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¿Por qué las moscas nos molestan más en otoño?

  • Con la llegada del frío y la lluvia, aumentan su tamaño y aparecen por todos lados

¿Se ha preguntado alguna vez por qué las moscas se vuelven tan 'pesadas' en el final del verano y el comienzo del otoño? No solo 'incordian' más a las personas, sino que además parecen mayores de tamaño. Pues bien, la ciencia ofrece algunas respuestas. Según algunos expertos, la explicación está en el significativo aumento de la humedad relativa del ambiente característico de estos días, lo que provoca que aumenten su peso en una proporción que, debido a su pequeño tamaño, les supone una lastra considerable a la hora de emprender el vuelo.

No solo son más pesadas, sino también más 'pesadas'. Con la llegada de las borrascas que se suceden en esta fase del año, la presión atmosférica baja, lo que conlleva que el aire tenga menos densidad. Eso provoca que les cueste más batir las alas y mantenerse flotando y, en consecuencia, que tengan más ganas de posarse, por ejemplo, en la piel de las personas.

Respuestas a estas preguntas sobre el comportamiento de las moscas se pueden encontrar en esta página, en la que también se explica que el otoño es una estación funesta para estos insectos. De hecho, es habitual que, conforme bajan las temperaturas, se caigan en recipientes que contienen leche otros líquidos, lo que es signo, según relatan, de que sus cortas vidas están próximas a extinguirse, porque el invierno es demasiado riguroso para ellas.

Como no pueden sobrevivir a las heladas y a los rigores de la estación más fría del año, será a finales del otoño cuando veamos cómo las moscas intentan entrar en las habitaciones de las casas buscando cualquier recoveco, buscando huecos frescos y oscuros. Del acierto de esa decisión dependerá su supervivencia durante los siguientes meses.

Si consiguen resistir con vida a los rigores del invierno, estas moscas serán las que engendrarán las poblaciones primaverales y estivales, aunque también pueden reproducirse en invierno, en el estiércol de los establos, por ejemplo, por el calor que procura la fermentación. Conviene recordar, además, que en junio de 2013 se publicó un estudio que demostraba que las moscas actuales se adaptan mejor a los cambios de temperatura que las de los años 70 porque sus genomas han cambiado con ese propósito. Una muestra más de la habilidad de estos insectos para adaptarse a las modificaciones que les impone el planeta y los humanos con los que conviven.