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Los récords más raros del mundo

Los récords más raros del mundo
  • Este alemán con la boca más grande del planeta convive en esa biblia de lo insólito que es el Guinness con mujeres barbudas y perros gigantes

Cuando el diablo no tiene nada que hacer, bate récords con lo que tenga a mano. Unos ambicionan la gloria, otros la inmortalidad. Y muchos, muchísimos, se conforman con el Guinness. Quieren que su nombre figure en el libro de lo insólito, esa guía de proezas que parecen imposibles y, sin embargo, con esfuerzos extenuantes, están al alcance de la mano. Aparecer en esta biblia de las marcas no garantiza ingresar en el parnaso, pero quien inscribe su nombre en ella se convierte en un dios indiscutible. Las hazañas van desde lo heroico a lo absurdo. La última edición es una nueva antología del disparate y de la desmesura, toda una apología de la resistencia a la adversidad. Aunque no es oro todo lo que brilla, porque a veces las hombradas son todo un desdoro y un desafío al sentido del ridículo. ¿Ejemplos? La mujer más joven con barba, el hombre con el pelo de las cejas más largo, el tipo que mayor distancia ha recorrido arrastrado por un caballo y –redoble de tambores– ¡con el cuerpo en llamas! El ‘Guinness World Records 2017’ (Planeta Junior), que recoge todas estas extravagancias, ya está aquí. Este martes lucirá en los escaparates de las librerías en una cuidada edición con abundantes fotografías que dan fe del prodigioso espíritu humano de superación. El tinglado del más difícil todavía nunca entra en crisis. Cada año renace con nuevos hallazgos a cual más insólito. Como es habitual, también hace un recordatorio de récords memorables de otros años. Los responsables del Guinness tienen tantos hitos registrados que reventarían la capacidad de almacenamiento de cualquier disco duro. «Actualmente tenemos más de 16.000 récords en nuestra página web», dicen los organizadores. El libro que nos ocupa es sólo un parco resumen. En estos años han sucedido muchas cosas para quedarse con la boca abierta. Quiebras, corrupciones, asesinatos, terremotos, pactos, líneas rojas y Trump. Como el candidato republicano, Bernd Schmidt es todo un bocazas. No hay nada que le arredre. Abre sus fauces como el tiburón de Spielberg, de modo que puede dar un mordisco a una hamburguesa triple sin que se le descoyunte la mandíbula. Como no hay experimento sin comprobación empírica, una odontóloga alemana ha certificado que entre sus incisivos superiores e inferiores hay un hueco de 8,8 centímetros. Su habilidad sirve tanto para bostezar de aburrimiento como para gritar de espanto.

Aunque quien de verdad da miedo es ‘la vampira mexicana’, que proclama con orgullo lucir el mayor número de modificaciones corporales nunca vistas. En el sexo femenino no hay quien le tosa. Se propuso cambiar su ‘look’ y la verdad es que lo ha conseguido. María José Cristerna puede presumir de 49 estupendas deformaciones. Exhibe unas protuberancias en la frente que le dan un aspecto de ‘klingon’, esos extraños humanoides de ‘Star Trek’. Los implantes transdérmicos de Cristerna se extienden por pechos y brazos. Y en su cuerpo, tatuado en un 96%, no debe de haber espacio ni para un lunar.

No menos ilustrada está la piel de Charlotte Guttenberg, la anciana con más tinta en el cuerpo del orbe merced a sus abigarrados tatuajes. Todo comenzó con una tímida mariposa que se grabó hace diez años. La abuelita (es un decir, tiene una facha inmejorable) le cogió gusto a las agujas y ahora casi no cabe ni un alfiler en su cuerpo. Ha conservado limpios la cara y el cuello. El 91,5% de su epidermis es una colorida y recargada historieta digna de la Rue del Percebe.

El grandullón de los canes

En tiempos de adoración a las mascotas, conviene detenerse en las proezas animales. Para Greg Sample no hay perro feo. Lizzy, una hembra de gran danés, tiene hechuras de caballo: alcanza los 96,41 centímetros de altura y se le queda chico el sofá cuando se sienta junto a su dueño. Sample asegura que cuando saca su chucho a pasear siempre «causa sensación». Es «un gigantón dulce y muy sociable», argumenta el dueño de esta mastodóntica perra. Greg Sample atribuye el carácter bonancible de su animal a que ha estado siempre rodeado de gatos y dos pequeños terrier. Parecida sensación suscita Keon, un lebrel irlandés de Ilse Loodts (Bélgica) que tiene una cola tan larga, de 76,8 centímetros, que se puede confundir con un canguro.

Uno de los aspectos más curiosos lo protagoniza la británica Harnaam Kaur, la mujer más joven con barba, circunstancia que no obsta para que ejerza de modelo. No es broma, de hecho ha desfilado por la pasarela de la Fashion Week de Londres. ¿Causó perplejidad entre los enamorados de la moda juvenil? Puede que sí, aunque el público que acude a estos eventos ha visto de todo. Kaur está hecha toda una ‘hispster’. Su faz no tiene tres pelos; son incontables y gozan de muy buena salud. Si se tuviera que rasurar dejaría atrás 15 centímetros de barba, toda una seña de identidad para ella. La modelo es una activista contra el acoso escolar. Su extravagante estampa es un gesto provocador hacia los que la maltrataron en la escuela por su heteredoxa apariencia física.

Con todo, el vello facial de Harnaam Kaur no tiene nada que hacer frente al de Vivian Wheeler, quien luce una poblada barba de 25,5 centímetros. A la joven Kaur le acompañan la juventud y una sensual boca, pero Wheeler le aventaja en edad, experiencia y longitud del pelo de la cara. Es difícil elegir entre la vigorosa barba de aires talibanes de Haarmm y la más rala y blanca, propia de un chivo, de la estadounidense Vivian. Las dos se mesan la perilla con orgullo.

Orgulloso y afónico tuvo que quedarse el alemán Christian Kinner. Aún ostenta el récord del grito más largo del mundo. El 25 de abril de 2015 este hincha desaforado del Borussia Dortmund profirió un grito de casi 44 segundos. Un capítulo nutrido del libro lo protagonizan los que juegan con fuego. La editorial recomienda abstenerse a quienes les pueda tentar la idea de experimentar en casa. Quien no pudo resistir la tentación de arder, pero con la prudencia de no quedar reducido a cenizas, es el especialista austríaco Josef Tödtling. Es el tenedor del título del hombre que se ha sometido a la combustión más prolongada. Lo hizo con el mérito de prescindir de la ayuda de oxígeno. Acometió la increíble prueba en el departamento de bomberos de Salzburgo. Su éxito se cifra en 5 minutos y 41 segundos envuelto en llamas.

Todo un clásico del Guinness son los encuentros multitudinarios. En esta edición hay destacados ejemplos. Ahí están la mayor carrera de caballos de gentes disfrazadas de animales de pantomima, la más concurrida clase de yoga –que congregó a 35.985 personas cerca de Nueva Delhi– y la cita más numerosa de Wallys, que reunió en Dublín a 3.872 fans vestidos como el simpático personaje.