Ideal

La comentada piel 'ética' de Gucci

  • La marca de lujo adquiere en Tailandia una granja para la cría de pitones, alegando fines sostenibles y con la idea de acabar con la caza furtiva

«Nuestra determinación de hacer de la ética y la sostenibilidad los pilares de nuestras actividades comerciales (...) abarca el respeto de los trabajadores, la igualdad de género en todos los aspectos de la vida profesional, la lucha contra todas las formas de corrupción y el fraude, la lucha contra el trabajo infantil, la aplicación de las principales convenciones de la Organización Internacional del Trabajo, el respeto del medio ambiente...». Leemos un extracto del código ético de Kering, acaudalado holding francés que integra, entre otras, a firmas de lujo como Gucci, Ives Saint Laurent o Balenciaga, a la marca deportiva Puma y que es propietario de la cadena Fnac. Un gigantesco emporio comercial.

En el listado de buenas intenciones enumeradas en esa carta, firmada por François-Henri Pinault, presidente y director ejecutivo del grupo, no se menciona ninguna línea de actuación respecto a los animales. «Claro, si los mencionara, esas empresas tendrían que abandonar parte de su actividad», interpreta Theo Oberhuber, del área de Conservación de la Naturaleza y Defensa Animal de Ecologistas en Acción. La reflexión viene al hilo de un hecho reciente: la compra por parte de Gucci de una granja en Tailandia para la cría de pitones. La muy cotizada piel de estas serpientes, de las más grandes del planeta, es uno de los materiales utilizados por la suntuosa marca para la fabricación de exclusivos bolsos, zapatos, cinturones o correas de reloj, al alcance solo de bolsillos repletos. El precio de los primeros oscila entre los 1.500 y 4.500 euros.

Con esa granja, aún en fase de desarrollo, Gucci trata de paliar la notable reducción que sufre la población de pitones por su caza ilegal. La firma alega que la captura sin control de estos ofidios ha desembocado en un grave problema medioambiental. Cada año, medio millón de pieles se exporta de manera clandestina desde el sudeste asiático, un negocio que mueve unos 1.000 millones de euros en Europa y en torno a 100 en España. Esto perjudica notablemente los intereses financieros de las marcas que venden de forma legal artículos confeccionados con las valiosas epidermis. La Asociación para la Conservación de la Pitón ve en la instalación de granjas controladas la solución a este problema. Conviene matizar que esa organización se creó bajo el auspicio de varias entidades, entre ellas el Centro de Comercio Internacional, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y... Kering. La asociación pretende contribuir a la mejora de la sostenibilidad del comercio de la pitón, al bienestar del animal y al control del comercio de especies en peligro de extinción. Bajo esta amenaza sobreviven algunas de las cuarenta clases existentes de pitones.

«Un lavado de cara»

Ya hace tres años, Marie-Claire Daveu, directora de sostenibilidad de Kering, afirmaba que la demanda de accesorios en piel de estas serpientes se veía incrementada en Gucci, por lo que la firma estaba dispuesta a garantizar una fuente sostenible de suministro. «Nuestro objetivo es estar seguros de que no ponemos en peligro a las serpientes ni al ecosistema», dijo.

Todo esto es «puro maquillaje» para Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción. «Es más lavado de cara o justificación de algo que esa empresa hace por otras razones, seguramente por aspectos laborales o de ajustes de precios. Es una medida hipócrita y, evidentemente, no es ético». El activista denuncia las «pésimas condiciones» que suelen presentar para los animales las granjas de producción peletera en todo el mundo, especialmente en países de Asia o África.

De similar opinión se declara a este periódico Mimi Bekhechi, directora de programas internacionales de Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA), organización con sede en Estados Unidos y apoyada por casi tres millones de miembros en todo el mundo. «Vamos a ser claros con el término sostenible: significa que puedes matar un animal de un golpe en la cabeza porque crías otros para reemplazarlo, de manera que puedes seguir matándolos», resume con notable carga de ironía. «Gucci no permite visitas a sus granjas, pero nosotros hemos documentado los métodos atroces que emplean y demostrado que los animales mueren con mucho sufrimiento», añade Bekhechi, que critica lo que considera «matanzas para confeccionar accesorios frívolos». Este periódico ha planteado a Gucci una serie de preguntas sobre este asunto, pero no ha obtenido respuesta.