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El estremecedor obituario de una hija a su padre: "Su muerte demuestra que el mal sí muere"

El estremecedor obituario de una hija a su padre: "Su muerte demuestra que el mal sí muere"
  • "Escribirlo de otra forma sería un insulto a todas las personas que hizo daño"

Los medios de comunicación estadounidenses se han hecho eco de un obituario de lo más peculiar que rinde memoria a un ciudadano de Galveston, en Texas como Leslie Ray Charping. No destaca precisamente su sentido tierno o cierto sentido del humor, pero sí su sinceridad. “Su muerte prueba que el mal sí muere”, concluye el mismo. Este hombre falleció en enero a los 74 años y fue su hija Sheila quien se encargó de recordarle de la forma tan particular. Recibió críticas por ello, pero lo tuvo claro: “Escribirlo de otra forma sería un insulto a todas las personas a las que hizo daño”.

Según informa ‘The Washington Post’, la empresa de servicios funerarios, que mantuvo colgada la necrológica en su página web hasta hace poco, ha decidido borrar el escrito después de producirse varios comentarios insultando a la familia.

Además, otros medios como ‘Houston Chronicle' recogen que en el historial delictivo del fallecido destaca su culpabilidad en 1989 por un delito de agresiones y otra a su esposa en 2008. Un año después se declaró culpable por violar la orden de alejamiento con respecto a su mujer después de llamar a un familiar y amenazarla con acabar con su vida.

El texto explicaba que “Leslie Ray Popeye Charping nació en Galveston el 20 de noviembre de 1942 y falleció el 30 de enero de 2017, 29 años más tarde de lo esperado y mucho más tarde de lo que merecía. Deja a dos hijos aliviados además de seis nietos y otras muchas víctimas incluyendo una exesposa, familiares, amigos, vecinos, médicos, enfermeras y extraños”.

Según afirma, “siendo joven se convirtió pronto en un modelo de mal padre” y hacía referencia a problemas psiquiátricos además de dependencias a sustancias como el alcohol y las drogas. “Era sorprendentemente inteligente, aunque carecía de la ambición y de la motivación necesarias para hacer otra cosa que no fuese gastarse de forma insensata los ahorros de la familia y fantasear acerca de planes para hacerse rico rápido. Sus hobbies eran insultar a su familia, acelerar los viajes al Cielo de las queridas mascotas familiares y pescar, que no se le daba tan bien como lo anterior. Su vida no tuvo ningún propósito obvio. No contribuyó a la sociedad ni sirvió a su comunidad. Tampoco tenía ninguna cualidad que compensara, aparte de su ingenio rápido y su sarcasmo, que eran divertidos los días que estaba sobrio”, relata.

La misiva concluye con un mensaje intrigante: “Tras su muerte, echaremos de menos lo que nunca fue: un esposo y un padre cariñoso, además de un buen amigo. No se celebrará ninguna ceremonia, no habrá oraciones por su paz eterna y no habrá pésames a la familia a la que torturó. Sus restos serán incinerados y se guardarán en el establo hasta que se acabe el serrín de Ray, el burro de la familia. Su muerte prueba que el mal sí muere y esperamos que marque el inicio de un tiempo de seguridad y de recuperación para todos”.