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El espectacular jardín de las maravillas

Trabajos para la recuperación de los jardines originales del castillo de Chambord.
Trabajos para la recuperación de los jardines originales del castillo de Chambord. / Domaine National de Chambord
  • El más emblemático de los castillos del Loira, el de Chambord, recuperará sus jardines originales gracias a la generosa donación de un multimillonario estadounidense

El castillo de Chambord, doscientos kilómetros al sur de París, no sólo es el capricho de un rey –Francisco I– que rivalizó con el emperador Carlos I por la hegemonía del planeta. También es una maravillosa fantasía que deja atónito a todo el que lo visita por primera vez. Como en muchas otras fortalezas que se levantan en la comarca del Loira, en Chambord todo está subordinado a la arquitectura. En realidad, los castillos dejaron de tener sentido como edificaciones militares tras la introducción de la artillería, así que casi todos los que se construyeron después de la Edad Media eran meros ejercicios de estilo a mayor gloria de sus promotores. Es precisamente esa ausencia de funcionalidad la que explica el éxito de las construcciones que salpican el recorrido del río Loira.

Chambord, con su arquitectura deslumbrante, es el rey de los castillos franceses. Fue concebido como pabellón de caza de Francisco I (1494-1547), que eligió el lugar porque en los bosques de los alrededores abundaban los jabalíes, los ciervos y los faisanes. Las obras dieron comienzo en 1519 aunque la derrota de Pavía y el apresamiento del monarca francés a cargo de las tropas de su eterno rival, Carlos I, determinaron un parón que se extendió hasta 1526. El edificio fue escenario de un encuentro entre ambos reyes en 1539, cuando todavía estaba lejos de haber sido terminado. Francisco, que fue instruido por tutores italianos y hablaba con fluidez su lengua, recurrió a arquitectos transalpinos para diseñar el castillo. La combinación de influencias italianas y francesas alumbró un estilo arquitectónico singular en el que lo medieval y lo renacentista adquieren una dimensión hasta entonces desconocida.

La escalera de Leonardo

El castillo está concebido como una fortaleza medieval: tiene un edificio cuadrado central, el torreón, que está provisto a su vez de otras cuatro torres en cada uno de sus ángulos. En sus cinco alturas se distribuyen 440 habitaciones, 365 chimeneas y 84 escaleras. En el centro de Chambord está el elemento arquitectónico que más popularidad le ha reportado: una escalera circular con dos escalinatas, una para subir y otra para bajar, que giran en el mismo sentido y no se cruzan nunca. Aunque no hay pruebas documentales, se considera que la doble escalera fue obra de Leonardo da Vinci, uno de los protegidos de Francisco I. El genio del Renacimiento pasó los últimos años de su vida en una mansión de Amboise, cerca de Chambord, donde dio forma y retocó algunas de sus mejores obras, entre ellas el retrato de la Mona Lisa.

El castillo ocupa solo una minúscula parte de la finca, rodeada por un muro de 32 kilómetros de largo que pretendía evitar la fuga de los animales que hoy circunvala una reserva natural. Las más de 5.440 hectáreas que conforman la propiedad constituyen el mayor parque forestal cerrado de Europa. Chambord es propiedad del Gobierno francés y se mantiene gracias al turismo: con 800.000 visitantes anuales, es el castillo más frecuentado del país. Con el paso del tiempo, el esplendor de sus jardines se fue desvaneciendo y los terrenos que hay a su alrededor terminaron convertidos en monótonas praderas de césped. El consejo que gestiona el castillo llevaba tiempo dando vueltas a un proyecto de recuperación de los jardines. Después de quince años de estudio de la más variada documentación, los especialistas dieron forma a un diseño que reproducía fielmente el jardín original.

El parque databa de la época de Luis XIV, que fue el monarca que pudo rematar la ambiciosa obra casi dos siglos después de que Francisco Ipusiese la primera piedra. El dibujo original de los jardines, fechado en 1734, contemplaba un juego geométrico de árboles y parterres de inspiración genuinamente francesa. Los trabajos de recuperación del patrimonio vegetal tenían algo de quimera, ya que pronto se adivinó que iban a requerir un presupuesto que estaba fuera del alcance de los gestores de Chambord. Fue entonces cuando apareció la figura providencial de Stephen A. Schwarzman, fundador de Blakstone, una de las principales gestoras de fondos de inversión del mundo. El magnate estadounidense, la 45 fortuna del planeta según Forbes, se prestó a realizar una aportación de 3,5 millones de euros a título personal. «Tesoros como Chambord –proclamó– son fundamentales para el patrimonio cultural de Francia y de la comunidad internacional».

La generosa donación de Schwarzman ha permitido poner en marcha los trabajos. Será la obra de jardinería de mayor envergadura que se ha acometido en Francia en lo que va de siglo: 600 árboles, 800 arbustos ornamentales, 200 rosales, 15.250 bojs para delimitar los dibujos... Para llegar a los siete millones de euros que costará la obra se ha lanzado una campaña de captación de mecenas que se prolongará hasta abril, que es cuando se prevé que terminen los trabajos. Chambord lucirá entonces un jardín de las maravillas que le hará revalidar su condición de rey de los castillos.