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Los colmillos de Luzón

Los colmillos de Luzón
  • El fiscal anticorrupción, hombre extremadamente discreto, se suelta en la Audiencia Nacional. Lleva 25 años acusando a los malos

Alejandro Luzón es uno de esos hombres que parece haber nacido con el traje puesto y el nudo Windsor de la corbata bien ajustado. El fiscal anticorrupción cumple veinticinco años de esa guisa, formalmente vestido, formalmente peinado y formalmente implacable cuando se sube al estrado. Ha demostrado en varios ocasiones que tiene el colmillo afilado y, si tiene que volver a hacerlo, lo acera sin problema. Esta semana lo ha sacado de nuevo a pasear. ¿La ocasión? La esperadísima primera sesión del juicio oral del caso de la tarjetas ‘black’ de Bankia. Luzón embistió de frente a los abogados de la defensa. «Han intentado sacar agua de las rocas, pero la poca agua que ha salido no es potable», abrió fuego para, a continuación, lanzar la siguiente reflexión en respuesta a la intervención, la víspera, de uno de los letrados: «Todos los españoles hemos pagado el rescate de Bankia. No sé si tenemos vela en este entierro, pero sí ha sido un funeral para todos los españoles». El destino de la bala era evidente. El rescate de la entidad crediticia ha costado a los contribuyentes de este país 22.424 millones de euros de los fondos públicos. Como para no pedir explicaciones por usar tarjetas opacas.

Que Luzón se enzarce con la parte contraria no es novedad. También le ha tocado recibir. Luis Pineda, el presidente de Ausbanc ahora en prisión, le retó públicamente en 2007 a un duelo «con pistola o espada» al atardecer, en la puerta de un cementerio para ‘ajustar’ cuentas por su papel en el caso Afinsa.

Y hace ya tres lustros, en 2001, Luzón acusó a José Luis Corcuera y a José Barrionuevo de haber entregado talones de fondos reservados por valor de 70 millones de pesetas (el equivalente a unos 420.000 euros). Los exministros de Interior mordieron el dedo acusador. «Es un lince muy torpe. En cuanto le das un arañazo, dice: ‘Pupa, papá’. Los Luzón, padre e hijo, nos quieren tener en la sala de rodillas y con los brazos en cruz», se cachondearon.

«Papá» es el conservador José María Luzón, en su día, ‘número dos’ y mano derecha del fiscal general del Estado con Aznar, Jesús Cardenal. El progenitor también encarnó la acusación en juicios mediáticos, como el ‘caso Segundo Marey’ o en el proceso a la Mesa Nacional de Herri Batasuna. Su hijo heredó el oficio y también su indisimulada pasión por desenmascarar a los corruptos. A sus 52 años es ya, desde 2015, teniente fiscal de la Secretaría Técnica de la Fiscalía General del Estado, una posición con más carga política que práctica, aunque aún tiene que zafarse para resolver varios flecos que siguen colgados de su cartera.

Cinéfilo y motero

Ha demostrado con creces que puede resultar efervescente en la sala, pero cuando se quita la toga y abandona los juzgados se esfuerza en ser extremadamente discreto y en mantenerse lejos, muy lejos, de los focos. Su cara no es muy conocida y puede pasear tranquilamente por Madrid sin que nadie le reconozca. Por eso nunca pisa las televisiones y rara vez concede una entrevista personal. A lo sumo, acepta acudir a una sesuda jornada de debate jurídico. Y si puede lo hace en moto. En una de ellas dejó su impronta. «Querer acabar con la corrupción no es un objetivo realista», sentenció. «Ha existido y va a existir siempre. Por eso, a lo más a lo que podemos aspirar es a proteger a la sociedad frente a los casos más graves», redondeó.

Si bien es cierto que Corcuera y Barrionuevo acabaron siendo absueltos y que Pineda se quedó con las ganas de su duelo al sol, no se recuerdan muchas más ‘presas’ que escaparan de sus puñetas. El Supremo archivó el ‘caso Tabacalera’, pero en ningún caso su decisión obedeció a una falta de delito sino a que el mismo había prescrito. Por cierto, que el Tribunal que resolvió los recursos lo presidía, curiosamente, Manuela Carmena.Además de a combatir a lo malos, Luzón también ha tenido tiempo de escribir un libro: ‘Delincuencia económica y cooperación institucional’ (Civitas), una obra dirigida a jueces, fiscales y abogados en el que concentraba quince años de trabajo y que publicó en 2010. Ahora cumple un cuarto de siglo en el tajo tras arrancar en la Fiscalía de Madrid a principios de los 90.

En su pequeño y céntrico despacho en la capital –desde el que se atrevió con los amaños en el fútbol–, continúan colgados los carteles de películas y retratos de grandes actores de Hollywood que revelan su condición de cinéfilo.