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Los búnkeres que acabaron en 'picaderos'

En la cúpula del búnker de Tirana que acoge el museo de la dictadura de Enver Hoxha pueden verse los retratos de algunos de los represaliados por el régimen.
En la cúpula del búnker de Tirana que acoge el museo de la dictadura de Enver Hoxha pueden verse los retratos de algunos de los represaliados por el régimen. / GENT SHKULLAKU / AFP
  • No hay rincón de Albania que no tenga un búnker. Levantados por temor a una invasión que nunca se produjo, terminaron haciendo las veces de 'picaderos' para escarceos sexuales

Cuenta el aventurero Miquel Silvestre, que ha dado varias vueltas al globo en moto, que lo primero que le llamó la atención al entrar en Albania es que estaba llena de coches Mercedes y de búnkers. La presencia de los primeros, decía, se explica porque casi todos han sido robados en otros países y nadie te pide los papeles al cruzar la frontera por carretera. La explicación acerca de los búnkers requiere algunas líneas más. Albania fue hasta finales del pasado siglo el equivalente a la Corea del Norte de Europa. La dictadura comunista que dirigió durante cuatro décadas el exguerrillero Enver Hoxha perseguía un virtuosismo marxista que no sólo enemistó al país con las democracias occidentales, sus adversarios naturales, sino también con todos los regímenes ideológicos afines.

Hoxha se apoyó primero en la Yugoslavia de Tito, otro antiguo partisano como él, para intentar que Albania superase las secuelas de la II Guerra Mundial. La alianza fracasó y la URSS de Stalin no tardó en ocupar el lugar de socio preferente. La muerte del georgiano y su sustitución por Khrushchev alteró los planes. A Hoxha le pareció que el nuevo líder soviético se alejaba de la ortodoxia marxista al cuestionar las masacres de su antecesor, así que decidió romper con la URSS y se echó en los brazos de China. Pero tampoco los chinos terminaron de convencerle, sobre todo después de que, unos años más tarde, traicionasen su peculiar interpretación de los principios comunistas estableciendo lazos comerciales con Estados Unidos. El dictador albanés rompió también con Pekín y convirtió a su país en la última fortaleza del comunismo más ortodoxo.

A Hoxha sólo le preocupaba en un primer momento una invasión de la OTAN, pero a medida que se fue distanciando de los regímenes de su misma cuerda su temor fue en aumento. La inquietud devino en paranoia después de que los tanques soviéticos sofocasen en 1968 los amagos aperturistas de los checos. Fue entonces cuando ordenó intensificar el programa de construcción de búnkers que había estado ensayando de forma puntual. De la noche a la mañana, Albania se llenó de pequeños champiñones de hormigón armado destinados a proteger a la población de invasiones, ataques nucleares o cualquier otra forma de agresión ideada por cualquiera de sus muchos enemigos. Se estima que en el país hay cerca de 750.000 refugios, casi uno por cada tres albaneses. El empeño dejó exhaustas las ya maltrechas arcas de Albania, condenada desde hace décadas a ocupar la última plaza en la lista de las economías europeas.

Puertas vendidas

La muerte de Hoxha y el fin de la dictadura comunista revelaron la inutilidad del esfuerzo. Lejos de desempeñar la función para la que fueron concebidos, los refugios han ejercido todos estos años de 'picaderos' para los escarceos sexuales de la población. Decenas de miles de albaneses han perdido su virginidad al abrigo de la intimidad de los búnkers. En los últimos tiempos, sin embargo, su papel como escenario de encuentros sexuales se ha devaluado debido a la desaparición de las puertas metálicas, desmontadas para su venta, o la reconversión de algunos de ellos en comercios, bares e incluso centros artísticos. Es lo que le ha ocurrido al más grande de los búnkers de Tirana, que ha sido transformado en un museo sobre la dictadura de Hoxha. La estructura, de cinco plantas subterráneas, fue ideada en su día como el centro de mando del país en caso de ataque y tiene hasta dependencias para el dictador y su esposa. Hoxha solo la visitó el día de su inauguración, en junio de 1978.

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