Ideal

el mundo del vino

El vino desde un sentimiento diferente

Hoy voy a desvelar algo muy íntimo, soy una ‘persona’ que tiene trastorno bipolar, aunque permanezco en estado eutímico (estado de ánimo normal) desde hace 18 años. Sí, padezco ‘trastorno bipolar para siempre’, desde muy joven, en mi época adolescente siempre me acechó en silencio y tardaron más de 10 años en diagnosticarme correctamente la enfermedad, un problema más de la bioquímica cerebral que no mental. Pasé por numerosas manos de psiquiatras que me daban o quitaban pastillas, años perdidos, años duros, años de mucha confusión y locura. Había momentos que me sentía solo, perdido y roto en mi cuerpo, mi mente y mi alma.

Pero mi estado actual no es fruto de la suerte, o del azar, sino de un trabaja duro de mi doctor, de mi familia y mío, y por supuesto de aprovechar todos los medios psicofarmacológicos que, gracias a las investigaciones hay hoy en día, junto a un trabajo terapéutico que me llevó a comprender, como todo en la vida, que el enemigo más importante que tenía la enfermedad era yo mismo. Una vida tranquila, rutinaria, ordenada y sana también es vital, y luego dormir, dormir mucho.

Después, con el tiempo y el conocimiento de mi enfermedad, he comprendido que no debía de resultar fácil de diagnosticar, pues quizás, afortunadamente, he tenido escasas depresiones y en mi caso en concreto voy más hacia arriba, entendido como un estado de agitación y delirio, que hacia abajo, equivalente a lo que hoy llamamos depresión, convirtiéndome en una bomba nuclear para mí, mi familia y mis amigos, ¡horrible euforia hiperpsicótica!, pero siempre tuve la suerte de tenerlos cerca de mí, dándome apoyo, serenidad, su paciencia y ternura. Sobre todo de mi mujer y mis hijos.

Brotes psicóticos que te engañan en un caos ordenado y te confunden tanto como las drogas, entrando en un estado de ilusión metafísica de éxtasis sobrehumano que no puedes controlar. Es tan terroríficamente sublime que después de cada crisis tienes la necesidad de olvidarlo todo y volver a nacer.

A pesar de ello doy gracias por ser diferente y poseer la magia de ser bipolar. Es esta diferencia la que me hace vivir el vino desde una perspectiva muy especial. Fue, como de esta forma encontré en el vino y en todo lo que lo rodea una terapia de ayuda que me hacen olvidar mis obsesiones más profundas sacando de mi, interesantes y liberadoras emociones.

Todos buscamos algo en la vida que nos guíe, un faro que haga que nuestro barco, personal y profesional, no se hunda cuando nos acerquemos a tierras movedizas. Por supuesto que ese barco fueron mi mujer y mis hijos. Ellos ya me demostraron que no me fallarían, pero también lo ha sido el mundo del vino, que me ha permitido vivir con esta enfermedad como un vino con su corcho. Esos ratitos en la tienda, el contacto con los clientes, mis viajes a las bodegas, el descubrimiento de nuevos vinos… todo ello ha supuesto un pequeño faro que me ha hecho conocer personas que me han enriquecido y me han dado su amistad, que se hace grande como los vinos en el tiempo.

Creo que esta enfermedad de las emociones es la que me hace disfrutar más del vino y de las relaciones personales, catarsis que aumenta mi intuición y percepción. Dos virtudes intrínsecas a mi condición bipolar que me han hecho disfrutar de muchos vinos que otros no podían sentir. Lo que demuestra el teorema más importante dentro del mundo del vino. Si a ti te gusta el vino, no tienes por qué saber dar explicaciones a nadie.

Lo que me lleva a los críticos de vinos, sus guías y puntuaciones, pero eso será ya tema para otro artículo más profundo, ‘Los críticos de vinos y sus guías’. Os adelanto que por supuesto no pongo en duda la importancia que las guías de vinos tienen para bien en nuestro sector del vino. Aunque a veces la puntuación de un mismo vino en las diferentes guías puede variar bastante en función de quién lo valore.

Es cierto que la elaboración y la cata del vino es considerada una ciencia, cada vez más vinculada al conocimiento de un lenguaje técnico concreto. Pero ya sabéis que yo defiendo firmemente la necesidad de que el consumidor ‘aprenda’ a emitir su propio juicio sobre el vino que consume recomendándole un lenguaje libre, poco literario y llenos de metáforas mucho más creativas, en contraposición del lenguaje más o menos técnico que utilizan casi todos los periodistas especializados en sus comentarios de catas, que exige conocimiento y habilidades previos al lector para lograr una buena comunicación.

Y solo para terminar recordaros que hay vinos fantásticos, como bipolares en la historia. Beethoven, Mozart, Vicent Van Gogh, Goya, Abraham Lincoln, Winston Churchill, Ernest Hemingway, Edgar Allan Poe, Vivien Leigh, Mel Gibson y tantos otros. Pero lo más importante, no juzgue a nadie con etiquetas sociales como bipolar, esquizofrénico o Down… porque duele demasiado y quizás el problema lo puedas tener tú. Gracias a esa pequeña gran familia del vino que me aceptó como uno más.