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'La rosa del desierto' rompe su silencio

Asma en 2010, cuando su estilo cautivaba a la prensa occidental. A la derecha, escenas que componen ahora su quehacer cotidiano.
Asma en 2010, cuando su estilo cautivaba a la prensa occidental. A la derecha, escenas que componen ahora su quehacer cotidiano. / AFP
  • Asma al Assad, esposa del presidente sirio y considerada antaño la mujer más glamurosa de Oriente Próximo, rompe ocho años de silencio

Asma al Assad, esposa del presidente sirio y considerada antaño la mujer más glamurosa de Oriente Próximo, bautizada por sus admiradores como ‘la rosa del desierto’, ha roto ocho años de silencio con una entrevista al canal de televisión público ruso ‘Rossía-24’. No se oculta la intencionalidad propagandística. Se trataba de ofrecer una imagen amable del régimen sirio, pero también ha servido para que, entre líneas, la primera dama del demolido país árabe relate sus vivencias y exteriorice su estado de ánimo. Asma, de 41 años, aprovecha la primera pregunta para reafirmar su respaldo incondicional a su cónyuge. Le ha apoyado y sigue apoyándole «porque comparto sus convicciones». En cuanto a su desaparición de la escena pública, asegura que «nunca he procurado ser el centro de las miradas».

Sostiene que jamás se planteó huir del país pese a la guerra: «Sí, me ofrecieron la posibilidad de salir de Siria. La proposición incluía garantías financieras y de seguridad para mí y mis tres hijos, pero no hace falta ser un genio para comprender qué objetivos reales perseguían quienes me hicieron el ofrecimiento». ¿Y cuáles eran? «Lo que menos preocupaba a esas personas era mi bienestar o el de mis hijos, era en realidad un intento premeditado de socavar la fe de la gente en su presidente. Lo que me ofrecieron era estúpido y no fueron sirios quienes lo hicieron». En varias ocasiones circuló el rumor de que la familia había abandonado el país, especialmente después de que el Estado Islámico lograra bombardear Damasco –«aquello marcó mucho a mis tres hijos; el mayor tenía entonces 10 años y el pequeño no había cumplido los 7»–, pero ella mantiene que «siempre permanecí aquí».

Recuerda el «halago» que le producían los piropos que hace tiempo le lanzaban publicaciones como la revista estadounidense ‘Vogue’, que llegó a bautizarla como ‘la rosa del desierto’, aunque prefiere «dar imagen de mujer recatada y coherente conmigo misma». El conflicto que ha sumido a Siria en el infierno ha cambiado la percepción internacional de su persona –«es algo inherente a mi condición de esposa del presidente; como suele decirse, gajes del oficio»– y se declara convencida de que su reaparición le traerá «críticas aún más duras desde determinados medios interesados en presentarme en plan negativo, superficial».

Aprecia en este sentido un «doble rasero» en la prensa occidental. Denuncia que se dio gran publicidad a la muerte del pequeño Aylan en una playa turca y al sufrimiento de Omran, ensangrentado en una ambulancia tras un bombardeo en Alepo, fotos que dieron la vuelta al mundo, mientras «se silenciaba la matanza de mujeres, ancianos y niños por extremistas del Frente Al Nusra» en la localidad de Az-Zaria, en la parte sur de la provincia de Hama. «Aylan era un niño sirio, independientemente de lo que pensaran sus padres, y lo mismo Omran y otros niños inocentes asesinados en muchas partes de Siria», sentencia.

Una agenda de batalla

Habla de su marido como una persona «accesible, tranquila, pensativa y cordial, con quien se puede hablar de cualquier cosa». Eso sí, admite que la guerra «ha aumentado su responsabilidad y consume todas sus energías y gran parte de su tiempo. Esta faceta de su personalidad es la que más me impresiona, pero procura encontrar tiempo para su familia, especialmente para nuestros hijos. Comprende perfectamente la importancia de su papel como padre». ¿Y ella? «Mi principal prioridad es viajar por el país, dar apoyo a las familias de los caídos en la contienda, ayudar a los heridos y a todas las víctimas que han perdido la vivienda o lo que tenían. Gracias a esta gente existe todavía Siria». Las televisiones nacionales la muestran regularmente recorriendo hospitales de campaña, reuniéndose con huérfanos o acudiendo a centros educativos.

Asma nació en Londres el 11 de agosto de 1975 y tiene doble nacionalidad, británica y siria. Su padre, Fawaz Akhras, era médico cardiólogo y su madre, Sahar Otri, diplomática en la embajada siria. Ella creció en el barrio londinense de clase media de Acton, al oeste de la ciudad, y estudió en el Kings College computación y literatura francesa. Tras graduarse, trabajó en la banca. Primero en el Deutsche Bank y después en el J.P Morgan, en la oficina de Nueva York. Pero a su futuro marido le conoció en Londres, donde recaló para estudiar oftalmología, Asma se trasladó definitivamente a Damasco en 2000, tras la muerte de Hafez al Assad, su suegro. La boda con el heredero del jerarca fallecido se produjo en diciembre de aquel año.