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El Papa fulmina al Gran Maestro

Caballeros de la Orden de Malta procesionan en el Vaticano con motivo del 900 aniversario de la fundación de la institución.
Caballeros de la Orden de Malta procesionan en el Vaticano con motivo del 900 aniversario de la fundación de la institución. / AFP
  • Francisco destituye al caballero de la Orden de Malta por desobedecerle y purgara un colaborador que apoyó la distribución de preservativos

En el pabellón de deportes de Amatrice a finales del pasado mes de agosto abundaban los chalecos rojos con una cruz blanca en el centro. Los portaban los miembros de la Orden de Malta, voluntarios que acudieron a toda prisa a esta localidad del centro de Italia cuando se produjo el terremoto que dejó casi 300 muertos. Ágiles en la respuesta y agradables en el trato, los miembros de esta institución organizaron en seguida un centro de acogida en el pabellón para los cientos de personas a las que el seísmo había dejado con sus viviendas destruidas o dañadas. En la pista y entre las gradas, los damnificados encontraban lo necesario para poder aguantar aquellos primeros días tras la tragedia: colchones, mantas, comida, ropa, medicinas, utensilios para la higiene personal... Todo lo gestionaban los hombres y mujeres de la Orden de Malta en colaboración con los miembros del Islamic Relief, una de las mayores ONG musulmanas. Aquellas interminables cadenas humanas formadas por los voluntarios de ambas organizaciones para transportar el material eran un ejemplo de diálogo interreligioso mucho más potente que las vacías declaraciones que a menudo se escuchan en el Vaticano.

La de Amatrice era la cara más amable de la Orden de Malta, visible también en los 120 países donde tiene presencia con diversos proyectos caritativos o humanitarios, según sus propios datos. El envés de esta institución, cuyos orígenes se remontan al año 1048, época de las Cruzadas, se ha visto estas últimas semanas en Roma por el pulso que el hasta ahora Gran Maestro de la Orden de Malta, Matthew Festing, le ha echado al Papa Francisco. La pugna entre ambos acabó ayer con la dimisión de Festing, después de reunirse el día anterior con el Pontífice. El aristócrata británico de 67 años abandona este cargo vitalicio forzado por Jorge Mario Bergoglio, que vuelve a demostrar que su sencillez en las formas y cercanía con los más desfavorecidos no le quita capacidad de mando ni decisión para quitarse de encima a quien le desobedece.

El Vaticano y la Orden de Malta llevaban más de un mes de gresca a cuenta de las peleas internas de esta última institución. Exactamente desde el 6 de diciembre, cuando Festing convocó al hasta entonces Gran Canciller, el alemán Albrecht Freiherr von Boeselager, para invitarle a que abandonara su puesto. Este último se negó, por lo que el Gran Maestro le recordó que había realizado una promesa de obediencia y no le quedaba otra que tragar y marcharse. Cuando recibió una segunda negativa, Festing cortó por lo sano: le suspendió de todas sus responsabilidades echándole de la Orden de Malta. Aunque la nota oficial señala que el cese de Von Boeselager se debió a los «graves problemas» acaecidos durante su mandato, sin dar más detalles, los diarios italianos completan el mosaico con una tesela significativa: al Gran Canciller le habría costado el puesto su apoyo a la distribución de preservativos en algunos países africanos donde el sida campa a sus anchas.

Un testigo de excepción

En la pugna entre Festing y Von Boeselager hubo un testigo de excepción, cuya presencia aumenta las implicaciones del proceso. Se trata del cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, representante del Vaticano ante la Orden de Malta y uno de los purpurados a los que se les está atragantando el pontificado de Francisco. No tiene además empacho en demostrarlo: si primero denunció que había «una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón», luego animó a «resistir» contra el Pontífice si amenazaba la indisolubilidad del matrimonio y, más tarde, advirtió que incluso se le podría abrir un «acto formal de corrección» por parte de los cardenales. Burke firmó además junto a otros tres purpurados una carta en la que exigía al Papa que aclarase los puntos más polémicos de Amoris Laetitia, el texto magisterial en el que Francisco permite en algunos casos el acceso a la comunión para los divorciados que vuelven a casarse. Con estos antecedentes, no es de extrañar que las maniobras de la Orden de Malta hayan sido vistas por algunos como un intento de Burke por ajustar cuentas con Bergoglio.

Ninguneando a su representante en esta institución, el Papa respondió al cese de Von Boeselager creando una comisión formada por cinco expertos para que aclarase lo sucedido e investigara los rumores que circulaban sobre Festing por su dureza y modos despóticos, que habrían provocado malestar interno. La respuesta del Gran Maestro a la decisión de Francisco fue sorprendente, pues chocaba con la tradicional obediencia al obispo de Roma: publicó un comunicado en el que decía que «no debía colaborar» con la comisión y reivindicó la soberanía de la Orden. Francisco reaccionó reafirmando su autoridad al fulminar ayer a Festing. El Papa derrotaba así al caballero.