Caramelo, K.O

Caramelo lideró los años dorados de la moda gallega. /
Caramelo lideró los años dorados de la moda gallega.

El cierre de la emblemática firma gallega llena de nubarrones el futuro de la industria de la moda de Galicia

LUIS GÓMEZ

La moda gallega llevaba años a punto de caramelo hasta que se le han empezado a descubrir las costuras. El definitivo cierre de Caramelo, la empresa propiedad de Manuel Jove desde 2008, sólo es la punta del iceberg. Galicia, la comunidad colonizada por el emporio de Amancio Ortega, vive en una encrucijada. Firmas que lo fueron todo en los ochenta, como Adolfo Domínguez y Roberto Verino, se asoman al filo del precipicio con anuncios de cierres de tiendas y recortes de plantillas.Renovarse o morir de éxito. En este cruce de caminos, Galicia continúa siendo paradójicamente uno de los territorios más fértiles y vivero de algunas de las propuestas creativas más prometedoras del país. Para añadir mayor picante a este jeroglífico, Bimba&Lola, firma familiar impulsada por las sobrinas del modisto que patentó el lema de que la arruga es bella, sigue protagonizando uno de los fenómenos de moda con ventas espectaculares.

Made in Spain

Aliento de recuperación

Desde 2008, la cifra de negocio proveniente de la confección de prendas de vestir en España ha disminuido considerablemente hasta situarse por debajo de los 4.500 millones de euros. De hecho, todo el sector ha atravesado unos años de inestabilidad, hasta comenzar a hacerse de nuevo un hueco en la economía del país. Como ejemplo de esta recuperación, las exportaciones españolas del sector textil se valoraron en más de 14.000 millones de euros en 2015. El sector de la moda representa el 2,8% del PIB nacional.

El puntal de Galicia

El sector textil supone, en cambio, el 11% del PIB gallego, cuenta con 500 empresas y emplea a más de 13.000 personas. Un caso de expansión vertiginosa es el de Pili Carrera, especializada en moda infantil, que ya está presente en 16 países. Florentino, que sigue fabricando en Lalín, vende en más de 20 naciones y Bimba&Lola dispone de más de 200 puntos de venta. La compañía vive ajena a la crisis. Facturó 98,5 millones de euros en su último ejercicio económico fiscalizado, lo que supone un crecimiento del 13%.

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nuevos puntos de venta cuenta Purificación García, integrada en Sociedad Textil Lonia (STL), tras su entrada en el mercado guatemalteco.

Sin embargo, ¿qué tiene Galicia para después de recoger el testigo textil de Cataluña empezar a mostrar signos tan preocupantes de debilidad? El sector rápidamente ha cerrado filas. Si bien ha lamentado la desaparición de una de sus etiquetas más emblemáticas, empresas y trabajadores han hecho piña y defendido que se trata de un «caso puntual» y que la industria «aguanta» sin complicaciones. Esgrimen que el año pasado volvió a configurarse de nuevo como la primera comunidad de España en ventas de moda al exterior, con un 38% de las operaciones con el extranjero, por delante de Cataluña (30%). Y apostillan que la industria textil no vive únicamente de Inditex, aunque, evidentemente, ejerce de indiscutible tractor. Defienden que funcionan más de 250 sociedades con marca propia, como Florentino, Purificación García, Alba Conde, Nanos o Pili Carrera.

Ayudas multimillonarias

Los números, sin embargo, parecen contradecir esta sensación. Tras sucesivos relevos en la dirección, un concurso de acreedores y muchos despidos, Caramelo ha entregado la cuchara y dejado en la calle a 170 empleados. Una herida considerable para una compañía que llegó a contar con más de 800 trabajadores y enarboló la bandera del diseño y la vanguardia con trajes que estilizaron las siluetas masculinas. Su cierre llama poderosamente la atención porque la empresa estaba en manos de uno de los mayores emporios inmobiliarios de España Jove es el primer accionista del BBVA y recibió además ingentes ayudas de la Administración pública más de 30 millones de euros de la Xunta para intentar reflotarla. Nada se sabe del paradero de esas subvenciones. El Gobierno de Alberto Núñez Feijóo no ha escatimado medios en el intento de rescate de algunos emblemas de su industria con inyecciones multimillonarias, pero con pésimos resultados:Pescanova, Pórtico, un sinfín de empresa navales... Y,ahora, Caramelo.

Esta etiqueta ejemplifica el problema de fondo que atenaza a la industria española, incapaz de advertir el tsunami que se le avecinó en 2008. Se entregó en los años de gloria a un frenesí de aperturas sin calcular los riesgos. Para rebajar costes, optó por deslocalizar la producción y trasladar sus talleres a Asia en busca de mano de obra barata. La operación ha hecho aguas por todos los costados. La firma se quedó a medio camino entre el mundo low cost y el universo del lujo; es decir, en la más absoluta indefinición, lo que le ha llevado a quedarse en tierra de nadie y perder sus señas de identidad.

La patronal intenta coser las heridas para salir adelante. Cuenta con el apoyo de los sindicatos, que le han visto las orejas al lobo: «El sector no va a caer más bajo de lo que ha caído», razonan, pero todos son conscientes de que la recuperación sólo será posible «cuando la gente esté en disposición de gastar» y se obvien errores como los cometidos por la que un día fue enseña del diseño gallego.

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