Ideal

Con la leche en la cabeza

Con la leche en la cabeza
/ ALBERTO FERRERAS
  • Sus infancias han pasado tan rápido como las balas que aún se siguen disparando en Malí. Las guerras, cegadas por la miseria humana, no reparan en el futuro, ni en los hombres del mañana

La niñez interrumpida

Han crecido de golpe. Maltratados, apartados de sus familias, usados como esclavos. Sus infancias han pasado tan rápido como las balas que aún se siguen disparando en Malí. Las guerras, cegadas por la miseria humana, no reparan en el futuro, ni en los hombres del mañana. Los niños son las víctimas de un conflicto que no va con ellos, pero que les ha arrancado la inocencia y les ha privado de su derecho a la educación. En esta antigua colonia francesa, donde la pobreza es una forma de vida para sus más de 17,5 millones de habitantes, la esperanza de vida roza solo los 55 años. Apenas hay tiempo para casi nada, aunque a veces se detiene como queriendo coger aire para seguir. En Bamako, la capital del país, una niña transporta sobre su cabeza un barreño con la leche que alimentará a parte de su familia. Lo hace en una insólita quietud, ajena a las ensordecedoras calles del centro de la ciudad, donde los comerciantes se juegan cada día el tipo para vender su mercancía al filo de caminos de tierra y una circulación caótica.

Cuatro años de conflicto

La de Malí es una herida abierta en 2012 que no acaba de cicatrizar. Una guerra en la que unos reclaman la independencia de un territorio y otros quieren un Estado regido por la ley islámica. Francia y el Ejército maliense han frenado la amenaza, pero la violencia continúa. Unos 130 militares españoles arriman el hombro en una misión europea para formar a las fuerzas armadas locales y evitar que el conflicto se propague.

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