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El español que voló a los dos Polos con un avión fabricado por él mismo

El español que voló a los dos Polos con un avión fabricado por él mismo
  • A la misma hora que EE UU cambiaba de dueño, Michel Gordillo completaba su vuelo en solitario a la Antártida. «Esto es de una belleza que mata», describió

En la madrugada del miércoles, en las mismas horas en que Donald Trump vencía a todos los pronósticos y el mundo contenía la respiración, un aventurero español vivía la noche de su vida ajeno al revuelo mundial y delante de un universo de silencio helado. Frente a la revolución política americana, Miguel Ángel 'Michel' Gordillo sobrevolaba el Polo Sur pendiente solo de otra revolución: la del pequeño motorcillo de su miniavión fabricado por él mismo. A las 05.45 horas, más o menos al mismo tiempo en que la suerte de Trump se iba despejando, Gordillo también agradecía al terrible clima polar la 'ventana de buen tiempo' que le permitió volar durante 20 horas y 37 minutos para completar su reto. Había sido el primer español en atravesar el casquete Antártico. De esta forma completaba una serie de periplos que le han llevado durante el último año a juntar los dos Polos y circunvalar el resto del planeta con su modelo RV 8.

«Es un auténtica heroicidad. Y es una pena que apenas le hayan dado repercusión. Esta gesta conecta a Gordillo con la senda de los pioneros del siglo XX, pero en el XXI», resume Enrique Gavilán, fundador de aviacióndigital.com y amigo personal del piloto, con el que ha mantenido contacto permanente a través de WhatsApp. Después de cruzar desde África hasta Oceanía por el océano Índico, Michel Gordillo atacó su ruta final desde la isla de Tasmania. Atravesó un amplio brazo de mar hasta entrar en el continente helado por la bahía de Terra Nova, donde pudo hacer pista en la base científica italiana Mario Zuccelli. En el blog que ha escrito en los ratos en que ponía pie en hielo describió su primer encuentro con la Antártida en los primeros días de noviembre. «La zona es de increíble belleza. Una belleza que mata. Ahora el avión está sentado sobre el mar. Parece un guisante en medio de una ensalada». Los motivos gastronómicos parecen una fuente de inspiración o relax para este hombre de 61 años (Camerún, 1955) que, en su escala italiana, se permitía bromear en su blog con que esperaba poder «degustar los helados italianos».

La parte final, en la que debía atravesar 4.500 kilómetros de parte a parte del mayor trozo de témpanos del planeta, recordaron a esos momentos en que los montañeros del Himalaya inician el ataque final a una cumbre. Durante la fase de pruebas de su avioneta, que ha durado dos años, Gordillo adaptó a su prototipo hasta tres depósitos de combustible: en la barriga, en las alas y detrás de su asiento. «Llevo 250 litros pegados al cogote», solía decir muy serio. Pero sus precauciones para acumular el máximo de autonomía en el aire no podían luchar contra un viento de cola que redujo su velocidad de crucero a la mitad: apenas 80 nudos (unos 150 kilómetros por hora). El combustible se le acababa y todo se ponía en contra. «Consultó con un par de bases americanas de camino y le reclamaban 8.000 dólares (7.000 euros) por aterrizar y le negaban el repostaje por pura envidia», relata su amigo Gavilán.

La imagen de la Virgen de Loreto que lleva en su cuadro de mando decidió echarle un cable. Se despejó el cielo, cambió la dirección del viento y, casi sin enterarse, duplicó la velocidad de su monoplaza. «La suerte del campeón», resume Enrique Gavilán.

Diez años después

Esas poco más de veinte horas y media finales a los mandos de su RV 8 le sitúan en la historia de la aviación española como el primer piloto que sobrevuela la Antártida sin parada. En ese tiempo cruzó y disfrutó del mar de Ross, la meseta central y el mar de Weddell. En la base argentina de Marambia, con la punta del Cabo de Hornos enfrente, el reto estaba cumplido. Tras ser agasajado con la hospitalidad de sus colegas, aprovechó su racha de fortuna con el clima y cruzó los 1.200 kilómetros de agua que le llevaron hasta el aeropuerto de Ushuaia, la ciudad más austral de Argentina y del mundo.

Cerraba así una obsesión que empezó hace una década. Hasta 2006, Michel Gordillo alternó su vida entre la aviación militar y la civil como piloto de Iberia, que le despidió el día que dejó en tierra un Airbus en Jerez porque detectó irregularidades a bordo. Antes fue un piloto militar de gran talento que incluso formó parte del escuadrón del Rey, lo que significa que la vida de los miembros de la Familia Real y del Gobierno han estado en sus manos en infinidad de ocasiones.

Pero este hijo de un miliciano español en las colonias africanas decidió dar un viraje a su existencia sin dejar de llevar los mandos de su destino. Abandonó la aviación comercial y comenzó a perseguir sus sueños de volar sin las ataduras y esclavitudes de la aviación civil. Han pasado diez años desde que se imaginó en la cabina de un prototipo construido por él mismo hasta completar la hazaña que cerró el miércoles. Y antes aún tuvo que vencer el recelo de las autoridades españolas para firmar los permisos de su aventura. Le achacaban a su proyecto riesgos contaminantes, cuando Gordillo incluso había previsto recoger su pis en un bote en su vuelo helado.

Pero finalmente logró el apoyo del Comité Polar Español y el soporte científico de la Universidad de Granada. Durante todos sus vuelos, tanto éste como los que ha realizado por todo el planeta, remitía cada tres minutos datos de las muestras de hollín en suspensión que iba tomando un medidor. «Gracias a él podremos comparar desde las tormentas de arena del desierto, a las quemas masivas en el Amazonas o el hollín Antártico, que es uno de los mayores culpables del calentamiento global», resume el catedrático de Física Aplicada y director de la investigación, Lucas Alados.

El piloto Gordillo ya ha ofrecido su aparato, casi un invento suyo, para hacer sobrevuelos en Madrid y ayudar a prevenir los graves problemas de contaminación atmosférica que sufre la ciudad. Con esta conquista, España recorta un pasito más en su largo déficit de exploración en los Polos. El aviador se suma a los logros de otros arrojados como Ramón Larramendi, que completó hace unos meses también la circunvalación de los Polos con su 'Trineo del Viento', un vehículo totalmente ecológico. Fue otra invención propia.