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La burbuja extremeña

La burbuja extremeña
  • Los bodegueros de Almendralejo han multiplicado por diez su producción de cava en una década. Acaban de ganarle la batalla a los catalanes para poder seguir plantando nuevas cepas

El pasado 20 de enero en Almendralejo se descorcharon unas cuantas botellas de cava. La localidad celebraba la decisión del Ministerio de Agricultura de no limitar la plantación de nuevas cepas, echando por tierra la petición del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Cava, controlado por productores catalanes, que ven con cierto recelo el empuje que está adquiriendo el sector en Extremadura.

El paisaje de esta localidad de 35.000 habitantes que vio nacer a Espronceda está dominado por los cultivos de viñedo y olivar. Durante siglos su economía ha descansado sobre la producción de vino de mesa y aceitunas, pero desde hace un tiempo, Almendralejo, situado a 1.000 kilómetros al suroeste de Sant Sadurní d'Anoia, luce con orgullo el título de 'Ciudad del Cava'. La culpa la tienen tres veteranos bodegueros locales que a comienzos de los años ochenta se atrevieron a soñar con un futuro chispeante.

Corría el año 1983 cuando Aniceto Mesías, Marcelino Díaz y Pablo Juárez hicieron las primeras pruebas para reproducir el complicado proceso de elaboración del vino espumoso a la manera que llevaban siglos haciéndolo los catalanes. Dos años más tarde sacaban al mercado las primeras 6.000 botellas de cava extremeño, bajo la etiqueta Vía de Plata. Suponía una producción residual en el conjunto del sector, pero «era una manera de dar prestigio a toda la viticultura de la zona», explica Mesías, ya retirado.

Tan sólo un año después llegaba el primer escollo. La entrada de España en la Unión Europea obligó a cambiar el reglamento de la denominación de origen, que hasta entonces había abarcado todo el territorio nacional. La producción de cava se limitó entonces a un marco determinado en torno a la depresión del Ebro, dejando fuera del negocio a los extremeños que habían puesto sus esperanzas en las burbujas. Tras una dura batalla judicial, el Tribunal Supremo acabó por darles la razón haciendo valer los derechos que habían adquirido antes del cambio en la normativa. Desde entonces, Almendralejo es el único municipio de Extremadura incluido en la denominación de origen, donde también caben productores aragoneses, riojanos y valencianos.

Durante años su producción de espumoso se mantuvo en números discretos, pero a partir de 2004 comenzó a subir como la espuma por motivos políticos. «Josep Lluis Carod Rovira fue nuestro mejor embajador», reconoce irónicamente el veterano bodeguero. Las declaraciones del entonces conseller en cap de la Generalitat en contra de la candidatura olímpica de Madrid 2012 desataron un boicot contra el cava catalán que benefició a los extremeños. «El crecimiento fue apoteósico; nosotros no íbamos en contra de nadie, pero supimos aprovechar la oportunidad». En un año, la producción se cuadruplicó hasta alcanzar las 300.000 botellas en 2005, iniciando una senda de crecimiento que parece imparable. En 2014 salieron de la localidad 2,8 millones de botellas de cava y la previsión para 2016 habla de cinco millones.

Sigue teniendo un peso residual en el conjunto de la denominación -apenas 500 hectáreas de las 35.000 totales-, pero su dinamismo está empezando a despertar recelos en la zona del Penedés. El Consejo Regulador, controlado mayoritariamente por productores catalanes, solicitó el año pasado limitar la plantación de nuevas viñas a 168 hectáreas para el total de la denominación. Esgrimiendo un informe encargado a profesionales expertos, argumentaba que plantar una superficie mayor podría generar «una oferta excesiva de uva y del vino base que desestabilizaría el equilibrio de los precios y perjudicaría gravemente el prestigio de la denominación». Fuentes del sector señalan que la petición no procedía tanto de los bodegueros -cuyas etiquetas están consolidadas-, como de los viticultores, el escalón más bajo de la cadena, temerosos de que el crecimiento de los cultivos en otras regiones les impidiera vender sus excedentes.

En cualquier caso, la petición del Consejo desató una nueva batalla de la que ya se conoce como 'guerra del cava'. El presidente de la comunidad autónoma, Guillermo Fernández Vara, se apresuró a solicitar una reunión con la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, que ha dado sus frutos. «No es cierto que esta limitación afecte únicamente a Almendralejo», se vio obligado a aclarar el órgano de control en un comunicado. Pero la verdad es que los extremeños hubieran sido los principales perjudicados.

Crecer con cabeza

En Cataluña, donde se concentra el 97% de la superficie cultivada, apenas queda margen para seguir creciendo y las ventas se han estancado; de hecho, cayeron un 0,8% el año pasado. Sin embargo, en la Tierra de Barros, los viticultores, que han visto cómo su uva se revaloriza, se disponen a doblar la superficie dedicada a variedades para la elaboración del cava. «Todavía podemos crecer mucho en extensión, pero no tenemos intención de hacerlo a lo loco», tranquiliza Juan Jesús Rama, presidente de la Comunidad de Labradores de Almendralejo.

Actualmente cuatro bodegas producen cava en el municipio, aunque sólo una se dedica exclusivamente al espumoso. Su gran baza es el precio, que ronda los 5 euros la botella y difícilmente supera los 10. «Aquí las fiestas nos salen muy baratas», bromea Gloria, una vecina del pueblo. En las estanterías de Mercadona incluso se puede encontrar un cava de etiqueta extremeña por 2,90 euros. Lo produce la bodega López Morenas, que concentra la mayor parte de la producción local. La empresa, que maneja unas cifras estratosféricas gracias a la comercialización de vino en tetrabrick, ha hecho del cava su carta de presentación. El espumoso sirve para llamar la atención sobre todo el sector vitivinícola local y ha abierto puertas a nivel internacional.

El conflicto con los catalanes se ha saldado con una victoria incontestable por parte de los extremeños. No sólo porque el ministerio atendiera sus peticiones y rechazara poner límites a los nuevos cultivos, sino porque esta guerra ha proporcionado a sus caldos una publicidad impagable que sigue alimentando su burbuja.