Ideal

Los indigentes de Los Ángeles se transforman en 'los corredores de medianoche'

Varios corredores nocturnos en Los Ángeles liderados por Mitchell.
Varios corredores nocturnos en Los Ángeles liderados por Mitchell. / Mark Ralston / AFP
  • El juez Craig Mitchell aporta su dinero para que los necesitados cambien su vida y puedan competir en el extranjero

Los corredores irrumpen en el silencio de la madrugada en Skid Row, donde se concentra la indigencia en Los Ángeles. Muchos de ellos vivieron también en las calles y ahora buscan cambiar su vida con deporte. Forman parte del 'Midnight Runners' (corredores de medianoche), un inusual equipo compuesto principalmente por adictos en rehabilitación y personas sin hogar que quieren comenzar un nuevo capítulo y dejar atrás su desgracia de tantos años.

En los diez kilómetros del recorrido por Skid Row, un área de unas 50 manzanas con la mayor concentración de indigentes de Estados Unidos (unos 6.000), los corredores van esquivando la dura realidad que por mucho tiempo los acechó: las tiendas de campaña, los cartones y las lonas de este barrio improvisado en pleno centro de Los Ángeles, que según cifras oficiales tiene unas 47.000 personas viviendo en las calles.

"Es una llamada de atención cada vez que camino por acá sobre adónde puede ir mi vida si continúo tomando malas decisiones", expresó Kenneth Collins, que se recupera de su adicción a las drogas y ha estado en la calle en varios períodos de los últimos 16 de sus 35 años de vida. Vive ahora, como muchos de sus compañeros, en el refugio y centro de rehabilitación Midnight Mission, ubicado en el medio de Skid Row.

El equipo fue creado por el juez de Los Ángeles Craig Mitchell, un ávido corredor que pasa sus días en la corte revisando casos sobre asesinatos, violaciones y otras fechorías. Mitchell, de 60 años, llegó a Midnight Mission invitado por un hombre al que había sentenciado a prisión y que lo buscó cuando salió en libertad condicional para que conociera el proyecto. "Fue completamente casual, me preguntaron cómo podría ayudar y les dije: '¿Qué tal un club de carreras?'", recordó el magistrado, sentado en su oficina con camisa de vestir, pantalones cortos y zapatillas.

Han pasado cinco años desde entonces y del club han salido corredores que participaron de maratones en todo el mundo, desde Ghana hasta Italia, pasando más recientemente, este verano, por Vietnam. "Nunca hubiera soñado, que un día estaría corriendo un maratón en Vietnam y con, entre todas las personas, un juez", bromeó David Noriega, que se unió al equipo el año pasado en medio de su lucha contra la drogadicción y después de una vida de crimen y falta de hogar que lo llevó a pasar 13 años en la cárcel. "Soy un exconvicto y estoy corriendo con un juez penal", añadió este hombre de 50 años y cuatro hijos. "Cuando regresé de Vietnam mis niños no estaban más avergonzados de llamarme papá", lanzó ya sin controlar las lágrimas.

Después de correr el maratón de Los Ángeles en marzo, el próximo destino para los Midnight Runners será Jerusalén en 2018. Los viajes internacionales, que pueden llegar a las decenas de miles de dólares, son costeados con donaciones y por el propio juez, que no duda en pagar por nuevas zapatillas para los de 20 a 25 integrantes del equipo.

Aunque es considerado un mentor por el grupo -que también integra un fiscal, un abogado criminalista y un cineasta-, para Mitchell son esos corredores los que dan más significado a su vida. "Lo mejor es cuando alguien te da un abrazo y escuchas eso que pocas veces me dicen mis propios hijos: 'Juez Mitchell, realmente lo amo' (...). Son personas que espero sean mis amigos por el resto de la vida", expresó.

Michael Mitts, por ejemplo, que vivió desde los 18 años bajo puentes y a las orillas de ríos, se unió al grupo en junio sólo para ponerse en forma y se llevó la gran sorpresa: "Tener a alguien que se preocupe lo suficiente para dar su tiempo y llevarnos a correr es maravilloso", indicó este hombre, hoy con 47 años. Pese a que Mitchell sabe que es muy probable que algunos de sus corredores terminen de nuevo en las calles o incluso frente a él en la corte, no piensa darse por vencido. "Cualquiera que trabaje con personas en rehabilitación entiende que la mayoría no tiene éxito, pero después de muchos fracasos llega un momento en que resuelven su vida", lanzó optimista.