Ideal

A nado por todo el Atlántico sin parar ni un día

Ben Hooper pone a punto su cronómetro al iniciar la travesía el domingo pasado en una playa de Dakar.
Ben Hooper pone a punto su cronómetro al iniciar la travesía el domingo pasado en una playa de Dakar. / AFP
  • 'Zarpó' la semana pasada de Senegal y espera llegar en marzo a Brasil dando brazadas. Un expolicía británico inicia la primera 'singladura' a nado del oceáno sin escalas

Ni el Canal de La Mancha ni el Estrecho de Gibraltar. Ni siquiera el Lago Ness, muy de moda en los últimos tiempos entre los nadadores de largas distancias. Al expolicía londinense Ben Hooper se le metió en la cabeza hace unos años cruzar a nado el Atlántico y no parece que vaya a detenerse hasta hacer su sueño realidad. El pasado domingo inició su aventura oceánica en una playa de Dakar, la capital de Senegal, en una ceremonia que tuvo mucho de despedida de su condición de terrícola. Si se cumplen sus planes, durante los próximos cinco meses mutará en una suerte de criatura marina nadando a razón de ocho horas y media diarias. Es probable que si consigue alcanzar allá por el mes de marzo la costa de Brasil en su piel hayan empezado a formarse las primeras escamas.

Resulta difícil dar con una motivación capaz de hacer que una persona se plantee pasar 120 días de su existencia nadando sin parar en medio de las olas del Atlántico. Hooper tendrá sus propias razones, pero desde luego las que ha hecho públicas no parecen estar a la altura de un sacrificio tan extraordinario. Además de recaudar fondos para organizaciones humanitarias, el equipo que le acompaña tiene previsto realizar una investigación sobre la contaminación marina y un documental de televisión. En un plano más personal, ha confiado que su atracción por el agua tiene que ver con un episodio de su infancia: «Cuando tenía 5 años casi me ahogo en una piscina de Bélgica; me quedé sin fuerza, vi todo negro y me fui hasta el fondo, casi me muero». Lejos de hacerle desarrollar una fobia al agua, el incidente le espoleó a la hora de aprender a nadar y al acabar su etapa escolar ya había acumulado un buen número de galardones por su destreza dando brazadas.

A sus 38 años, el expolicía británico tiene una forma física excepcional. Durante los últimos tres años se ha estado preparando a conciencia para acometer el desafío con garantías de éxito. Las dos embarcaciones que le siguen navegan a cierta distancia. La mayor de ellas, un catamarán que se llama ‘Big Blue’, le sirve para dormir y realizar las comidas fuertes de la jornada. Es también la que le proporciona información sobre su posición en el océano y sobre los pronósticos meteorológicos. La nave equipa además un sistema que ahuyenta a los tiburones mediante ultrasonidos en un radio de varias millas a la redonda. La rutina de Hooper empieza a las 4:30 de la madrugada con un desayuno contundente. De cinco a ocho y media de la mañana nada a un ritmo rápido. A las nueve toca parada para comer y descansa hasta las doce y media. A la una vuelve a enfundarse el neopreno para dar de nuevo brazadas de forma más relajada hasta las siete de la tarde. Al salir del agua cena y se acuesta a las nueve y media de la noche.

Un Canal de La Mancha diario

En su planificación tiene previsto nadar unos 36 kilómetros en cada jornada, lo que quiere decir que cubrirá todos los días el equivalente a la distancia que hay entre las dos orillas del Canal de La Mancha. Pero eso es sobre el papel, ya que las corrientes y los imprevistos que pueden surgir en una travesía oceánica son susceptibles de trastocar todos los planes. Hasta ayer llevaba cubiertas unas 37 millas, es decir, unos 60 kilómetros, lo que significa que se mueve con mayor lentitud de lo previsto. O puede simplemente que se tome la semana inicial como un periodo de aclimatación y que luego apriete el ritmo. Por delante tiene aún nada menos que 3.140 kilómetros hasta alcanzar la costa de Brasil.

La mayor preocupación del nadador antes de emprender la travesía era que iba a estar cinco meses alejado de su hija, que tiene 8 años. «Quiero demostrarle que en esta vida se puede lograr todo lo que uno se propone».

Hooper llenó una botella de agua con arena de la playa de Dakar antes de echarse al océano, una ceremonia que tiene intención de repetir si alcanza las playas de la ciudad brasileña de Natal. «Hace unos años atravesé por un mal momento, tuve un episodio depresivo y lo mejor que se me ocurrió para impulsarme a hacer cosas fue marcarme este reto y demostrar que no hay nada imposible. Hay más personas que han aterrizado en la Luna que las que han intentado cruzar el Atlántico, así que en aquel momento pensé que tal vez esta era mi vocación».

Si logra su objetivo, será el primer humano que atraviesa a nado el Atlántico sin escalas. En 1998 el francés Benoît Lecomte aseguró haber cubierto nadando los casi 6.000 kilómetros que hay entre las costa este estadounidense y el litoral francés en 73 días. Sin embargo, su marca no llegó a ser homologada porque hizo una escala de una semana en las islas Azores, en mitad de la travesía, debido a problemas técnicos en su equipo. Además, nadie dio crédito a que hubiese sido capaz de recorrer más de 80 kilómetros al día aunque él sostuvo que esa media había sido posible gracias al empuje de las corrientes marinas. Ahora Lecomte se plantea un hazaña aún más increíble: cruzar a nado el Pacífico.