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La Luna quiere ser mujer

La Luna quiere ser mujer
  • Sólo 28 de sus 1.586 cráteres tienen nombre femenino, en homenaje a científicas y exploradoras

La Unión Astronómica Internacional (IAU, por siglas en inglés) puede ser culpada, y con razón, de machista. La IAU es el organismo que, entre otras cosas, da nombre a los cráteres que hay en la Luna y, por extensión, a cualquier objeto celeste. El único satélite que acompaña a nuestro planeta, la Tierra, tiene 300.000 cráteres. Una mínima parte, 1.586, lleva nombre de personajes históricos, pero de todos ellos apenas 28 honran a una mujer. De tamaña discriminación se percataron los físicos Fernando J. Ballesteros y Daniel Roberto Altschuler, que para aliviar el desaguisado han estudiado quiénes fueron las heroínas que, arrostrando los prejuicios de su tiempo, ocupan un puesto de honor en la Luna gracias a sus méritos científicos. «Pocas mujeres se han dedicado a la ciencia. Incluso hoy en día hay pocas que trabajen en ello. No se olvide que al sexo femenino le ha estado vetado durante siglos el acceso a la universidad», explica Fernando Ballesteros, uno de los autores del libro ‘Las mujeres de la Luna’ (Next Door Publishers).

Aparte del sesgo algo misógino que desprende la nomenclatura elaborada por la IAU, la lista muestra la decantación de los astrónomos por Europa y Estados Unidos como fuente de inspiración para designar los cráteres lunares. El predominio de EE UU, Alemania, Gran Bretaña, Francia y Rusia es aplastante. Como era de esperar, ningún español figura en la nómina. «Hubo españoles en el pasado, pero en las siguientes nomenclaturas fueron borrados. Había un cráter dedicado a Jerónimo Muñoz, un astrónomo y geógrafo del siglo XVI, y otro a Vicente Mut, historiador e ingeniero del XVII. Quienes tienen el dinero y la tecnología acaban imponiendo sus nombres», argumenta Ballesteros.

La primera astronauta

De entre todas las mujeres que han llevado su nombre a la Luna Ballesteros se queda con Valentina Tereshkova, la primera que viajó al espacio, en 1963 a bordo de la nave ‘Vostok 6’. Es la única persona de la larga lista de la IAU que aún permanece viva. Tiene 79 años y fue escogida para la aventura porque sabía saltar en paracaídas. De las cinco candidatas no era la que reunía las mejores condiciones físicas, pero sí la que aportaba una biografía que mejor se prestaba al aprovechamiento propagandístico para la Unión Soviética. Era una hilandera huérfana, una proletaria de origen humilde que sorteó todos los obstáculos que la vida le puso delante. Y por añadidura, descolló como miembro de las Juventudes Comunistas. Como Gagarin, Tereshkova encarnaba a la perfección el éxito del proletariado bajo un régimen comunista.

El caso de Tereshkova es una excepción a la norma, ya que no se pueden bautizar los cráteres con nombres de personas vivas. Al menos han de pasar tres años después de la muerte para realizar el viaje póstumo a la Luna. Los soviéticos, los primeros que observaron estos agujeros en el lado oculto del satélite, practicaron la política de los hechos consumados y recurrieron a la astronauta-paracaidista para denominar un accidente lunar. Al final forzaron un consenso con la IAU y se permitió el uso de nombres de pioneros de la exploración espacial, tanto rusos como americanos, para identificar cuerpos celestes.

Injusticia histórica

Al menos los astrónomos han reparado una injusticia histórica con la elección de la austriaca Lise Meitner (1878-1968), quien formaba parte del equipo que descubrió la fisión nuclear. Pese a sus méritos, fue apartada del Premio Nobel que se merecía. Su colega Otto Hahn se llevó todos los honores. Al menos no se cometió la misma iniquidad con Marie Curie, quien se llevó el galardón por partida doble (de Física y Química). Curie es otra de las pocas mujeres que se han convertido en topónimo lunar.

Curiosamente, la invisibilidad de la mujer en la Historia llega también al espacio; además del escaso número de nombres femeninos en el satélite de la Tierra, de los 28 inscritos la mitad están situados en el lado oculto.

Judith Arlene Resnik y Sharon Christa McAuliffe, las cosmonautas que murieron en la misión del ‘Challenger’ en 1986, y Kalpana Chawla, que pereció en 2003 con la desintegración del ‘Columbia’, han sido también reconocidas con el honor.

Pese al parón de la carrera espacial, Fernando Ballesteros considera que se está reavivando el interés por colonizar la Luna. El interés se debería, cómo no, a la rentabilidad económica de la explotación de nuestro ahora olvidado satélite. «China, a la que le interesa demostrar que es una gran potencia, se ha propuesto que un compatriota suyo pise la cara oculta de la Luna en 2018», señala el físico. A los ingenieros les interesa explorar el satélite por el impulso que supondría para el desarrollo de nuevas tecnologías. Y a los astrónomos se les abre la posibilidad de instalar allí un telescopio de grandes dimensiones, con la ventaja de la ausencia de atmósfera.