es difícil ser la primera en alcanzar todas esas cosas», ataja, restándose méritos. Hari no se muerde la lengua, pese a ser consciente de que la moda no admite a rencorosas y, mucho menos, a desagradecidas. No sería la primera maniquí a la que le bajan los humos y despojan de sus privilegios por arremeter contra los gerifaltes de este negocio. «Entiendo que eso genere atención y titulares, pero la obsesión –insiste– por mi identidad y mi cuerpo me parece, en muchos casos, simple voyerismo», se queja.

Tampoco descubre nada nuevo. No es la primera mujer, y seguramente detrás de ella vendrán muchas, a la que esta industria, en su afán por renovarse constantemente con savia nueva y diferente, trata como un objeto extraño hasta que la exprime del todo. A sus 24 años, Nef se niega a jugar este papel: «Preferiría conseguir todas esas cosas de una manera discreta, sin que todo el mundo me apuntara con el dedo todo el rato. Es un honor, pero me resulta incómodo», confiesa.

«Sexistas y racistas»

Es el peaje que le toca pagar. Cuenta, al menos, con apoyos influyentes. Alessandro Michele, director creativo de Gucci, es su principal aliado. Le hace muy feliz. Modisto y modelo han alcanzado una conexión «emocional, espiritual e ideológica. En su trabajo hay psicología, sensualidad y sexualidad», resume esta top, que rechaza ejercer cualquier tipo de activismo. «Lucho por obligación, no por elección propia. No vine a este planeta a salvar a mi comunidad. No quiero hacerlo, pero no me queda otro remedio», recalca en un mensaje contradictorio, pero que encaja con el perfil que le ha tocado vivir desde que empezó a despuntar como imán de campañas publicitarias. Asume que tiene una «responsabilidad» por tratarse de un «personaje público» y por dar carrete a unas industrias – tanto de la moda como del mismo Hollywood– contra las que no se cansa de tirar piedras: «Me gusta el trabajo que me proponen hacer, pero no se me olvida hasta qué punto son sexistas, racistas y transfóbicas».

Con los focos detrás de ella a todas horas, Hari ha gritado bien alto lo que es y siente por dentro:«Yo sé que no soy un hombre.Sé que no tengo aspecto de hombre, pero eso es lo que ve esa gente», interpreta, al tiempo que reclama un mayor apoyo para defender los derechos de personas como ella. «No tendría que estar luchando tanto. Deberían hacerlo tipos con mucho más poder que yo. ¿De verdad alguien cree que por aparecer en una campaña de L’Oréal o lucir un vestido de Gucci voy a salvar, por ejemplo, a Estados Unidos de lo que planea la Administración Trump? Me parece poco realista proyectar expectativas tan progresistas», reflexiona.

Pese a resultar una paradoja, Hari cree que deben minimizarse sus éxitos y alerta de que el aumento de la visibilidad de la comunidad trans es «directamente proporcional al incremento de la violencia contra sus miembros. Todavía más, si son mujeres. Y aún más si esas mujeres son negras. Nos enfrentamos a un auténtico peligro», advierte. Empezando por ella misma. Admite sin ambages padecer miedo:«Por positiva que sea, esa visibilidad me expone al odio y la violencia». Con declaraciones de este tipo se rebela a ser lo que la gente quiere ver en ella. Y Hari, hoy por hoy, además de trans, es una de las modelos más trascendentales. «Los hombre blancos son los únicos que viven un momento histórico», ha sido su última perla.

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