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Comienzan a cobrar a los viajeros 'al peso'

  • Las rácanas medidas de las plazas de los aviones no encajan con un mundo cada vez más obeso

El viajero se abre paso con dificultad por el estrecho pasillo del avión y al ir a sentarse descubre, oh-oh, que la plaza contigua a la suya está ocupada por un pasajero cuyas dimensiones rebosan ampliamente los límites de su asiento. La escena tiene una indudable vis cómica –el cine la ha utilizado, nunca mejor dicho, hasta la saciedad–, pero pierde toda la gracia cuando se hace realidad en un viaje trasoceánico. Una situación que lleva camino de convertirse en cotidiana, dado que la obesidad se extiende por el mundo en la misma medida en que las aerolíneas buscan rentabilidad embutiendo más y más clientes en sus aviones. El ‘casus belli’ está servido.

El último conflicto ha tenido lugar hace unos días, cuando dos ofendidos hombres de negocios samoanos se quejaron al departamento de Transportes de Estados Unidos por haber sido obligados a pesarse antes de embarcar en un vuelo desde Honolulu, la capital de Hawai, a Pago Pago, la de Samoa Americana. La aerolínea justificó este ‘checking’ en báscula en que sus pasajeros son cada vez más gordos, lo que obliga a redistribuir sus pesos en las cabinas de sus Boeing 767 «para adecuarse a las instrucciones del fabricante». Sin embargo, Avamua Dave Haleck, uno de los dos samoanos indignados, cree que la nueva normativa es discriminatoria porque solo se aplica a viajeros con procedencia o destino en Samoa. Puede tener algo que ver en ello el hecho de que Samoa Americana tenga los índices de sobrepeso más altos del mundo. El 75% de su población adulta ya era obesa en 2007, y los índices más recientes señalan que la cifra podría elevarse en la actualidad hasta el 94%.

No es extraño, pues, que Samoa Air se convirtiera en 2013 en la primera aerolínea del mundo que cobra a sus pasajeros según su peso. La compañía, que opera trayectos domésticos en el Pacífico Sur, calcula el precio del billete multiplicando una cantidad fija por cada kilo que embarquen los viajeros sumando su propio peso al de su equipaje.

Su ejemplo acabará por extenderse, aunque por ahora lo haga tímidamente. De hecho, la aerolínea Air France-KLM estudia desde hace años cobrar un sobreprecio a los clientes obesos, aduciendo la «seguridad» como argumento principal. Hace justo un año, la máxima autoridad sanitaria del Reino Unido, Sally Davies, originó una fuerte polémica al sugerir que las compañías pesen al pasajero antes de embarcar y hagan pagar un extra a los que sobrepasen un límite. Esta ‘tasa para obesos’, en su opinión, serviría para concienciar a los británicos, con los mayores índices de sobrepeso de Europa, de la necesidad de hacer ejercicio y llevar una alimentación más adecuada.

Apretarse el cinturón

Iberia ofrece la posibilidad de adquirir dos asientos a las personas obesas; pagando, eso sí, por ambos, aunque los gastos de gestión y de tarjeta se abonan una sola vez. Otras aerolíneas no solo lo permiten, sino que lo exigen en aras de la comodidad de los demás pasajeros. En Estados Unidos, compañías como US Airways, Southwest Airlines o Continental han establecido políticas para definir cuándo un cliente debe pagar por más espacio en un vuelo: si su masa corporal no le permite sentarse cómodamente en el asiento asignado, deberá comprar uno extra. Hace tres años, Matthew Harper, un texano que entonces tenía 34 años y 154 kilos de peso, sufrió la humillación de ser sacado del avión de Southwest Airlines en el que pretendía volar, debido a que rebasaba el espacio de su asiento y el contiguo estaba ocupado. No es un caso aislado. La misma compañía obligó al director de cine estadounidense Kevin Smith a bajar de un avión por idéntica razón. «Estoy gordo, pero no tanto», se quejó Smith, que argumentó que él pudo bajar los dos reposabrazos y abrocharse el cinturón de seguridad sin tener que pedir una extensión.

United Airlines se sumó a la lista el año pasado, al decidir cobrar dos pasajes a las personas obesas que viajen en clase turista en vuelos llenos. En este caso, el argumento esgrimido por la empresa fueron las quejas de otros clientes.

En el otro extremo, y no sólo geográficamente, Aerolíneas Argentinas decidió ya en 2009 ofrecer un segundo asiento a las personas obesas que lo requieran, sin coste alguno, siempre que reserven las dos plazas con 48 horas de anticipación y aporten un certificado médico que acredite su condición. Y es que el limbo legal en que se mueven las aerolíneas a este respecto es muy difuso. En Canadá, por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia determinó en 2008 que las aerolíneas deberían dar dos plazas por el precio de una a las personas obesas o discapacitadas que tuvieran problemas para acomodarse en una butaca. No quieren a bordo culos de mal asiento.