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Un futuro en 3D

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La pasarela es un regalo de Acciona al municipio madrileño donde tiene su sede corporativa. :: r. C.

  • El primer puente del mundo hecho con una impresora en 3D está en España. La tecnología triunfa en la industria y la medicina, pero no ha entrado en los hogares

Dientes, sillas, pasteles, herramientas, riñones, zapatillas de deporte, juguetes sexuales y casas. Casi cualquier cosa puede hacerse ya mediante la impresión en tres dimensiones, llamada a convertirse en un factor clave de la cuarta revolución industrial. El miércoles se produjo un nuevo hito en esta carrera que se inició en los años 80: Alcobendas inauguró el primer puente peatonal del mundo fabricado con esta tecnología. Sus 12 metros de largo y 1,75 de ancho parecen unas medidas modestas pero, en realidad, es una pasarela hacia el futuro. ¿Habrá pronto en cada hogar una de esas pequeñas fábricas, como ahora hay una cafetera o un microondas? Los expertos creen que no. «No se va a convertir en un electrodoméstico», asegura Juanjo Pina, socio de la consultora murciana Tikoa.

La impresión 3D se conoce también como fabricación aditiva, porque se basa en la adición (suma) de material, capa a capa, sobre un diseño predeterminado. Esta tecnología se emplea desde hace años en sectores industriales como el aeronáutico y el automovilístico. Con su capacidad de simplificar geografías complejas y producir objetos personalizados, tiene un campo enorme en Medicina, tanto en la producción de material quirúrgico, férulas, prótesis o audífonos como en la generación de biotejidos capaces de integrarse en el cuerpo humano para sustituir huesos, piel, orejas y otros órganos. Y se investigan aplicaciones que parecen de ciencia ficción, como la fabricación de células madre o el diseño de fármacos individualizados.

La construcción es un campo aún poco explorado porque hasta ahora una impresora solo era capaz de producir piezas iguales o más pequeñas que ella misma. El Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC), que diseñó el puente en la ciudad madrileña por encargo de Acciona, ha desarrollado el proyecto Minibuilders, tres robots del tamaño de coches de juguete que generan estructuras mucho mayores, como hacen las termitas.

Los chinos son pioneros en aplicar estos métodos a la edificación. La empresa Winsun presentó en 2014 una urbanización de una decena de viviendas pero, en un primer momento, ocultó que se trataba de casas construidas a partir de piezas prefabricadas y después ensambladas. En junio de este año, otra constructora del gigante asiático, HuaShang Tengda, ha levantado una casa de 400 metros cuadrados en mes y medio. Y en esta ocasión sí parece que lo ha logrado mediante una impresora gigante. Igual que la firma holandesa DUS Architects, que terminará en 2017 su espectacular Canal House en Amsterdam.

«En el futuro la impresión 3D permitirá construir más rápido, más barato y más sostenible», asegura Areti Markopoulou, directora académica del IAAC, que investiga el comportamiento de nuevos materiales, como tierra mezclada con otros ingredientes naturales y bioplásticos a base de restos de café y piel de naranja.

Ni moldes ni juntas

La ingeniería civil sí que era un campo virgen. La innovadora pasarela del parque Castilla-La Mancha de Alcobendas, construida por una impresora de 2,5 metros en ocho piezas ensambladas, es el fruto de un año y medio de trabajo. «Fue un reto muy difícil porque, al ser una obra en un espacio público, debía cumplir la normativa de la construcción y las regulaciones de seguridad», recuerda la arquitecta. La elección del material, hormigón armado, fue clave, ya que el puente carece de una estructura metálica interna. Al no necesitar moldes, encofrados ni juntas, el IAAC tuvo una libertad total para diseñar el puente, que imita las formas orgánicas de la naturaleza. Además, no hay residuos ni se desperdicia material: el 100% del hormigón se reutiliza.

Otro factor de ahorro, señala Markopoulou, es que la impresión 3D permite integrar en un proceso diferentes estructuras, por ejemplo, fabricar un muro que incorpore aislamiento, ventilación, líneas eléctricas y fontanería.

Pero las impresoras 3D fueron, antes que gigantes industriales, pequeñas máquinas. El ingeniero Jesús Fernández es el CEO de León3D, una empresa de la capital castellana que ha diseñado, fabricado y vendido 3.000 de estos aparatos en los últimos tres años. Ofrece dos modelos, uno por 550 euros y otro por 1.350, capaces de imprimir objetos en 40 materiales de base plástica. «Todos los institutos de la Comunidad de Madrid y todos los colegios de Galicia tienen una», explica. Las utilizan para fabricar objetos artísticos, modelos matemáticos, mapas o robots con fines educativos. En internet hay decenas de bancos de piezas en las que se pueden descargar millones de diseños de todos los objetos imaginables, en muchos casos de forma gratuita.

Para Fernández, estas máquinas tienen un mercado enorme en el mundo de la educación o en las pymes -por ejemplo, para fabricar prototipos o maquetas-, pero no tanto en el ámbito doméstico. «Empresas que apostaron por eso han quebrado», razona. Lo mismo opina Juanjo Pina, que coordina el Observatorio de Fabricación Aditiva e Investigación Neoindustrial. «Me encantaría venderle una impresora 3D a todo el mundo, pero eso no va a ocurrir», asegura. Primero, porque no se trata de un electrodoméstico, sino de una máquina-herramienta que exige cierta formación e inversión de tiempo. «A la gente no le interesa customizarlo todo. Seguiremos yendo al chino de la esquina a comprar una bombilla», augura.

También hay quien aprecia riesgos, además de oportunidades. Preocupa la contaminación, ya que en el proceso de calentamiento de los filamentos plásticos se emiten partículas tóxicas. Puede haber igualmente problemas de seguridad: se imprimen cubiertos que, al entrar en contacto con alimentos, liberan sustancias peligrosas. ¿Y quién es responsable si una persona sufre un accidente con un objeto hecho en casa? ¿El fabricante del aparato, el diseñador, el accidentado?

Esta tecnología tiene importantes ventajas económicas para la industria, como la posibilidad de fabricar solo sobre pedido, sin necesidad de contar con 'stock'. Pero también plantea escenarios inquietantes, como la destrucción masiva de puestos de trabajo. Pensarlo da un poco de miedo, pero ya existen impresoras 3D capaces de imprimir piezas de impresoras 3D. Eso sí, hacen falta personas para ensamblarlas. De momento.