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Una policía de Barcelona, sospechosa del asesinato de su pareja tras discutir con él

Una policía de Barcelona, sospechosa del asesinato de su pareja tras discutir con él

  • Ella y su ex, otro agente, son los sospechosos

L a historia arrastra la trama de una buena novela negra, pero es desgraciadamente real. Un triángulo amoroso y, en cada vértice, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona. Uno apareció calcinado en el maletero de un coche en medio del monte. Los otros dos, que al parecer mantenían una relación furtiva, han sido detenidos como principales sospechosos del crimen. Y mientras pasan los días y las preguntas esperan respuestas, las puntas de varios trapos sucios asoman bajo las alfombras.

Un excursionista daba un agradable paseo el jueves 4 de mayo por la tarde a través de una pista forestal cerca del pantano de Foix, en la comarca del Alt Penedès, en Barcelona, cuando se llevó una sorpresa macabra: un coche humeante y en el maletero un cuerpo carbonizado. El caminante telefoneó al 112 y los Mossos d'Esquadra, al ver el estado del vehículo, sin matrícula, sin huellas y con un cadáver con los huesos hechos ceniza, pensaron que estaban en un callejón sin salida.

Pero siempre, por un descuido, por una casualidad, aparece una pista. La Policía encontró el número de bastidor del automóvil y comprobó que pertenecía a Pedro Rodríguez. Y entre los restos de la víctima resistió un trozo sin fundir de una prótesis que se correspondía con la que le habían puesto en la espalda al propietario.

La misma tarde del hallazgo, Rosa Peral, la novia del fallecido, con quien había reñido y, según su versión, perdido de vista dos días antes, acudió a una comida con compañeros de la Guardia Urbana en Els Peixaters (Los Pescadores), un restaurante de Poblenou, junto a Albert López, su antiguo novio, con el que también patrullaba en la Unidad de Soporte Diurno. La agente, como publica 'La Vanguardia', se hizo un 'selfie' en actitud distendida, sacando la lengua, mientras los mossos, esa misma tarde, se preguntaban de quién sería ese cuerpo achicharrado.

Nueve días después, arrestaron a Peral y López como presuntos autores del crimen. Él se había afeitado su barba poblada, parte de su imagen junto a algún tatuaje y una cresta que ocultaba bajo la gorra. Los primeros indicios apuntan a que el asesinato se produjo en un escenario diferente y que luego dejaron el cuerpo en el vehículo al que prendieron fuego. Los sospechosos fueron encerrados, separados, para que no pudieran estar en contacto, durante 72 horas, en las comisarías de Sant Boi y Sant Feliu.

La Policía registró sus domicilios. El de Albert, de 36 años, en Badalona, y el chalet de Rosa, de 33, en una urbanización de Vilanova i la Geltrú -a unos diez kilómetros del pantano de Foix-, donde convivía con Pedro Rodríguez. Durante el interrogatorio, según ha trascendido en la prensa catalana, la sospechosa justificó que no hubiera denunciado la ausencia de su novio, y que ni siquiera intentara ponerse en contacto con él por teléfono, porque había estado muy ocupada con sus dos hijas y pensaba que él había decidido tomarse un tiempo.

Denunció a un exnovio

La sospechosa, quizá para distraer a los investigadores, solicitó un escolta porque, decía, tenía miedo después de lo sucedido con su novio. Le fue concedido, aunque acabó arrestada y presenciando, junto a un abogado de oficio, el largo y minucioso registro de su domicilio. Ayer prestó declaración y antes fue sometida a un examen psicológico por un forense.

Las niñas son fruto de su matrimonio con un mosso d'esquadra del que ya se separó. Entre aquel hombre y Pedro Rodríguez hubo otros, como Albert López, el último antes de que, el pasado verano, empezase a salir con su presunta víctima. Tuvo más, incluido otro guardia urbano. Un subinspector, quien, al sentirse despechado después de que ella acabara con el idilio, difundió una foto erótica de Rosa Peral. Ella le denunció y esta semana debía celebrarse la vista. A pesar de los escabrosos acontecimientos, quiso seguir adelante con el proceso. Hasta que su abogado la convenció de que era más oportuno solicitar un aplazamiento hasta octubre.

Este intrincado caso juzgado en Vilanova i la Geltrú ha terminado por sacar a relucir algunos borrones en el historial de las tres esquinas del triángulo. El Ayuntamiento había suspendido a la víctima en el verano de 2016 por agredir de manera «desproporcionada» al conductor de un ciclomotor que se había saltado un control de tráfico.

Albert López, por su parte, fue sancionado y multado con 600 euros por golpear «de manera gratuita e innecesaria» a un vendedor ambulante y este mismo agente, junto a su compañera de patrulla Rosa Peral, se vieron involucrados en una operación policial que se saldó con un mantero muerto tras caer por un terraplén. Ella había sufrido un golpe en el cuello y el caso fue archivado. Los dos agentes han sido suspendidos y se les ha abierto un expediente, a la espera del resultado del procedimiento judicial.