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España es la mejor en la pesca con mosca

El equipo español, en aguas del río Colorado.
El equipo español, en aguas del río Colorado.
  • Un estudiante, un bombero y un dependiente: España ha ganado en los caudales de Colorado el campeonato del mundo de pesca con mosca

Aterriza un avión en Barajas con unos campeones del mundo y cuando cruzan la inmensidad de la terminal de llegadas del aeropuerto, nadie los reconoce. Aquellos tipos del extraño equipaje son un bombero, un empleado de una compañía eléctrica, un dependiente de El Corte Inglés y un estudiante, pero sobre todo son los flamantes campeones del mundo de pesca con mosca de salmónidos, un deporte desconocido en España del que acaban de proclamarse emperadores en los ríos de Colorado, en Estados Unidos.

La Selección Española de Pesca con Mosca, la ‘Roja’ del río, viene de conseguir su segundo campeonato consecutivo. Lo sabe muy poca gente. Tampoco se enteró casi nadie cuando ganaron el primero el año pasado, pero en las riberas del río Colorado, cuando llegaron hace tres semanas, la gente se pedía hacer fotos con ellos y en el desfile inaugural –banderas y chaquetas de uniforme– el público gritaba «¡España!, ¡España!» con acento gringo. Los leoneses Pablo Castro y Manuel Álvarez, los catalanes Iván Vergé y Yordi Oliveros, el gallego David Arcay y el manchego Francisco Llamas son los primeros espadas de la pesca con mosca, una disciplina a medio camino entre el deporte y el arte. «Hay muchísimas incógnitas. Está el tipo de mosca, los colores, la hora del día, la fuerza de la corriente...». Se explica el capitán y seleccionador Vicente Aranda, una especie de jefe de los druidas de la orilla, guardianes del secreto de la mordida de las truchas. Cada año, en el campeonato de España se clasifican dos o tres pescadores y el resto los selecciona él.

Este año, el campeonato del mundo se ha celebrado en los ríos Eagle y Colorado en Estados Unidos, al pie de las Montañas Rocosas. Como es tradición, más de 27 equipos nacionales se han jugado la prueba en cinco rondas de tres horas cada una en cinco lugares distintos. Se pueden imaginar a estas alturas que se trata de pescar cuantas más truchas, mejor. Los puntos funcionan de la siguiente manera: suman cien cada vez que hay una captura y además, añaden uno por cada centímetro que midan los pescados. Cada trucha es devuelta al agua después de ser medida por un jurado que vigila el ‘fairplay’ de la prueba. Cada centímetro cuenta. En la prueba individual, Jordi Oliveras iba a ser campeón del mundo pero resultó segundo porque un francés le sacó un par de centímetros. Perdió por un cuerpo (uno de pez).

El milagro de la ninfa

La prueba comenzó el pasado 11 de septiembre, pero una semana antes, el equipo español ya estaba allí dando de comer a los peces, viendo si picaban al sol, a la sombra, con mucha o poca profundidad, en la corriente o en las aguas mansas, a qué tipo de mosca entraban y con qué colores y comprobando si todo esto se producía de una manera o de otra en este u otro lugar del río y a qué hora del día. Una locura, una ecuación de un centenar de incógnitas, casi una magia oscura. Pero la pesca de la trucha con mosca no es una ciencia exacta. Ni barata. Cada uno de los participantes llevaba ocho o diez cañas de 500 euros cada una, moscas, vadeadores, botas... Además, tuvieron que costearse ellos mismos la estancia y la manutención de los días previos a la prueba. «La federación no da para más», se excusa Vicente Aranda, presidente del ente, seleccionador nacional y suplente de los pescadores, todo en uno. En España hay algo más de 50.000 licencias federativas en pesca, y esto incluye a los de río y a los de mar, en comparación con las 870.000 licencias de fútbol.

En la primera manga comenzaron de manera discreta y desempataron con Eslovaquia. Fueron cuartos. En la cuarta, se adelantaron a los franceses y en la última remataron la diferencia. Los galos fueron segundos y los terceros, el equipo local, Estados Unidos, el gran favorito de los expertos.

En 1981, la federación mundial instauró el campeonato del mundo para dilucidar qué país le daba mejor a la caña. España fue segunda en 1982 y después cayó en la tabla. En todos estos años, las grandes potencias mundiales fueron la República Checa y los franceses, pero de pronto algo cambió. Los españoles, que pescaban por aquel entonces con mosca seca (queda sobre el agua) se pasaron a la ninfa (el cebo se hunde) y sucedió el milagro. Campeones del mundo.