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Una escalera manchada por la Historia

Una escalera manchada por la Historia
  • Concluye la restauración de los 135 escalones de la Piazza di Spagna mientras los romanos piden más controles para evitar que este monumento «precioso y frágil» vuelva a ser «una cloaca»

La Piazza di Spagna sufre una suerte de esquizofrenia. En ella desembocan las calles donde están ubicadas las tiendas más caras de Roma: Gucci, Dior, Prada, Bulgari, Chanel, Fendi... lucen en sus escaparates vestidos y complementos con precios de cuatro cifras. Lo más barato que encontramos es un cinturón a 320 euros, más o menos la mitad del salario mínimo en España. De los establecimientos de estas firmas de lujo entran y salen señoras bien vestidas y turistas con aspecto de no haber volado en su vida en una ‘low cost’. Deambulan por Vía Condotti y pasean luego por la escalinata de Trinità dei Monti en medio de un hábitat en el que no deben de sentirse muy cómodos.

Alrededor de estos visitantes de billetera preñada merodean gitanas de Europa del Este pidiendo limosna con voz lastimera e inmigrantes de Bangladesh que venden botellines de agua, rosas, paraguas o juguetes para niños, según el momento del día y cómo esté el tiempo. Tampoco faltan los jóvenes extranjeros que aprovechan alguno de los 135 escalones de este emblemático monumento para sentarse y comer un trozo de pizza o un bocadillo acompañado de un refresco o una cerveza, cuyas botellas vacías en muchas ocasiones abandonan por el suelo.

‘Vacaciones en Roma’

Cuando cae la noche y las tiendas echan el cierre la situación se degrada aún más, pues no faltan quienes utilizan la escalinata como bar a cielo abierto. Incluso a veces es posible encontrar a estudiantes españoles a quienes salir de nuestro país no ha conseguido quitarles la costumbre de hacer botellón, sin importarles dónde se encuentren. La suciedad, el abandono y lo chabacano, en definitiva, conviven con el lujo y el glamur en este entorno monumental que William Wyler inmortalizó en su película ‘Vacaciones en Roma’ (1953), con inolvidables interpretaciones de Audrey Hepburn y Gregory Peck.

Desde hoy mismo la escalinata de Piazza di Spagna vuelve a lucir en todo su esplendor tras concluir la restauración y limpieza a que ha sido sometida en los últimos meses. El proyecto ha sido costeado con 1,5 millones de euros por Bulgari, que cuenta precisamente con un punto de venta al inicio de Vía Condotti, a pocos metros de la Fontana della Barcaccia situada en el centro de la plaza. Con esta iniciativa, la firma de lujo no solo ha conseguido una sustanciosa desgravación fiscal. También ha logrado ocupar unos cuantos titulares debido a la ocurrencia del presidente de la empresa, Paolo Bulgari, quien ha pedido a las autoridades que coloquen una barrera que impida el paso a la escalinata. «Es un monumento precioso y frágil. No puede consentirse que una vez restaurada vuelva a convertirse en una cloaca a cielo abierto. No puede dejarse en manos de los bárbaros que allí comen, beben y ensucian», advirtió en las páginas de ‘La Repubblica’. «Está bien pasear por la escalinata, pero no utilizarla como una grada de estadio donde la gente está sentada durante horas, emborrachándose y tirando las colillas. Si no se toman medidas adecuadas, en unos meses volverá la destrucción».

La propuesta del patrón de Bulgari ha sido rechazada tanto por los responsables del cuidado del patrimonio cultural de Roma como por los propios vecinos y comerciantes de la zona. «Impedir el paso no es la solución. Una alternativa puede ser contratar a guardias de seguridad, ya que la Policía ha demostrado que no tiene medios suficientes para mantener el decoro y la seguridad en Piazza di Spagna», explica a este periódico David Sermoneta, presidente de la asociación empresarial Confcommercio en el centro histórico de Roma y dueño de Alexander, una tienda de moda de lujo situada en la plaza. «El problema no es la barrera para impedir el tránsito, sino la situación indecente e indecorosa en que ha caído la ciudad. Los comerciantes estamos dispuestos a pagar de nuestro bolsillo a vigilantes privados para que mantengan un cierto orden en la zona, pero el Ayuntamiento no nos lo permite», se queja Sermoneta. La propia Policía reconoce que tiene las manos atadas. Un portavoz cuenta que son continuos los arrestos de inmigrantes que venden sin permiso todo tipo de artículos a turistas. «Se les multa, pero al poco tiempo los volvemos a encontrar vendiendo por las calles», confiesa el policía.