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¿Se hará la Sagrada Familia que quería Gaudí?

Dibujo inédito del proyecto del templo facilitado por la Universidad de Barcelona.
Dibujo inédito del proyecto del templo facilitado por la Universidad de Barcelona.
  • El concejal de Urbanismo de Barcelona califica de «mona de Pascua» la evolución del templo y reaviva una polémica que se remonta a la muerte del genio

"Gaudí sabía que no podría terminar lo que empezó y confiaba en sus sucesores". El que habla es Jordi Bonet Armengol, la persona que más tiempo ha estado al frente de las obras de la Sagrada Familia después del propio Gaudí. A sus 85 años, asiste impasible a la enésima polémica sobre la construcción del que es sin duda el icono más reconocible de Barcelona. Desde que murió hace ahora noventa años, los expertos se han enfrentado sobre la pertinencia de finalizar o no la obra maestra del genio.

Esta vez el que ha prendido la mecha es el concejal de Urbanismo de la Ciudad Condal, el socialista Daniel Mòdol –también arquitecto–, que se despachó a gusto durante un pleno municipal en el que se debatía una propuesta del PP para urbanizar de forma inminente el entorno del templo. Explicaba que esa no es una prioridad para el gobierno que dirige Ada Colau, cuando se desató una acalorada discusión. En el fragor de la batalla dialéctica soltó: «Yo no estoy en contra de Gaudí, lo que está en contra de Gaudí es hacer esa mona de Pascua». Los periodistas que cubrían el pleno se relamían con el titular.

Mòdol es de los que piensan que la Sagrada Familia, tal y como se está llevando a cabo en las últimas décadas, «no es una obra de Gaudí, es un proyecto sin planos que se ejecuta en su nombre». Su postura no es inédita, ni revolucionaria. Ya en 1965 un nutrido grupo de intelectuales de renombre dirigió una carta al director de ‘La Vanguardia’ criticando la continuación de las obras. «A nadie se le ocurriría terminar un cuadro o una escultura pero ¿se puede terminar un edificio sin el arquitecto que lo concibió? Sin él la obra queda falseada y disminuida. Nadie que respete la obra gaudiana puede colaborar a esta mixtificación», rezaba el manifiesto que firmaron arquitectos de la talla de Le Corbousier, Ricardo Bofill y Oriol Bohigas, artistas como Joan Miró y Antoni Tàpies o literatos como Camilo José Cela o Jaime Gil de Biedma.

En la misma dirección ha apuntado recientemente el japonés Hiroya Tanaka, probablemente uno de los mayores estudiosos del corpus gaudiano. «Si la consideramos como una obra de Gaudí, ésta terminó el mismo día de su muerte», afirma quien ha consagrado su vida a elaborar los planos, alzados, axonometrías y perspectivas de sus diez principales obras.

Unos planos hacia los que el arquitecto catalán no sentía demasiado apego, y ese es precisamente el origen de la polémica. De haber contado con instrucciones detalladas de la obra completa es probable que la autoría de su continuación no hubiera sido tan discutida. «Gaudí dejó lo más importante marcado y confiaba en sus sucesores para que fuéramos fieles a sus ideas», asegura a este periódico Jordi Bonet, que dirigió las obras entre 1987 y 2012, tras tomar el testigo de su padre, Lluís Bonet.

El principal instrumento para seguir los pasos del arquitecto de Reus han sido las maquetas que dejó. «Trabajaba con modelos a escala 1:10, que proporcionan un nivel de detalle inusual». Aunque la cripta, donde se guardaban los materiales del proyecto, fue presa de las llamas tras un ataque anarquista en 1936, la mayor parte de esas maquetas pudieron salvarse. Tras pasar la Guerra Civil emparedadas en un sótano, Francesc de Paula Quintana i Vidal y otros colaboradores de Gaudí –entre los que estaba Bonet padre– restauraron los modelos en yeso, sobre los que se ha trabajado desde entonces.

«Las medidas y las formas del templo son exactamente las que Gaudí pensó, faltaban algunos detalles que son los que se han ido añadiendo con el tiempo», sostiene Bonet. Entre ellos, la decoración de la fachada de La Pasión, que firmó en 1990 el escultor Josep María Subirachs provocando una airada reacción en contra. 500 personas se manifestaron junto al templo coreando proclamas como: «Subirachs, cómprate un Exin-Castillo».

La discusión no podía llegar en un momento más oportuno. Barcelona celebra estos días el segundo Congreso Internacional sobre Gaudí y los promotores del templo acaban de anunciar que estará terminado dentro de diez años, a tiempo para el centenario de la muerte de su primer firmante, que falleció el 10 de junio de 1926 tras ser atropellado por un tranvía. Y mientras hay quien quiere despojarle de la autoría de su obra maestra, éste sigue sumando obras a su currículo. Una capilla de la iglesia de Sant Joan en Gràcia, atribuida hasta ahora a su discípulo Francesc Berenguer, podría ser en realidad obra de Gaudí.