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A la caza del turista rico

A la caza del turista rico
  • Potentadas cataríes, ejecutivos y príncipes árabes figuran entre las víctimas de la última oleada de robos en París. Francia teme que los asaltos dinamiten un sector ya dañado por el terrorismo yihadista

D os hermanas de una poderosa familia de Catar, un Bentley de lujo y un botín de cinco millones de euros. Los ingredientes catapultaron la noticia del asalto perpetrado el lunes por la noche en los alrededores de París a la primera plana de los informativos de medio mundo. Las mujeres, ambas de unos 60 años y vinculadas a la familia Ali Muslimani, propietaria de uno de los mayores conglomerados empresariales del emirato, acababan de aterrizar en el aeropuerto de Le Bourget, a quince kilómetros del centro de París, en un reactor privado y se dirigían a la capital en un Bentley conducido por un chófer. La limusina fue interceptada por otro vehículo ocupado por dos hombres y obligada a desviarse hacia un área de servicio con maniobras intimidatorias. Los dos asaltantes, encapuchados, se acercaron al Bentley, rociaron con gas lacrimógeno a las dos cataríes y al conductor, y se llevaron todas las maletas y bolsos que encontraron.

Pocos 'caladeros' se han revelado tan lucrativos para las bandas organizadas en los últimos tiempos como la periferia de París. El mes pasado los ladrones se llevaron 100.000 euros que el director de la firma francesa de decoración Gifi, Philippe Ginestet, portaba en un maletín tras asaltar el taxi en el que viajaba desde Le Bourget al centro de la ciudad. La lista de robos perpetrados en ese recorrido es larga y va de una coleccionista de arte taiwanesa a la que le arrebataron en abril de 2015 joyas por valor de cuatro millones de euros a un príncipe saudí que se quedó sin 250.000 euros en agosto de 2014. Las víctimas acostumbran a ser diplomáticos, altos ejecutivos y turistas con un elevado poder adquisitivo que se refleja en su apariencia o en el vehículo que utilizan. Dada la elevada cuantía de los botines, muchos de los asaltos tienen una gran repercusión mediática con la consiguiente penalización de la imagen de Francia, muy deteriorada ya en el capítulo de seguridad por los atentados del islamismo radical.

La brigada de la Policía judicial encargada de los casos ha verificado que el 'modus operandi' de los atracadores suele ser similar. Las víctimas aterrizan en alguno de los dos aeropuertos del norte de París, Le Bourget o Roissy, y son atracadas en el trayecto por carretera hacia el centro de la ciudad. Las vías que comunican los dos aeródromos con la capital francesa suelen estar colapsadas y los ladrones aprovechan las retenciones para aproximarse al coche de la víctima, reventar alguno de sus cristales y llevarse lo que les queda a mano. Con frecuencia lo hacen en motos robadas o que llevan las matrículas cambiadas aunque también aprovechan algunos de los túneles que hay en el trayecto para dar el golpe y huir a pie por las escaleras de urgencia. Muchos de los asaltos tienen lugar en dirección al centro de la ciudad, lo que ha llevado a los investigadores a sospechar que las bandas cuentan con observadores encargados de marcar los objetivos en los aeródromos. El aeropuerto de Le Bourget es el principal destino de los reactores privados que vuelan a París.

El único asalto cometido en el área que no se ajusta al patrón descrito tuvo lugar en agosto de 2014, cuando una comitiva de vehículos que formaban parte del séquito del príncipe saudí Abdel Aziz Ben Hahd fue interceptada camino de Le Bourget. La caravana, integrada por trece turismos, fue sorprendida por dos potentes BMW ocupados por ocho hombres, cinco de los cuales estaban armados. Los ladrones irrumpieron en la furgoneta que estaba a la cabeza del convoy, una monovolumen Mercedes Viano, obligaron a sus tres ocupantes a abandonarla a punta de pistola y se la llevaron con una parte del equipaje y enseres personales del príncipe. Tanto la Mercedes como uno de los BMW aparecieron quemados poco después en una barriada próxima. Los saudíes valoraron en 250.000 euros el importe de los objetos robados, entre los que había también «documentación sensible». La Policía francesa detuvo en mayo del año pasado a doce personas sospechosas de haber participado en el golpe aunque el juicio aún no se ha celebrado.

Turistas chinos desvalijados

A los saqueos en las rutas de la periferia se ha sumado el atraco del que fue víctima hace un par de meses la estrella de la televisión estadounidense Kim Kardashian, a la que le fueron sustraídas joyas por valor de unos nueve millones de euros en un apartahotel de lujo de París. El golpe, que tuvo una enorme repercusión mediática, ha minado seriamente el crédito de la capital francesa entre los turistas de mayor poder adquisitivo. Otros episodios como el ataque a la estrella india de 'Bollywood' Mallika Sherewat, asaltada por tres encapuchados, o el desvalijamiento de un grupo de 27 turistas chinos en un autobús que les llevaba al aeropuerto han contribuido a deteriorar aún más la imagen de la tercera ciudad del planeta que más visitantes recibe.

La oleada de atentados yihadistas que ha padecido Francia desde inicios del año pasado ha tenido una incidencia directa en la industria turística. El Gobierno acaba de desvelar que las pernoctaciones durante el verano en París y su área metropolitana han descendido un 12,7% en la temporada de verano. La capital ha recibido dos millones menos de visitantes y referencias como el Louvre, el museo más frecuentado del mundo, han constatado un descenso del 20% en el número de entradas. La pérdida de ingresos de la región parisina podría ascender a unos 1.500 millones a finales de año. Las estadísticas confirman las sensaciones que se recogen en los establecimientos hosteleros, donde se respira un ambiente de preocupación. Los camareros y empleados de hotel del país vecino, generalmente poco cordiales, exhiben de un tiempo a esta parte una amabilidad con los visitantes que es más elocuente que cualquier cifra. Los quince millones que el Gobierno ha prometido invertir en mejorar la seguridad en zonas turísticas se antojan más necesarios que nunca. En juego está seguir siendo el país más visitado del mundo, algo de vital importancia para una economía que tiene cada vez más descosidos.