Ideal

Marx (gigante) vuelve a casa

Una silueta en madera reproduce a tamaño natural la futura estatua de Marx en su pueblo natal.
Una silueta en madera reproduce a tamaño natural la futura estatua de Marx en su pueblo natal.
  • La localidad alemana de Tréveris acepta, tras meses de encarnizados debates, una estatua del padre del comunismo que le regala China

Karl Marx regresa a casa. El padre de la ideología comunista, ausente desde hace casi dos siglos de su localidad natal, volverá el año próximo a Trier, Tréveris en español. Lo hará en la figura de una imponente estatua, cuya colocación en el centro histórico urbano ha dado lugar a un encarnizado debate local. El consejo municipal de la ciudad más antigua de Alemania, fundada como Augusta Treverorum hace mas de 2.000 años por los romanos, decidió esta semana aceptar una figura monumental del filósofo de casi siete metros de altura, regalo de la República Popular China, y recuperar a su hijo pródigo con motivo del 200 aniversario de su nacimiento, que se cumplirá en 2018. Tréveris es conocida por su Porta Nigra, una imponente construcción romana inscrita por la UNESCO en su lista de Patrimonio de la Humanidad, pero carecía hasta ahora de un monumento que recordara al autor de ‘El capital’ y ‘El manifiesto comunista’. Una carencia inexplicable para los chinos, que veneran a Karl Marx y acuden por miles todos los años a conocer su ciudad natal. «Unos 150.000 ciudadanos chinos viajan cada año a Tréveris y podrían ser más», dice su alcalde, Wolfram Leibe.

El regalo de China y la hermanada ciudad de Xiamen es una estatua de bronce de cinco metros de altura que será colocada sobre una peana de metro y medio. Es obra del conocido escultor chino Wu Weishan, que ya ha visitado Tréveris para inspirarse, y muestra a un maduro Karl Marx, libro en mano, vestido con un abrigo y dando un paso decidido hacia adelante, con sus largas barbas y melena características. Una silueta del monumento, construida en madera y a tamaño natural, es expuesta estos días en el lugar en el que podría ser colocada, una plaza situada a escasos metros de la Porta Nigra.

El donativo chino ha dado lugar a curiosas alianzas políticas. Por un lado, la gobernante alianza local de socialdemócratas y cristianodemócratas, apoyada por la formación La Izquierda, que defiende y ha logrado imponer el proyecto, y por otro verdes, liberales y la ultraderecha de la Alianza para Alemania, que lo rechazan. Entre estos últimos, el líder verde local Rainer Marz considera que se trata de un «regalo envenenado», ya que «quien acepta un regalo honra a quien lo regala, y el Partido Comunista de China no se merece ese honor». Más duro aún se muestra su colega liberal Tobias Schneider, para quien está claro que la estatua «se pone al servicio de la ideología de Estado china, responsable de innumerables violaciones de los derechos humanos».

Evitar una ofensa

Curiosamente, el concejal de Obras Públicas de Tréveris, el cristianodemócrata Andreas Ludwig, es uno de los defensores a ultranza de la colocación de la estatua. «Soy profundamente conservador, pero que el país más grande del mundo se acuerde de esta pequeña ciudad es estupendo», razona Ludwig, que viajará a principios de abril junto a Wolfram Leibe a Xiamen para ultimar detalles sobre la estatua, que será fundida en China y trasladada posteriormente a Alemania.

Las diferencias en el consejo municipal, que decidió finalmente esta semana aceptar el regalo, reflejan también la opinión de los ciudadanos en la calle. Hay un rechazo parcial al monumento, pero la mayoría considera que el más famoso hijo de la ciudad merece ser recordado. Los políticos que defienden el proyecto advierten además que rechazar la estatua habría supuesto una ofensa para China, acarrearía titulares vergonzosos para Tréveris en la prensa del gigante asiático y amenazaría la hermandad con Xianmen.

«Reconozco que hace 30 años, con las experiencias que teníamos con la comunista República Democrática Alemana, habría sido muy difícil presentar aquí un Karl Marx así», dice el alcalde. Lo cierto es que, desde la caída del Muro de Berlín y el fin del Bloque del Este, en las ciudades de la antigua Alemania Oriental han ido desapareciendo monumentos en memoria de los grandes ideólogos del socialismo real. Pese a todo, en el antiguo sector soviético de Berlín se ha respetado el enorme monumento a Marx y Friedrich Engels, que los capitalinos llaman cariñosamente ‘los jubilados’, y en la Universidad de Leipzig se conserva un gran mural del pensador revolucionario. En todo caso, la discusión sobre la colocación de la estatua en el centro histórico de su ciudad natal ha vuelto a abrir el debate sobre si Karl Marx es el vil comunista en el que se justifican regímenes dictatoriales o el gran filósofo, revolucionario social y crítico analista del capitalismo.